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Cristo, aún perseguido, obra con paso firme. Y aunque le abandonen los amigos en esta tierra y le persigan sus enemigos de esta tierra, su Corazón permanece fuerte, su Palabra permanece clara.
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Es algo semejante a lo que nos ha descrito el Apóstol San Pablo en aquel pasaje de la Carta a los Romanos que hemos escuchado: "El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por nosotros, ¿cómo no nos dará todo con Él?" (''véase'' Carta a los Romanos 8,32).
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Pablo se siente seguro de Cristo y no teme que lleguen la aflicción, la angustia, el hambre, la desnudez, la espada, la muerte misma. A nada teme, porque está unido a Jesucristo. No teme a los enemigos y no pone toda su confianza en los amigos de esta tierra que tantas veces fallan; se siente seguro de Jesús.
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Jesús, por su parte, no teme a Herodes, que era como el mandamás de aquella época. No teme a Herodes, no teme la persecución, ni la aflicción, ni la angustia, ni la desnudez, porque Él se siente seguro en los brazos, en el Corazón, en el amor de su Padre Celestial.
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Pablo se siente seguro de Cristo, y Cristo se siente seguro del Padre. Porque Cristo se siente seguro del Padre, no teme a las persecuciones de esta tierra. Y porque Pablo se siente seguro de Cristo, no teme a los enemigos de esta tierra.
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''Temor, siente el que no sabe de quién se ha fiado. Temor, siente el que no sabe dónde está parado. Pero, el que sabe y conoce la roca en la que están asentados sus pies, el que sabe cuál es la firmeza de esa roca y esa roca es Cristo, entonces ya no tiene miedo; se le acaba el miedo.''
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Porque, el miedo es el principio de la ruina en la vida espiritual. El miedo ocasiona la gran tragedia que es separarnos de la fuente, separarnos de Aquel que nos ama. Destruido el miedo, nosotros somos indestructibles, nosotros somos invencibles.
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Pensemos en este Pablo: no tiene dinero, no tiene familia. Podríamos decir, que no tiene patria, porque los de su patria le odian y los paganos se le burlan. Como cualquier mortal, pierde la salud y se enferma.
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Puede ser llevado al destierro, castigado como un reo, encarcelado como un criminal, y sin embargo, con todas esas fragilidades que no eran posibles sino que ya las había visto y vivido en toda la realidad y crudeza de su propia carne, con todas esas fragilidades encima, este hombre tiene un cántico de victoria al amor de Jesucristo. Y en él, se siente seguro, porque sabe que el que está unido a Cristo, es indestructible.
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¿Qué se le podía hacer a este Pablo que no se le hubiera hecho? Muchas cosas. Pero, esas cosas, esas torturas, persecuciones, éso que se le hace a Pablo como se le hizo hasta el martirio, éso sólo proclama más y más la gloria de la Cruz de Cristo.

Revisión del 05:42 24 oct 2009

Fecha: 19971030

Título: Refugiados bajo las alas de Dios, somos indestructibles

Original en audio: 11 min. 42 seg.


Cristo, aún perseguido, obra con paso firme. Y aunque le abandonen los amigos en esta tierra y le persigan sus enemigos de esta tierra, su Corazón permanece fuerte, su Palabra permanece clara.

Es algo semejante a lo que nos ha descrito el Apóstol San Pablo en aquel pasaje de la Carta a los Romanos que hemos escuchado: "El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por nosotros, ¿cómo no nos dará todo con Él?" (véase Carta a los Romanos 8,32).

Pablo se siente seguro de Cristo y no teme que lleguen la aflicción, la angustia, el hambre, la desnudez, la espada, la muerte misma. A nada teme, porque está unido a Jesucristo. No teme a los enemigos y no pone toda su confianza en los amigos de esta tierra que tantas veces fallan; se siente seguro de Jesús.

Jesús, por su parte, no teme a Herodes, que era como el mandamás de aquella época. No teme a Herodes, no teme la persecución, ni la aflicción, ni la angustia, ni la desnudez, porque Él se siente seguro en los brazos, en el Corazón, en el amor de su Padre Celestial.

Pablo se siente seguro de Cristo, y Cristo se siente seguro del Padre. Porque Cristo se siente seguro del Padre, no teme a las persecuciones de esta tierra. Y porque Pablo se siente seguro de Cristo, no teme a los enemigos de esta tierra.

Temor, siente el que no sabe de quién se ha fiado. Temor, siente el que no sabe dónde está parado. Pero, el que sabe y conoce la roca en la que están asentados sus pies, el que sabe cuál es la firmeza de esa roca y esa roca es Cristo, entonces ya no tiene miedo; se le acaba el miedo.

Porque, el miedo es el principio de la ruina en la vida espiritual. El miedo ocasiona la gran tragedia que es separarnos de la fuente, separarnos de Aquel que nos ama. Destruido el miedo, nosotros somos indestructibles, nosotros somos invencibles.

Pensemos en este Pablo: no tiene dinero, no tiene familia. Podríamos decir, que no tiene patria, porque los de su patria le odian y los paganos se le burlan. Como cualquier mortal, pierde la salud y se enferma.

Puede ser llevado al destierro, castigado como un reo, encarcelado como un criminal, y sin embargo, con todas esas fragilidades que no eran posibles sino que ya las había visto y vivido en toda la realidad y crudeza de su propia carne, con todas esas fragilidades encima, este hombre tiene un cántico de victoria al amor de Jesucristo. Y en él, se siente seguro, porque sabe que el que está unido a Cristo, es indestructible.

¿Qué se le podía hacer a este Pablo que no se le hubiera hecho? Muchas cosas. Pero, esas cosas, esas torturas, persecuciones, éso que se le hace a Pablo como se le hizo hasta el martirio, éso sólo proclama más y más la gloria de la Cruz de Cristo.