Diferencia entre revisiones de «Bo28004a»
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| − | Las lecturas de hoy nos invitan, o nos obligan casi, a hacer una elección, a decidir si nosotros vamos a ser dueños de las cosas o si las cosas van a ser dueñas de nosotros. | + | ''Las lecturas de hoy nos invitan, o nos obligan casi, a hacer una elección, a decidir si nosotros vamos a ser dueños de las cosas o si las cosas van a ser dueñas de nosotros.'' |
Es interesante ese hecho, esa historia que se cuenta en el evangelio de hoy. Era un hombre que tenía muchos bienes, pero podríamos decir mejor, eran unos bienes que tenían a un hombre, porque este hombre no podía disponer de sus cosas, las cosas disponían de él. | Es interesante ese hecho, esa historia que se cuenta en el evangelio de hoy. Era un hombre que tenía muchos bienes, pero podríamos decir mejor, eran unos bienes que tenían a un hombre, porque este hombre no podía disponer de sus cosas, las cosas disponían de él. | ||
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''Jesús nos invita hoy a la generosidad. Porque sucede algo maravilloso con la generosidad, y es que produce una multiplicación. El que aprende a dar sin esperanza de retorno, misteriosamente resulta siempre en la abundancia, nada le falta. Eso es lo que aparece al final del texto de hoy.'' | ''Jesús nos invita hoy a la generosidad. Porque sucede algo maravilloso con la generosidad, y es que produce una multiplicación. El que aprende a dar sin esperanza de retorno, misteriosamente resulta siempre en la abundancia, nada le falta. Eso es lo que aparece al final del texto de hoy.'' | ||
| − | Pedro le dice, siempre temeroso un poco de esos negocios que proponía Jesús, Pedro le dice: | + | Pedro le dice, siempre temeroso un poco de esos negocios que proponía Jesús, Pedro le dice: “Y Bueno, y nosotros que estamos aquí apostando a lo que usted propone, ¿qué va a pasar con nosotros?” Y Jesús le dice: “No te va a faltar nada, hay una nueva abundancia que te espera". |
Así que las dos enseñanzas que tomamos de este domingo son esas: la invitación a dar, buscar quien que es pobre, que siempre hay alguien pobre. Hay pobres de paz, hay pobres de dinero, hay pobres de alimento, hay pobres de consejo, hay pobres de alfabetización, hay pobres de muchas maneras. | Así que las dos enseñanzas que tomamos de este domingo son esas: la invitación a dar, buscar quien que es pobre, que siempre hay alguien pobre. Hay pobres de paz, hay pobres de dinero, hay pobres de alimento, hay pobres de consejo, hay pobres de alfabetización, hay pobres de muchas maneras. | ||
Revisión del 16:36 10 oct 2009
Fecha: 20061015
Título: No ser esclavos de las cosas. Dar con generosidad, es decir, sin esperar recompensa
Original en audio: 7 min. 22 seg.
Hermanos Queridos:
Las lecturas de hoy nos invitan, o nos obligan casi, a hacer una elección, a decidir si nosotros vamos a ser dueños de las cosas o si las cosas van a ser dueñas de nosotros.
Es interesante ese hecho, esa historia que se cuenta en el evangelio de hoy. Era un hombre que tenía muchos bienes, pero podríamos decir mejor, eran unos bienes que tenían a un hombre, porque este hombre no podía disponer de sus cosas, las cosas disponían de él.
Él quería lo más perfecto, lo más santo, lo mejor. Si por él hubiera sido, se hubiera ido con Jesús, pero su amo no lo dejó, y su amo era el dinero, su amo eran las cosas que se habían apoderado de él.
Y el problema es que uno no se da cuenta en qué momento le ponen esa cadena. Si llega alguien y nos muestra una cadena de hierro y trata de enlazarnos, nos opondremos con todas nuestras fuerzas, por supuesto.
Pero esta cadena, la cadena de las cosas, va llegando a nosotros con mucha suavidad, nos va esclavizando con mucha sutileza, y hay un momento en el que uno se considera una persona libre, pero en realidad está encadenada.
Jesús vienen a invitarnos a que nos hagamos esa pregunta: si tenemos a las cosas o las cosas nos tienen a nosotros. ¿Y cómo se responde esa pregunta? Esa pregunta se responde cuando uno tiene la generosidad suficiente para dar. Cuando se hace el intento de dar, ahí descubre uno qué tan amarrado está a las cosas.
Un ejemplo típico es el del perrito que está amarrado con su cadena, una cadena larga como se usa en algunas casas, una cadena que puede tener veinte metros o quince metros. Mientras él está en el círculo que marca esa cadena, el perro hasta se le olvida que tiene cadena; pero intente correr, intente ir más allá, y pronto siente que algo le sujeta el cuello.
Así que la manera de saber si nosotros tenemos a las cosas o las cosas nos tienen, es el ejercicio de dar. Jesús dice: “Ve, de lo que tienes, dalo a los pobres. Los pobres son los que no pueden devolver.
Jesús en otra parte critica a la gente que sólo presta cuando tiene certeza de recuperar. Eso no es dar, eso es invertir, que es una cosa muy distinta. El banco no me da dinero, el banco invierte, el banco presta dinero, y toma todas las garantías del mundo para asegurarse que no va a perder ese dinero.
Jesús no nos invita a invertir o a prestar, nos invita a hacer el ejercicio de dar para saber si nosotros tenemos las cosas o si las cosas nos tienen. Y dar es ponerse en aquella situación en la que no hay esperanza de regreso, en la que no hay esperanza de que vuelva el bien que estoy entregando.
Realmente es un ejercicio fuerte, pero es la manera de saber si la cadena está o no está. Ahora, esto no se refiere solamente a los bienes materiales. Es muy fácil que uno se vuelva también un negociante de otras cosas, no sólo de bienes.
Uno se puede volver un negociante, por ejemplo, de sonrisas: sólo le sonrío al que me sonríe, sólo saludo al que me saluda, sólo soy amable con el que es amable. Pero hacer la prueba de saludar a una persona que tal vez no me saluda mucho, y que quede en suspenso mi “buenos días…”, ese es un ejercicio interesante.
El que no me puede devolver el saludo, el que no me puede devolver la sonrisa es pobre de sonrisas, es un mendigo de cariño y de saludo; y el ejercicio es darle eso a esa persona. Si yo puedo dar eso, entonces yo soy dueño de esa alegría, de esa sonrisa, de ese cariño.
Si yo no puedo dar eso, si yo únicamente doy cuando tengo completa certeza de recibir, como el banco, entonces yo soy un negociante de sonrisas, no soy una persona alegre, no soy una persona que tiene alegría verdaderamente.
Y lo mismo podemos decir de nuestro conocimiento y de los demás dones o talentos que el Señor nos ha dado.
Jesús nos invita hoy a la generosidad. Porque sucede algo maravilloso con la generosidad, y es que produce una multiplicación. El que aprende a dar sin esperanza de retorno, misteriosamente resulta siempre en la abundancia, nada le falta. Eso es lo que aparece al final del texto de hoy.
Pedro le dice, siempre temeroso un poco de esos negocios que proponía Jesús, Pedro le dice: “Y Bueno, y nosotros que estamos aquí apostando a lo que usted propone, ¿qué va a pasar con nosotros?” Y Jesús le dice: “No te va a faltar nada, hay una nueva abundancia que te espera".
Así que las dos enseñanzas que tomamos de este domingo son esas: la invitación a dar, buscar quien que es pobre, que siempre hay alguien pobre. Hay pobres de paz, hay pobres de dinero, hay pobres de alimento, hay pobres de consejo, hay pobres de alfabetización, hay pobres de muchas maneras.
La invitación a no ser esclavos de las cosas y la invitación a dar sin esperanza de retorno. Y la certeza de que en ese camino se encuentra la verdadera alegría.
Que Dios Nuestro Señor nos conceda experimentar ese gozo; ese es el gozo del Evangelio, esa es la experiencia de la gracia. La palabra gracia significa regalo, y yo experimento la gracia de Dios cuando recibo el regalo de su amor y de su perdón, o cuando yo también regalo a otros. Que Dios nos permita abundar en esa experiencia de alegría de gracia, de Evangelio.