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| + | Esta Palabra que se predica, que es nuestra esperanza y que es nuestro alimento, nos llama, nos congrega. Y cuando oímos la Palabra de Dios, ya estamos comulgando, estamos alimentándonos de Dios. | ||
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| + | Por eso, la Celebración Eucarística tiene dos partes. En la primera, se alimenta nuestro entendimiento; es como la comunión de nuestra inteligencia. Y en la segunda, se alimenta nuestro cuerpo, se alimenta nuestro amor y todo nuestro ser, con el sacramento de Cristo en su Cuerpo y en su Sangre. | ||
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| + | En la primera parte se nos cuenta quién es Jesús, y en la segunda parte, este Jesús se ofrece a nosotros. Si se quedara sólo la primera parte sin la segunda, nuestro amor permanecería como en suspenso. Porque, todos los bienes que se nos prometen y que se nos ofrecen, se mantendrían como un poquito a la espera. | ||
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| + | Si se diera sólo la segunda parte sin la primera; es decir, si se repartiera únicamente la Eucaristía pero sin la Palabra de Dios, podríamos caer en el peligro de despreciar a Éste que recibimos. | ||
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| + | ''Por tanto, en la Eucaristía, que es una obra del Espíritu Santo, memorial de Jesucristo en la Iglesia para siempre, hay esas dos partes, para que la proclamación de la Palabra nos ayude a conocer quién es Dios, y luego, la recepción de este Dios en la humildad de las especies de Pan y Vino, nos alimente y pueda ser de verdadero y completo provecho para nosotros.'' | ||
Revisión del 03:00 13 oct 2009
Fecha: 19970927
Título: Como una muralla de fuego que nos protege del pecado
Original en audio: 8 min. 18 seg.
Nosotros nos llamamos y somos Iglesia, porque en nosotros se ha cumplido lo que dice el Salmo: "El Señor nos guardará como pastor a su rebaño" (véase Jeremías 31,10).
La palabra "iglesia" viene de una palabra griega, "ecclesia", que significa "los convocados, la convocación, la gente llamada". Nosotros nos reunimos, porque hay una palabra, porque hay una voz que nos reúne, y esta voz, esta palabra, es la Palabra de Dios.
Esta Palabra que se predica, que es nuestra esperanza y que es nuestro alimento, nos llama, nos congrega. Y cuando oímos la Palabra de Dios, ya estamos comulgando, estamos alimentándonos de Dios.
Por eso, la Celebración Eucarística tiene dos partes. En la primera, se alimenta nuestro entendimiento; es como la comunión de nuestra inteligencia. Y en la segunda, se alimenta nuestro cuerpo, se alimenta nuestro amor y todo nuestro ser, con el sacramento de Cristo en su Cuerpo y en su Sangre.
En la primera parte se nos cuenta quién es Jesús, y en la segunda parte, este Jesús se ofrece a nosotros. Si se quedara sólo la primera parte sin la segunda, nuestro amor permanecería como en suspenso. Porque, todos los bienes que se nos prometen y que se nos ofrecen, se mantendrían como un poquito a la espera.
Si se diera sólo la segunda parte sin la primera; es decir, si se repartiera únicamente la Eucaristía pero sin la Palabra de Dios, podríamos caer en el peligro de despreciar a Éste que recibimos.
Por tanto, en la Eucaristía, que es una obra del Espíritu Santo, memorial de Jesucristo en la Iglesia para siempre, hay esas dos partes, para que la proclamación de la Palabra nos ayude a conocer quién es Dios, y luego, la recepción de este Dios en la humildad de las especies de Pan y Vino, nos alimente y pueda ser de verdadero y completo provecho para nosotros.