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Por eso, la obra de la Redención es una obra como más grande, en la medida en que es más ardua. Es una obra preciosa, es una obra difícil; y cuanto más difícil, pues más valiosa. Y es difícil, porque, precisamente, depende de la voluntad humana.
 
Por eso, la obra de la Redención es una obra como más grande, en la medida en que es más ardua. Es una obra preciosa, es una obra difícil; y cuanto más difícil, pues más valiosa. Y es difícil, porque, precisamente, depende de la voluntad humana.
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Uno sólo puede ser generoso con lo que uno tiene. Por ejemplo, uno no puede vender la casa del vecino. Uno no puede hacer obras de misericordia con lo que no es de uno.
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''Pues bien, lo que es de uno, lo que realmente es de uno, se llama la voluntad. Y por eso, la raíz y fuente de toda generosidad, es también la raíz y fuente de toda obediencia. En su tratado sobre la obediencia, Catalina de Siena muestra la grandeza de este acto, por el que nosotros le entregamos a Dios lo único que Él, propiamente, no tiene con el mismo título con el que tiene todas las cosas.''
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''Hay algo que Dios, de algún modo, no tiene, porque escogió no tenerlo, porque escogió que lo tuviéramos nosotros y no Él, y ese algo es nuestra voluntad. O sea, que hay un aspecto, un único aspecto, en el que nosotros podemos ser real y esencialmente generosos, y es en la acogida de su Voluntad, y es en la donación de nuestra propia voluntad.''
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Armados con ese pensamiento, sigamos buscando, qué significa eso de la voluntad. Porque la voluntad no es solamente las decisiones. Con la palabra voluntad, si nosotros miramos en Santo Tomás, nos referimos a todo lo que supone el afecto y el movimiento de la persona. Nosotros nos ponemos en movimiento por afectos.
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Esto también lo dice Catalina de Siena con su imagen de que el afecto es como los pies: Así como el cuerpo va donde lo llevan los pies, así también la vida va a donde la llevan los afectos. Los afectos son los pies del alma, y vamos a donde nos llevan los afectos.

Revisión del 05:02 18 jun 2007

Fecha: 19990616

Título: Ser generosos con Dios es donar nuestra propia voluntad

Original en audio: 9 min. 56 seg.


Nos invita el Espíritu Santo a través de la palabra de San Pablo, a ser generosos: "Se puede sembrar con tacañería, pero, entonces, la cosecha será escasa. Se puede sembrar con generosidad, y la cosecha será abundante" ( véase 2 Corintios 9 , 6 ).

Esto de la generosidad en el servicio a Dios, no es algo tan obvio, no es algo tan elemental. ¿Qué le puede dar uno a Dios, sabiendo que Dios todo lo tiene, que Dios de todo dispone?

Dios tiene muchos caminos, y sobre todo, ¿cómo ser generosos, cuando sentimos que la vanguardia en la evangelización la pueden tener, quizá, otras personas, otros movimientos? O tal vez, sin irnos a ese plano eclesial, ¿cómo ser generosos, cuando parece que nuestros esfuerzos están desactualizados, o la salud no nos da más, o la edad, o la inteligencia alcanzaron su límite? ¿Cómo ser generosos, cuando, precisamente, parece que nuestro aporte no va a contar?

¿En qué consiste eso de ser generosos? Esa es la pregunta que intentamos meditar brevemente en esta reflexión. Viene en nuestra ayuda Santo Tomás de Aquino, indicándonos que Dios todo lo tiene; eso es cierto. Pero hay algo que Dios, de alguna manera, no tiene, y es nuestra voluntad.

Santo Tomás, cuando compara las obras de la Creación con las obras de la Redención, dice que la obra de la Redención es incomparablemente mayor que la obra de la Creación, y da varias razones.

Una: En la obra de la Redención, Dios se da a sí mismo; en la Creación no. La Creación es una obra, en que Dios obra, y permanece esa obra de Dios, pero Dios no se otorga, no se comunica, Dios no se participa. En cambio, en la Redención hay una participación de la naturaleza divina. Esa es una razón, por la que es superior la Redención.

Hay otra razón: El caos o la nada no puede oponerse a la palabra poderosa de Dios. El Génesis nos dice en un capítulo, de una manera poética que todos conocemos, el origen del Universo: "Dijo Dios, y existió" ( véase Génesis 1 , 1-31 ). La materia no tiene resistencia a Dios.

La primera página de la Biblia nos muestra la Creación, y todas las otras páginas nos cuentan la Redención. ¿Por qué es tan largo el relato de la Redención? Porque la Redención sí depende de la voluntad humana.

Si Dios dice: "Sed perfectos" ( véase San Mateo 5 , 48 ), a veces se le hace caso, a veces no se le hace caso; "sed santos" ( véase 1 San Pedro 1 , 16 ; Levítico 19 , 2 ; 20 , 7 ), a veces se le hace caso, a veces no se le hace caso.

Por eso, la obra de la Redención es una obra como más grande, en la medida en que es más ardua. Es una obra preciosa, es una obra difícil; y cuanto más difícil, pues más valiosa. Y es difícil, porque, precisamente, depende de la voluntad humana.

Uno sólo puede ser generoso con lo que uno tiene. Por ejemplo, uno no puede vender la casa del vecino. Uno no puede hacer obras de misericordia con lo que no es de uno.

Pues bien, lo que es de uno, lo que realmente es de uno, se llama la voluntad. Y por eso, la raíz y fuente de toda generosidad, es también la raíz y fuente de toda obediencia. En su tratado sobre la obediencia, Catalina de Siena muestra la grandeza de este acto, por el que nosotros le entregamos a Dios lo único que Él, propiamente, no tiene con el mismo título con el que tiene todas las cosas.

Hay algo que Dios, de algún modo, no tiene, porque escogió no tenerlo, porque escogió que lo tuviéramos nosotros y no Él, y ese algo es nuestra voluntad. O sea, que hay un aspecto, un único aspecto, en el que nosotros podemos ser real y esencialmente generosos, y es en la acogida de su Voluntad, y es en la donación de nuestra propia voluntad.

Armados con ese pensamiento, sigamos buscando, qué significa eso de la voluntad. Porque la voluntad no es solamente las decisiones. Con la palabra voluntad, si nosotros miramos en Santo Tomás, nos referimos a todo lo que supone el afecto y el movimiento de la persona. Nosotros nos ponemos en movimiento por afectos.

Esto también lo dice Catalina de Siena con su imagen de que el afecto es como los pies: Así como el cuerpo va donde lo llevan los pies, así también la vida va a donde la llevan los afectos. Los afectos son los pies del alma, y vamos a donde nos llevan los afectos.