Diferencia entre revisiones de «Pablo 20 siglos después - 14»

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La solución, por consiguiente, es distribuir más equitativamente ese poder eclesiástico, de manera que el laico alcance su mayoría de edad, sea miembro de pleno derecho dentro de la Iglesia, asuma por cosiguiente sus reponsabilidades.
 
La solución, por consiguiente, es distribuir más equitativamente ese poder eclesiástico, de manera que el laico alcance su mayoría de edad, sea miembro de pleno derecho dentro de la Iglesia, asuma por cosiguiente sus reponsabilidades.
  
Algunos van tan lejos como para decir que, en cietas circunstancias, que no son tan excepcionales como se piensa
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Algunos van tan lejos como para decir que, en ciertas circunstancias, que no son tan excepcionales si se piensa en la geografía, en ciertas circunstancias, pues, debería simplemente autorizarse que los laicos presidieran la Eucaristía.
  
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Y el argumento es más o menos este: es absurdo que en lugares donde no hay sacerdote se impida que un laico presida la Eucaristía. ¿Por qué privar de la celebración central y
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fuente de nuestra fe a esa pobre gente, sólo porque falta un cura? Es decir, se plantea la solución de escasez de sacerdotes, con laicos.
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Por supuesto, el problema es distinto en su presentación en los distintos lugares. Hay lugares donde la proporción entre clero y laicos no hace este tema tan agudo. Entiendo yo que, por ejemplo, aquí en Taywán, la proporción entre presbíteros o sacerdotes, y laicos, pues no es angustiosa; pero en algunos lugares, sobre todo, simpre se menciona a África, y también en regiones de Suramérica, hay muchísimos laicos, hay pocos sacerdotes, y a esto se añade que la disciplina actual en Occidente pide que el sacerdote sea célibe.
  
  

Revisión del 01:18 29 jul 2009

Fecha:20090209

Título:

Original en audio: 55 min. 30 seg.


Tenemos varias tareas que completar en estos minutos de nuestra última predicación. Tenemos que terminar la serie de los doce errores que aquí se señalan, que pueden servir de marco de referencia o comienzo de una conversación sobre el tema; y luego tenemos una conclusión, una conclusión sobre esa tarea de la predicación que hemos heredado de nuestro Padre Santo Domingo, pero, junto con él y a través de él, la hemos heredado de San Pablo y de Jesús mismo.

Entonces estamos en el error número diez, que es un tema bastante discutido en algunos centros académicos. La impresión que yo tengo es que es una solución de escritorio que se da muchas veces en facultades de Teología, pues yo de esto oigo allá en Irlanda.

El esquema que se plantea es este: la distribución del poder en la Iglesia está concentrada en el clero, está concentrada en el sacerdote, y esto ha llegado a convertirse en un obstáculo para el avance del Evangelio.

La solución, por consiguiente, es distribuir más equitativamente ese poder eclesiástico, de manera que el laico alcance su mayoría de edad, sea miembro de pleno derecho dentro de la Iglesia, asuma por cosiguiente sus reponsabilidades.

Algunos van tan lejos como para decir que, en ciertas circunstancias, que no son tan excepcionales si se piensa en la geografía, en ciertas circunstancias, pues, debería simplemente autorizarse que los laicos presidieran la Eucaristía.

Y el argumento es más o menos este: es absurdo que en lugares donde no hay sacerdote se impida que un laico presida la Eucaristía. ¿Por qué privar de la celebración central y fuente de nuestra fe a esa pobre gente, sólo porque falta un cura? Es decir, se plantea la solución de escasez de sacerdotes, con laicos.

Por supuesto, el problema es distinto en su presentación en los distintos lugares. Hay lugares donde la proporción entre clero y laicos no hace este tema tan agudo. Entiendo yo que, por ejemplo, aquí en Taywán, la proporción entre presbíteros o sacerdotes, y laicos, pues no es angustiosa; pero en algunos lugares, sobre todo, simpre se menciona a África, y también en regiones de Suramérica, hay muchísimos laicos, hay pocos sacerdotes, y a esto se añade que la disciplina actual en Occidente pide que el sacerdote sea célibe.