Diferencia entre revisiones de «I113001a»
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Pues ahí está la invitación de Pablo: "¿No será que estamos sembrando tacañamente, y por consiguiente, cosechando también tacañamente?" ( ''véase'' 2 Corintios 9 , 6 ). | Pues ahí está la invitación de Pablo: "¿No será que estamos sembrando tacañamente, y por consiguiente, cosechando también tacañamente?" ( ''véase'' 2 Corintios 9 , 6 ). | ||
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| + | Una tercera veta: El tiempo que está reservado específicamente para Él, el tiempo, llámalo de oración, por ejemplo. ¿Quiénes de nosotros podríamos decir: "¡Yo soy generoso en el tiempo que le doy a Dios para la oración!"? | ||
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| + | Yo pienso que la mayoría de nosotros tendríamos que confesar, si somos sinceros, que hemos sido, por lo menos buena parte de nuestra vida, mezquinos con el tiempo de Dios. | ||
| + | Como personas y como comunidades, el tiempo de Dios es recortadito, y si algo se tiene que perder, se pierde el tiempo de Dios. | ||
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| + | Cuenta un chiste que ya conté en otra ocasión, que la mamá le dio al niño, que iba para la Misa, dos monedas de quinientos, (el chiste hay que estarlo reeditando, a medida que se devalúa la moneda), le dio dos moneditas de quinientos pesos, y le dijo: "Bueno, la una la echas en la limosna, y la otra para que, después de la Misa, te compres un heladito". El niño se fue contento para la Eucaristía; iba jugando con una de las moneditas, y de pronto, en uno de esos tiros a lo alto, cayó la moneda, no la alcanzó, rodó, y se fue por una alcantarilla. Y dice el niño: "¡Ah, se perdieron los quinientos de Nuestro Señor!". | ||
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| + | "Si se va a perder algo, que sea lo de Dios, porque el tiempo de mi trabajo, no lo puedo perder: ¡Yo no voy a quedar mal con este trabajo que tengo que entregar! ¡No voy a quedar mal con esto que se espera de mí! En cambio a Dios, pues sí le puedo quedar mal, porque, al fin y al cabo, Dios no alega, Dios entiende, Dios comprende." | ||
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| + | Entonces, fíjate, ¡cómo somos mezquinos! Si un esposo intenta tratar a su esposa con esas limitaciones de tiempo, ( dicen las señoras cuando van a comprar tela, le dicen al dependiente: "¡Pero no se corte la uña!", porque está midiendo el metro, y dice la señora: "¡Pero no se corte la uña!", sí, "¡no sea mezquino!"), si un esposo tratara a la esposa con la mezquindad con la que nosotros tratamos a Dios en esos tiempos que son, llamémoslo así, como especialmente para Él, pues pronto se acabaría esa relación de esposos, o de novios, o de lo que sea. | ||
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| + | Esto es prueba de que nosotros, usualmente, no somos generosos en la oración, y usualmente, tampoco, lo somos en otras prácticas de vida espiritual, en otros ejercicios espirituales, como decir la lectura. ¿Quién de nosotros es generoso en la lectura que enriquezca el corazón? A lo sumo somos generosos en lo que tiene que ver con nuestro trabajo; es decir, con lo que nosotros vamos a hacer. | ||
Revisión del 04:27 11 jun 2007
Fecha: 19970618
Título: ¿Somos generosos con Dios?
Original en audio: 11 min. 48 seg.
Con motivo de la colecta que estaba haciendo el Apóstol Pablo entre las Iglesias formadas de la gentilidad, del paganismo y en favor de los cristianos convertidos del judaísmo, Pablo hace una hermosa reflexión sobre la donación que nos hizo Dios en Cristo.
Estaba en la frase que escuchamos el día de ayer: "Ya sabéis lo generoso que fue Nuestro Señor Jesucristo: siendo rico se hizo pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza" ( véase 2 Corintios 8 , 9 ).
Y desde esa generosidad de Dios, nos invita a ser, también, generosos, a dar verdaderamente. Lo interesante de la reflexión de Pablo es que, tratándose de un verbo que tiene que ver con la donación, con el dar, con el regalo, lo describe en términos de negocio, casi como invitando a las personas, invitando a estos fieles a que pongan a prueba a Dios.
"El que siembra tacañamente, cosechará tacañamente. El que siembra generosamente, cosecha generosamente" ( véase 2 Corintios 9 , 6 ). La invitación profunda del Apóstol es a que imitemos la generosidad de Cristo, que lo perdió todo y que lo dio todo.
Pero la manera de conducirnos a esa generosidad es, como experimentando, poco a poco, pedagógicamente; que cuanto más da uno al Señor, cuanto más da uno en el Nombre del Señor, pues también, más recibe.
"Cada uno dé como haya decidido su conciencia: no a disgusto ni por compromiso" ( véase 2 Corintios 9 , 7 ) , apela Pablo a la conciencia, como para que uno, lo mismo que nos dice el Evangelio, no esté esperando la recompensa, no esté esperando la paga de las otras personas, sino sólo de Dios.
Este es el momento de preguntarnos: ¿Qué será lo que nosotros no le hemos dado al Señor?¿Qué será lo que nosotros nos hemos reservado? ¿Cuáles son los predios nuestros, en los que todavía no ha entrado Jesucristo? ¿Cuáles serán esos tesoros o talentos, o de pronto, esas heridas o esos problemas?
A veces pienso que cuando una herida tarda tanto tiempo en sanar en el corazón de uno, es porque uno no ha querido entregarla. Decía un predicador: "Déle a Dios, no una fotocopia de su problema, sino el problema". Uno le da fotocopias a Dios, pero se queda con el original.
Uno se reserva el derecho último de resolver sus problemas, de saldar sus cuentas, de, hasta cierto punto, desquitarse con la vida e, incluso, con personas concretas. Esta, por ejemplo, es una veta, en la que, seguramente, encontraremos cosas que no le hemos dado a Dios: problemas, inquietudes, crisis, tentaciones, heridas, que de alguna forma queremos resolver por nosotros mismos.
Hay otra veta de cosas, que tampoco solemos darle a Dios: nuestra manera de descansar, la alegría de nuestro descanso. Hemos notado, y yo pienso que, sobre todo, nosotros religiosos, hemos notado cómo, muchas veces, el tono espiritual de la vida se baja cuando llegan las vacaciones, cuando llegan los paseos, cuando llegan los descansos.
Esta parece ser una prueba de que en nuestro descanso hay algo que no damos a Dios. Como que queremos también descansar un poquito de Él, descansar un poquito de la oración y de las otras cosas, de las obligaciones. Y entonces, como un poquito fatigados del esfuerzo de llevar una vida coherente con nuestra consagración, entonces queremos descansar de Él.
Y a veces en nuestros descansos, entonces entra, sutilmente, la vanidad, el egoísmo, la mundanidad, la sensualidad, o lo que sea, y ahí tenemos cosas, que no le hemos dado a Dios.
Parece que Dios nos estuviera invitando a que, también, ese tiempo, de alguna manera, sea suyo.No estamos diciendo que no haya descanso, sino que ese descanso también suceda en su presencia y ante sus ojos.
Fíjate, cómo hemos encontrado ya dos vetas, en donde suele haber muchas cosas que nosotros no le hemos dado a Dios: Primero, ciertos problemas nuestros, y segundo, nuestros descansos.
Pues ahí está la invitación de Pablo: "¿No será que estamos sembrando tacañamente, y por consiguiente, cosechando también tacañamente?" ( véase 2 Corintios 9 , 6 ).
Una tercera veta: El tiempo que está reservado específicamente para Él, el tiempo, llámalo de oración, por ejemplo. ¿Quiénes de nosotros podríamos decir: "¡Yo soy generoso en el tiempo que le doy a Dios para la oración!"?
Yo pienso que la mayoría de nosotros tendríamos que confesar, si somos sinceros, que hemos sido, por lo menos buena parte de nuestra vida, mezquinos con el tiempo de Dios. Como personas y como comunidades, el tiempo de Dios es recortadito, y si algo se tiene que perder, se pierde el tiempo de Dios.
Cuenta un chiste que ya conté en otra ocasión, que la mamá le dio al niño, que iba para la Misa, dos monedas de quinientos, (el chiste hay que estarlo reeditando, a medida que se devalúa la moneda), le dio dos moneditas de quinientos pesos, y le dijo: "Bueno, la una la echas en la limosna, y la otra para que, después de la Misa, te compres un heladito". El niño se fue contento para la Eucaristía; iba jugando con una de las moneditas, y de pronto, en uno de esos tiros a lo alto, cayó la moneda, no la alcanzó, rodó, y se fue por una alcantarilla. Y dice el niño: "¡Ah, se perdieron los quinientos de Nuestro Señor!".
"Si se va a perder algo, que sea lo de Dios, porque el tiempo de mi trabajo, no lo puedo perder: ¡Yo no voy a quedar mal con este trabajo que tengo que entregar! ¡No voy a quedar mal con esto que se espera de mí! En cambio a Dios, pues sí le puedo quedar mal, porque, al fin y al cabo, Dios no alega, Dios entiende, Dios comprende."
Entonces, fíjate, ¡cómo somos mezquinos! Si un esposo intenta tratar a su esposa con esas limitaciones de tiempo, ( dicen las señoras cuando van a comprar tela, le dicen al dependiente: "¡Pero no se corte la uña!", porque está midiendo el metro, y dice la señora: "¡Pero no se corte la uña!", sí, "¡no sea mezquino!"), si un esposo tratara a la esposa con la mezquindad con la que nosotros tratamos a Dios en esos tiempos que son, llamémoslo así, como especialmente para Él, pues pronto se acabaría esa relación de esposos, o de novios, o de lo que sea.
Esto es prueba de que nosotros, usualmente, no somos generosos en la oración, y usualmente, tampoco, lo somos en otras prácticas de vida espiritual, en otros ejercicios espirituales, como decir la lectura. ¿Quién de nosotros es generoso en la lectura que enriquezca el corazón? A lo sumo somos generosos en lo que tiene que ver con nuestro trabajo; es decir, con lo que nosotros vamos a hacer.