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| + | Jesús tiene compasión, Jesús tiene misericordia. Jesús vio la multitud y olvidándose de su cansancio, olvidándose de su propio agobio y fatiga, tiene ojos, y sobre todo, tiene Corazón para conocer la necesidad de la multitud. | ||
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| + | Les había dicho a los Apóstoles: "Venid a un lugar solitario, despoblado, y descansad un poco" (''véase'' San Marcos 6,31). Pero, el descanso de estos misioneros se ve interrumpido por la presencia de la necesidad del pueblo. | ||
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| + | Y así, la compasión de Cristo suscita un nuevo esfuerzo, una nueva serie de enseñanzas, como dice el evangelio: "Sintió compasión, porque no tenían pastor, y empezó a darles muchas enseñanzas" (''véase'' San Marcos 6,34). | ||
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| + | Esta compasión de Jesucristo, esta misericordia es la que mueve sus pasos. Esa misericordia es la que produce los milagros; esa misericordia es la que le da sabiduría a sus enseñanzas. Esta misericordia es la luz de sus ojos, es la elocuencia de sus discursos. | ||
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| + | Me atrevo a decir que es este mismo pueblo de misericordia el que ahuyenta el imperio de Satanás, porque dispone los corazones para que reciban con abundancia la gracia de Dios, desde esa gracia reconozcan su propia dignidad, se sepan libres y no tengan otro señor que su Creador, Dios. | ||
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| + | Acerquémonos, entonces, en cuanto fieles, en cuanto discípulos suyos, a esta fuente de misericordia. Para nosotros ha comenzado a brotar ese manantial del que podemos saciarnos. ¡Y grave cosa sería desperdiciar esta Agua preciosa, esta Agua valiosísima, que puede calmar nuestra sed! | ||
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| + | Dios ofrece su bondad, Dios ofrece su piedad, Dios ofrece su misericordia. Pudimos ver ese torrente, literalmente, en el Corazón abierto de Cristo por la lanza del soldado, cuando con esa Agua y con esa Sangre se abren para nosotros la fuente de la piedad divina. | ||
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| + | Acerquémonos, entonces, a esas fuentes, y reconozcamos en esa misericordia, en esa compasión, la raíz y la fuente del amor divino, aquello que puede transformar lo que somos y lo que hacemos. | ||
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| + | Pero, ésa es una compasión y es una misericordia muy singular. "Jesús se compadece y empieza a darles muchas enseñanzas" (''véase'' San Marcos 6,34), nos dice la Escritura. | ||
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| + | ''Seguramente, entre quienes venían a escucharle, había enfermos y pobres, desempleados, gente como usted y como yo, sujeta a todo género de desventuras o de tristezas, de males, de enfermedades. La compasión de Cristo, sin embargo, empieza por darles enseñanzas.'' | ||
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| + | Cuando se habla de obras de misericordia, uno casi siempre piensa primero en las obras de misericordia, llamadas corporales: dar de comer al hambriento y de beber al sediento, dar techo al que no lo tiene, etc. | ||
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| + | ''¡Son importantes! Pero, este evangelio nos enseña, que hay una misericordia más descuidada, si se quiere, que las demás. Es ese cuidado de la luz en el entendimiento del otro.'' | ||
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| + | ''Porque, así como hay un hambre del cuerpo, hay también un hambre de la inteligencia. Y así como hay una lepra del cuerpo, hay una lepra del alma. Y así como hay una soledad corporal, hay una soledad del ánimo.'' | ||
Revisión del 04:29 15 jul 2009
Fecha: 19970720
Título: La misericordia del cuidado de la luz en el entendimiento del otro
Original en audio: 11 min. 57 seg.
Queridos Hermanos:
Las lecturas de hoy nos permiten asomarnos al corazón de la misión de Jesucristo, el centro mismo de su vida, el porqué de sus trabajos, el motivo y el móvil de sus esfuerzos. Todo esto se encuentra en la Palabra maravillosa que nos ha ofrecido el evangelio.
Jesús tiene compasión, Jesús tiene misericordia. Jesús vio la multitud y olvidándose de su cansancio, olvidándose de su propio agobio y fatiga, tiene ojos, y sobre todo, tiene Corazón para conocer la necesidad de la multitud.
Les había dicho a los Apóstoles: "Venid a un lugar solitario, despoblado, y descansad un poco" (véase San Marcos 6,31). Pero, el descanso de estos misioneros se ve interrumpido por la presencia de la necesidad del pueblo.
Y así, la compasión de Cristo suscita un nuevo esfuerzo, una nueva serie de enseñanzas, como dice el evangelio: "Sintió compasión, porque no tenían pastor, y empezó a darles muchas enseñanzas" (véase San Marcos 6,34).
Esta compasión de Jesucristo, esta misericordia es la que mueve sus pasos. Esa misericordia es la que produce los milagros; esa misericordia es la que le da sabiduría a sus enseñanzas. Esta misericordia es la luz de sus ojos, es la elocuencia de sus discursos.
Me atrevo a decir que es este mismo pueblo de misericordia el que ahuyenta el imperio de Satanás, porque dispone los corazones para que reciban con abundancia la gracia de Dios, desde esa gracia reconozcan su propia dignidad, se sepan libres y no tengan otro señor que su Creador, Dios.
Acerquémonos, entonces, en cuanto fieles, en cuanto discípulos suyos, a esta fuente de misericordia. Para nosotros ha comenzado a brotar ese manantial del que podemos saciarnos. ¡Y grave cosa sería desperdiciar esta Agua preciosa, esta Agua valiosísima, que puede calmar nuestra sed!
Dios ofrece su bondad, Dios ofrece su piedad, Dios ofrece su misericordia. Pudimos ver ese torrente, literalmente, en el Corazón abierto de Cristo por la lanza del soldado, cuando con esa Agua y con esa Sangre se abren para nosotros la fuente de la piedad divina.
Acerquémonos, entonces, a esas fuentes, y reconozcamos en esa misericordia, en esa compasión, la raíz y la fuente del amor divino, aquello que puede transformar lo que somos y lo que hacemos.
Pero, ésa es una compasión y es una misericordia muy singular. "Jesús se compadece y empieza a darles muchas enseñanzas" (véase San Marcos 6,34), nos dice la Escritura.
Seguramente, entre quienes venían a escucharle, había enfermos y pobres, desempleados, gente como usted y como yo, sujeta a todo género de desventuras o de tristezas, de males, de enfermedades. La compasión de Cristo, sin embargo, empieza por darles enseñanzas.
Cuando se habla de obras de misericordia, uno casi siempre piensa primero en las obras de misericordia, llamadas corporales: dar de comer al hambriento y de beber al sediento, dar techo al que no lo tiene, etc.
¡Son importantes! Pero, este evangelio nos enseña, que hay una misericordia más descuidada, si se quiere, que las demás. Es ese cuidado de la luz en el entendimiento del otro.
Porque, así como hay un hambre del cuerpo, hay también un hambre de la inteligencia. Y así como hay una lepra del cuerpo, hay una lepra del alma. Y así como hay una soledad corporal, hay una soledad del ánimo.