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Hay vidas que están a punto de naufragar. Tal vez se van a hundir en la muerte, en el suicidio, en el absurdo, en el pecado. Tal vez se van a sumergir en la magia, en la superstición, en las sectas. Y están ahí, a punto, a punto de que se las trague el desierto, la muerte. | Hay vidas que están a punto de naufragar. Tal vez se van a hundir en la muerte, en el suicidio, en el absurdo, en el pecado. Tal vez se van a sumergir en la magia, en la superstición, en las sectas. Y están ahí, a punto, a punto de que se las trague el desierto, la muerte. | ||
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| + | Esas personas que llegan a nosotros, ésos que tocan a la puerta de la casa del corazón, que andan buscando y que quizás por última vez intentarán una respuesta en nosotros, ¡qué grave reponsabilidad! | ||
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| + | ¡Qué grave lo que me ha tocado escuchar a mí algunas veces! "Es que cuando yo busqué respuestas, nadie me las dio". Ésa fue la gente que se quedó sin hospedaje. Ésos fueron los que se quedaron sin casa en ese momento, y de ahí que se alejaran de la Iglesia. Por eso, se fueron de la fe; por eso, se fueron de la vida, de la salud. Por eso, algunos incluso perdieron su razón. | ||
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| + | ''"Cuando yo busqué respuestas, no las había". Atender, saber acoger, saber recibir en el momento preciso a la persona que está a punto de desfallecer en la vida, es una manera de aplicar esto.'' | ||
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| + | Se trata de una lectura, de un pasaje lleno de prisas y carreras. ¡La prisa de Abraham por servir! Sirve por misericordia, pero retuvo de su misericordia una palabra. | ||
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| + | La casa de Abraham está abierta. "Él está a la puerta" (''véase'' Génesis 18,1), y la casa está abierta. Aquí hay también una enseñanza para nosotros. | ||
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| + | ''El que quiera conocer la voluntad de Dios con la puerta cerrada, sólo va a conocer su voluntad. Para conocer la voluntad de Dios, hay que dar espacio para que Dios hable de otras maneras. Cerrar las puertas, es tener la casa. Pero, cerrar las puertas, es hacer de las casas cárceles.'' | ||
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| + | ''Hay que tener la puerta abierta. El recibir y el hospedar al peregrino, es una manera de encontrar la voluntad de Dios. El estar dispuesto a escuchar la voz del que sufre, del que está cansado por el camino, es también una manera de encontrarse con el Señor.'' | ||
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| + | Hoy, al venir Dios en esas miserias que se pasean cerca de nosotros, tiene palabras que son para nosotros. Abraham vio, comparativamente, muchas cosas. "Un ternero cebado" (''véase'' Génesis 18,7), éso tiene su precio; "tres arrobas" (''véase'' Génesis 18,6), éso tiene su precio. ¡Abraham vio! Pero, fue poco lo que vio con todo lo que recibió. | ||
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| + | Yo creo que esa es la experiencia que tenemos nosotros también en la práctica de la misericordia. Como durante mucho tiempo se dijo y hay que repetirlo: "Los pobres nos evangelizan!, ¡sí!, nosotros algo transmitimos, y nosotros, algo aprestamos. Pero, sepamos que cada vez que se abre la puerta de la casa o del corazón, se le abre la puerta a uno que tiene necesidad. | ||
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| + | ''Lo que nosotros vemos, es incomparablemente menor de lo que nosotros recibiremos. Muchas veces, lo que nosotros vemos son estas cosas materiales, finitas, pasajeras, y lo que recibimos son promesas sublimes, es amor que dura y dura, que no se acaba.'' | ||
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| + | No obstante, quiero subrayar lo que he dicho antes. El encuentro con la voluntad de Dios requiere tener la tienda abierta, tener la casa abierta. El que está metido sólo en su casa, conoce su voluntad, pero no la de Dios. | ||
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| + | ¿Y su casa cuál es? Porque, puede ser el lugar donde uno vive. Pero, puede ser también la teología que uno ha aprendido, las emociones que uno tiene, la estrategia pastoral que uno conoce. | ||
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| + | Hoy, en la Iglesia sufrimos mucho de esto. Las comunidades religiosas, incluso algunas comunidades laicales, sufren de éso: han cerrado la puerta. Viven en su casa, conocen solamente su estilo y son felices a su manera. | ||
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| + | Abraham hubiera podido aprovechar todos esos terneros cebados que tenía y toda esa harina acumulada que tenía, para continuar la vida allá en su tienda y terminar plácidamente sus días, canturreando, gozándola y pasándola bueno. Pero, se hubiera perdido de estas promesas. | ||
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| + | ''Se hubiera perdido de planes que superaban sus planes. Se hubiera perdido de una voluntad que supera la suya. La misericordia es una puerta que le abrimos al hermano. Pero, por esa puerta que le abrimos al hermano, no sólo entra el hermano; entra Dios.'' | ||
Revisión del 05:17 25 jun 2009
Fecha: 19990626
Título: Tener una puerta abierta para conocer la voluntad de Dios
Original en audio: 15 min. 36 seg.
La primera lectura nos cuenta una historia de afanes y de prisas. Hagamos un recuento de todos los afanes y las carreras que ella tiene.
"Se le apareció el Señor a Abraham" (véase Génesis 18,1), empieza diciendo. Pero, es una aparición muy extraña, porque es una aparición en forma de tres personas. Eran tres personas, y sin embargo, se le apareció el Señor. Esto ha hecho que algunos padres de la Iglesia vean en esta aparición como una especie de sugerente del misterio trinitario.
"Alzando los ojos, miró y vio aquí, que tres hombres estaban parados cerca de él. Tan pronto como los vio, corrió a su encuentro" (véase Génesis 18,2).
"Que traigan un poco de agua" (véase Génesis 18,4). "Fue Abraham apresuradamente a la tienda; apresta tres arrobas de harina. Corrió a la vacada; se apresuró a aderezarlo" (véase Génesis 18,4;18,6-7). ¡Fue una sóla carrera!
Abraham tenía cien años, estaba por cumplir cien años y en carreras. ¡En carreras! La prisa de Abraham se debe a su hospitalidad. ¡Es una hospitalidad presurosa!
El mensaje de la primera lectura tiene que ver con éso, la hospitalidad presurosa, una hospitalidad que nos parece casi excesiva. Por poca cantidad que sea y aunque las palabras cambien de significado, ¿qué tal eso? ¿Tres arrobas de harina?
Esas tres arrobas de harina indican no solamente el alimento que se iban a comer ahí, -porque no se iban a comer de arroba cada uno-, sino está indicando que Abraham quería no sólo que comieran, sino que tuvieran provisión.
Una de las obras de misericordia es hospedar al peregrino, una obra muy difícil de cumplir en las actuales circunstancias. Y yo creo que uno se pregunta, sobre todo cuando se da catequesis y se habla de las obras de misericordia corporales y espirituales, qué actualidad puede tener esto.
Claro que hay gente que espera a otra gente en su casa. Eso sí sigue, eso sí se aplica; pero gente conocida. Y precisamente, esta obra de misericordia se refiere es a los desconocidos, que son los que no tienen casa.
¿Qué nos dice esta obra de misericordia que podamos aplicar hoy? Pues, vamos a examinar un poquito eso, y a ver si se trata únicamente de servir de hotel.
Esta obra de misericordia recibió su enunciado en una tierra donde no hay hoteles, en una tierra desértica, donde no acoger a una persona es matarla. Si no se acoge a la persona en medio de estos desiertos, en medio de estos oasis, si no se le acoge, se la condena a muerte.
Acoger al peregrino en este contexto, en esta cultura y en esta tierra de la Biblia, no es solamente darle cama y comida a una persona, es salvarla, salvarla de la muerte.
El sentido de la obra de misericordia no es tan sólo hospedarse y quedarse dos días. Aquí no hay hoteles, aquí no hay parientes. Si no lo hospedas, lo matas. ¡Es salvar una vida!
Por eso, creo que una primera aplicación que podemos encontrar para nuestra vida, es ésa. Las personas buscan en muchos sitios, buscan respuestas para su vida. A veces, cuando llegan a nosotros, están buscando por última vez la respuesta.
Hay vidas que están a punto de naufragar. Tal vez se van a hundir en la muerte, en el suicidio, en el absurdo, en el pecado. Tal vez se van a sumergir en la magia, en la superstición, en las sectas. Y están ahí, a punto, a punto de que se las trague el desierto, la muerte.
Esas personas que llegan a nosotros, ésos que tocan a la puerta de la casa del corazón, que andan buscando y que quizás por última vez intentarán una respuesta en nosotros, ¡qué grave reponsabilidad!
¡Qué grave lo que me ha tocado escuchar a mí algunas veces! "Es que cuando yo busqué respuestas, nadie me las dio". Ésa fue la gente que se quedó sin hospedaje. Ésos fueron los que se quedaron sin casa en ese momento, y de ahí que se alejaran de la Iglesia. Por eso, se fueron de la fe; por eso, se fueron de la vida, de la salud. Por eso, algunos incluso perdieron su razón.
"Cuando yo busqué respuestas, no las había". Atender, saber acoger, saber recibir en el momento preciso a la persona que está a punto de desfallecer en la vida, es una manera de aplicar esto.
Se trata de una lectura, de un pasaje lleno de prisas y carreras. ¡La prisa de Abraham por servir! Sirve por misericordia, pero retuvo de su misericordia una palabra.
La casa de Abraham está abierta. "Él está a la puerta" (véase Génesis 18,1), y la casa está abierta. Aquí hay también una enseñanza para nosotros.
El que quiera conocer la voluntad de Dios con la puerta cerrada, sólo va a conocer su voluntad. Para conocer la voluntad de Dios, hay que dar espacio para que Dios hable de otras maneras. Cerrar las puertas, es tener la casa. Pero, cerrar las puertas, es hacer de las casas cárceles.
Hay que tener la puerta abierta. El recibir y el hospedar al peregrino, es una manera de encontrar la voluntad de Dios. El estar dispuesto a escuchar la voz del que sufre, del que está cansado por el camino, es también una manera de encontrarse con el Señor.
Hoy, al venir Dios en esas miserias que se pasean cerca de nosotros, tiene palabras que son para nosotros. Abraham vio, comparativamente, muchas cosas. "Un ternero cebado" (véase Génesis 18,7), éso tiene su precio; "tres arrobas" (véase Génesis 18,6), éso tiene su precio. ¡Abraham vio! Pero, fue poco lo que vio con todo lo que recibió.
Yo creo que esa es la experiencia que tenemos nosotros también en la práctica de la misericordia. Como durante mucho tiempo se dijo y hay que repetirlo: "Los pobres nos evangelizan!, ¡sí!, nosotros algo transmitimos, y nosotros, algo aprestamos. Pero, sepamos que cada vez que se abre la puerta de la casa o del corazón, se le abre la puerta a uno que tiene necesidad.
Lo que nosotros vemos, es incomparablemente menor de lo que nosotros recibiremos. Muchas veces, lo que nosotros vemos son estas cosas materiales, finitas, pasajeras, y lo que recibimos son promesas sublimes, es amor que dura y dura, que no se acaba.
No obstante, quiero subrayar lo que he dicho antes. El encuentro con la voluntad de Dios requiere tener la tienda abierta, tener la casa abierta. El que está metido sólo en su casa, conoce su voluntad, pero no la de Dios.
¿Y su casa cuál es? Porque, puede ser el lugar donde uno vive. Pero, puede ser también la teología que uno ha aprendido, las emociones que uno tiene, la estrategia pastoral que uno conoce.
Hoy, en la Iglesia sufrimos mucho de esto. Las comunidades religiosas, incluso algunas comunidades laicales, sufren de éso: han cerrado la puerta. Viven en su casa, conocen solamente su estilo y son felices a su manera.
Abraham hubiera podido aprovechar todos esos terneros cebados que tenía y toda esa harina acumulada que tenía, para continuar la vida allá en su tienda y terminar plácidamente sus días, canturreando, gozándola y pasándola bueno. Pero, se hubiera perdido de estas promesas.
Se hubiera perdido de planes que superaban sus planes. Se hubiera perdido de una voluntad que supera la suya. La misericordia es una puerta que le abrimos al hermano. Pero, por esa puerta que le abrimos al hermano, no sólo entra el hermano; entra Dios.