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Nos puede pasar a todos, sin duda.Pero, es maravilloso saber que a Jesús no le pasa. Y es maravilloso ver que a los de Jesús tampoco les pasa, por así decirlo. | Nos puede pasar a todos, sin duda.Pero, es maravilloso saber que a Jesús no le pasa. Y es maravilloso ver que a los de Jesús tampoco les pasa, por así decirlo. | ||
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| + | O, pensemos en la otra Teresa, esa Teresa cercana a nuestra época, la Madre Teresa de Calcuta. ¡Cuántos enfermos, por Dios, recibieron la bendición de su trato, de su mirada, de sus manos, de su corazón lleno de amor! | ||
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| + | O, pensemos en la agenda de Juan Pablo Segundo, casi podría decir yo, de cualquier Papa. | ||
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| + | ''¿No es una maravilla ver cómo Dios multiplica nuestro tiempo? Lo multiplica, porque lo hace eficiente. Lo multiplica, porque lo hace fecundo.'' | ||
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| + | Jesús, cuando oró al Padre en esa oración que llamamos sacerdotal del capítulo diecisiete del evangelio de Juan, le dijo: "Para que sean uno con nosotros" (''véase'' San Juan 17,21). | ||
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| + | Y el mismo Jesús, en el capítulo quince de ese evangelio, dice: "Yo los he destinado para que vayan y den fruto" (''véase'' San Juan 15,16). | ||
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| + | ''Lo que nosotros necesitamos, no es una vida más acelerada, sino una vida más fecunda. Lo que nosotros necesitamos, no es un mayor número de cosas para hacer, sino una mejor manera de hacer las cosas.'' | ||
Revisión del 03:11 18 jun 2009
Fecha: 20060702
Título: Dejemos que Dios interrumpa nuestra agenda
Original en audio: 7 min. 40 seg.
Queridos Hermanos:
Yo creo que estaremos de acuerdo en que el evangelio de hoy es muy particular, porque se trata de un milagro dentro de otro milagro.
Estaba Jesús ocupado, de camino a una sanación. Iba a curar a una niña enferma. Durante el curso de los acontecimientos, viene a resultar que esta niña muere.
Y estando de camino, surge esa otra historia paralela, la de la mujer que tiene su enfermedad y su vergüenza por el flujo de sangre. Entonces, se acerca, y por decirlo de alguna manera, quiere arrancarle ese milagro a Jesús.
Jesús, que ya estaba ocupado haciendo el bien, buscando a esa niña para sanarla, tiene sin embargo tiempo, tiene corazón, tiene una mirada y tiene misericordia para con esta mujer que ha estado enferma.
¡Es maravilloso pensar que el amor dilata nuestras agendas, las agranda! El amor multiplica nuestro tiempo. El mismo Jesús que multiplicó los panes, multiplica el tiempo.
Y amar es en buena parte éso. Amar es encontrar ese tiempo para servir más, para escuchar más, para curar más, para dar más vida.
¡Qué agudo contraste podemos hacer, hermanos, entre esta manera de actuar de Jesús y lo que nosotros encontramos muchas veces en las personas ocupadas de esta época! ¡Qué agudo contraste, cuando pensamos que la frase más repetida por los altos ejecutivos, es: "No tengo tiempo; mi agenda está llena"!
Nos puede pasar a todos, sin duda.Pero, es maravilloso saber que a Jesús no le pasa. Y es maravilloso ver que a los de Jesús tampoco les pasa, por así decirlo.
Pensemos en los grandes santos. Pensemos en una Santa Teresa de Jesús, la gran Santa de Ávila. Ella tenía casi cuarenta años cuando su gran conversión hacia Jesucristo. Aparentemente, no le quedaban demasiados años de vida. Mas, en esos años que le quedaban, reformó completamente la Orden del Carmelo.
Fundó decenas de monasterios, instruyó en el camino de la santidad a tantas religiosas, fue la gran inspiración de muchos hombres consagrados de su época y de otras épocas. Aparte de eso, escritora, contemplativa y tantas otras cosas más.
O, pensemos en la otra Teresa, esa Teresa cercana a nuestra época, la Madre Teresa de Calcuta. ¡Cuántos enfermos, por Dios, recibieron la bendición de su trato, de su mirada, de sus manos, de su corazón lleno de amor!
O, pensemos en la agenda de Juan Pablo Segundo, casi podría decir yo, de cualquier Papa.
¿No es una maravilla ver cómo Dios multiplica nuestro tiempo? Lo multiplica, porque lo hace eficiente. Lo multiplica, porque lo hace fecundo.
Jesús, cuando oró al Padre en esa oración que llamamos sacerdotal del capítulo diecisiete del evangelio de Juan, le dijo: "Para que sean uno con nosotros" (véase San Juan 17,21).
Y el mismo Jesús, en el capítulo quince de ese evangelio, dice: "Yo los he destinado para que vayan y den fruto" (véase San Juan 15,16).
Lo que nosotros necesitamos, no es una vida más acelerada, sino una vida más fecunda. Lo que nosotros necesitamos, no es un mayor número de cosas para hacer, sino una mejor manera de hacer las cosas.