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Esa colecta es como un testimonio de lo que hoy llamamos,  "comunicación cristiana de bienes". El argumento de Pablo es, que de la Iglesia de Jerusalén, -de esa Iglesia Madre, llamémosla así-, ha salido la fe para el resto del mundo.
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Esta Iglesia de Jerusalén ha dado sus bienes espirituales. Y ahora pide él a las comunidades que han nacido de la fe de Jerusalén, que con sus bienes materiales ayuden a aliviar un poco la situación de los cristianos en Jerusalén.
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¿Qué reflexiones podemos sacar nosotros de este rasgo del Apóstol? Pues, varias. Por ejemplo, el ministerio apostólico es un ministerio que se dirige a la conversión de los corazones; como se solía decir y se puede decir, a la salvación de las almas.
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Pero, esto no hace al Apóstol, ni insensible ni inútil. Ni insensible ni inútil, para atender a las necesidades materiales concretas de estas personas, de estos fieles de Jerusalén.
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Y él pone en juego su autoridad y su credibilidad, su tiempo y los riesgos que supone trastear dineros. Los pone en juego, porque para él es importante que el amor se exprese en ese tipo de obras.
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Dice a los corintios, situando como a los de Macedonia: "Dieron más de lo que esperábamos, se dieron a sí mismos; primero, al Señor, y luego como Dios quería, también a nosotros" (''véase'' 2 Corintios 8,5).
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''La consecuencia natural de ese darse a Jesucristo, es estar disponible para la obra de Cristo en todos los bienes, intelectuales, morales, espirituales, afectivos, materiales, económicos.''
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''Una primera reflexión, entonces, que ya muestra las connotaciones económicas, las connotaciones incluso pecuniarias que trae el ministerio de la Palabra.''
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Una segunda reflexión que podemos hacer, es mirando a la comunidad de Jerusalén. Para el Imperio Romano, los cristianos eran judíos. Pero, para los judíos de Palestina, los cristianos eran herejes, eran sectas, eran competencia, eran enemigos.
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Los cristianos de Jerusalén estaban pasando estas necesidades, entre otras cosas, porque se habían quedado sin pueblo. Para sus hermanos de raza, para los judíos, ellos eran una adulteración de la fe; eran herejes. Y para los romanos, seguían siendo unos judíos.
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De manera que los romanos los excluían y los judíos no los aceptaban. Esta situación de rechazo, de marginación de los cristianos de Jerusalén, llegó a volverse realmente angustiosa, hasta el punto de que el Apóstol intenta aliviar las necesidades con esta colecta, con este dinero que recoge de las distintas comunidades venidas de la gentilidad, venidas del paganismo.

Revisión del 03:09 9 jun 2009

Fecha: 19990615

Título: Algunas reflexiones sobre la colecta de San Pablo

Original en audio: 9 min. 41 seg.


Una de las iniciativas que acompañó el ministerio de San Pablo, fue la de la famosa colecta, que es uno de los temas que aparece en esta Segunda Carta a los Corintios.

Esa colecta es como un testimonio de lo que hoy llamamos, "comunicación cristiana de bienes". El argumento de Pablo es, que de la Iglesia de Jerusalén, -de esa Iglesia Madre, llamémosla así-, ha salido la fe para el resto del mundo.

Esta Iglesia de Jerusalén ha dado sus bienes espirituales. Y ahora pide él a las comunidades que han nacido de la fe de Jerusalén, que con sus bienes materiales ayuden a aliviar un poco la situación de los cristianos en Jerusalén.

¿Qué reflexiones podemos sacar nosotros de este rasgo del Apóstol? Pues, varias. Por ejemplo, el ministerio apostólico es un ministerio que se dirige a la conversión de los corazones; como se solía decir y se puede decir, a la salvación de las almas.

Pero, esto no hace al Apóstol, ni insensible ni inútil. Ni insensible ni inútil, para atender a las necesidades materiales concretas de estas personas, de estos fieles de Jerusalén.

Y él pone en juego su autoridad y su credibilidad, su tiempo y los riesgos que supone trastear dineros. Los pone en juego, porque para él es importante que el amor se exprese en ese tipo de obras.

Dice a los corintios, situando como a los de Macedonia: "Dieron más de lo que esperábamos, se dieron a sí mismos; primero, al Señor, y luego como Dios quería, también a nosotros" (véase 2 Corintios 8,5).

La consecuencia natural de ese darse a Jesucristo, es estar disponible para la obra de Cristo en todos los bienes, intelectuales, morales, espirituales, afectivos, materiales, económicos.

Una primera reflexión, entonces, que ya muestra las connotaciones económicas, las connotaciones incluso pecuniarias que trae el ministerio de la Palabra.

Una segunda reflexión que podemos hacer, es mirando a la comunidad de Jerusalén. Para el Imperio Romano, los cristianos eran judíos. Pero, para los judíos de Palestina, los cristianos eran herejes, eran sectas, eran competencia, eran enemigos.

Los cristianos de Jerusalén estaban pasando estas necesidades, entre otras cosas, porque se habían quedado sin pueblo. Para sus hermanos de raza, para los judíos, ellos eran una adulteración de la fe; eran herejes. Y para los romanos, seguían siendo unos judíos.

De manera que los romanos los excluían y los judíos no los aceptaban. Esta situación de rechazo, de marginación de los cristianos de Jerusalén, llegó a volverse realmente angustiosa, hasta el punto de que el Apóstol intenta aliviar las necesidades con esta colecta, con este dinero que recoge de las distintas comunidades venidas de la gentilidad, venidas del paganismo.