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Y si no lo vieran nuestros ojos, nuestros oídos tendrían que oírlo en las palabras que le decían los que estaban ahí al pie: "Sálvate a ti mismo" [[:Category: Lucas 023_037|San Lucas 23,37]], "a otros salvó, y no puede salvarse a sí mismo" [[Category:Marcos 015_031|San Marcos 15,31]], "sálvate a ti mismo para que veamos y creamos" [[Category:Marcos 015_032|San Marcos 15,32]].
 
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Nadie es tan inútil como el Crucificado; Cristo, puesto en la Cruz, ya sin milagros, ya sin discursos; Cristo, puesto en la Cruz, como oveja ante el esquilador, puesto ahí solamente para morir, es como la imagen misma de la impotencia del ser humano, como la imagen misma de la initilidad. Pero desde el fondo de esa inutilidad, aparece la fuerza y el poder que es capaz de gobernar a todos los corazones.
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Nadie es tan inútil como el Crucificado; Cristo, puesto en la Cruz, ya sin milagros, ya sin discursos; Cristo, puesto en la Cruz, como oveja ante el esquilador, puesto ahí solamente para morir, es como la imagen misma de la impotencia del ser humano, como la imagen misma de la initilidad.  
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Pero desde el fondo de esa inutilidad, aparece la fuerza y el poder que es capaz de gobernar a todos los corazones.
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Precisamente, cuando Cristo ya no sirvió para nada, sólo servía para una cosa, para amar. Era necesario, por así decirlo, que Cristo llegara a la perfecta y suprema inutilidad, donde no sirviera ni para hablar, ni para sanar, ni para nada; era necesario que Cristo llegara a no servir para nada, para que quedara claro qué era lo que había en el fondo del edificio de su vida.
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Cada vida, hermanos, es como un edificio que uno va construyendo, y está el cimiento y uno va amontonando pisos, y esos pisos son los años que pasan, y esos pisos son las ideas con las que uno construye como su manera de ser, y esos pisos son como los sentimientos que uno tiene, y que uno va a cumulando sus experiencias.
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También Cristo, Nuestro Señor, es como todo un edificio, y entodas esas experiencias y en todas esas maravillas que hay en Jesucristo, hay mucho en que deleitarse. Porque en todo eso que es Jesucristo, pues ahí aparece sus palabras elocuentes, sus milagros benditos, sus sanaciones.
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Pero se nos podía olvidar que todo ese edificio estaba sobre un cimiento de puero amor, de puro regalo, de pura gracia. Y poreso Jesucristo soportó que todo su edificio fuera completamnete derruido, Cristo se aguantó que el edificio fuera totalmente derrumbado.
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Y cuando se derrumbó el edificio, cuando toda su vida se deshizo en la Cruz, entonces sólo quedó a la vista el cimiento, la raíz misma de su cuerpo

Revisión del 16:07 17 abr 2009

Fecha: 19970420

Título:

Original en audio: 6 min. 2 seg.


Queridos Hermanos:

Hay como una pequeña tensión entre las dos lecturas, la primera y la del evangelio. En la primera se habla de Cristo como esa piedra desechada que resulta ser piedra angular, como una vida descartada. Y en el evangelio se nos presenta a Cristo como el Pastor de las ovejas.

¿Cómo es posible que, precisamnte el que resulta como tan inútil y tan desechado,pueda al mismo tiempo ser el que dirige el rebaño y el que lo lleva para alimentarlo y para abrevarlo? Cómo puede ser Cristo tan inútil, duele decirlo, ¿no? ¿Cómo puede ser Cristo tan inútil y al mismo tiempo tan provechoso? ¿Cómo puede ser al mismo tiempo el último y el primero?

Si uno piensa en la bienaventurada Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, en la que Él realizó toda la obra de la redención por nosotros, uno dice: "¿Pero qué puede haber más inútil que un crucificado?"

Y si no lo vieran nuestros ojos, nuestros oídos tendrían que oírlo en las palabras que le decían los que estaban ahí al pie: "Sálvate a ti mismo" San Lucas 23,37, "a otros salvó, y no puede salvarse a sí mismo", "sálvate a ti mismo para que veamos y creamos".

Nadie es tan inútil como el Crucificado; Cristo, puesto en la Cruz, ya sin milagros, ya sin discursos; Cristo, puesto en la Cruz, como oveja ante el esquilador, puesto ahí solamente para morir, es como la imagen misma de la impotencia del ser humano, como la imagen misma de la initilidad.

Pero desde el fondo de esa inutilidad, aparece la fuerza y el poder que es capaz de gobernar a todos los corazones.

Precisamente, cuando Cristo ya no sirvió para nada, sólo servía para una cosa, para amar. Era necesario, por así decirlo, que Cristo llegara a la perfecta y suprema inutilidad, donde no sirviera ni para hablar, ni para sanar, ni para nada; era necesario que Cristo llegara a no servir para nada, para que quedara claro qué era lo que había en el fondo del edificio de su vida.

Cada vida, hermanos, es como un edificio que uno va construyendo, y está el cimiento y uno va amontonando pisos, y esos pisos son los años que pasan, y esos pisos son las ideas con las que uno construye como su manera de ser, y esos pisos son como los sentimientos que uno tiene, y que uno va a cumulando sus experiencias.

También Cristo, Nuestro Señor, es como todo un edificio, y entodas esas experiencias y en todas esas maravillas que hay en Jesucristo, hay mucho en que deleitarse. Porque en todo eso que es Jesucristo, pues ahí aparece sus palabras elocuentes, sus milagros benditos, sus sanaciones.

Pero se nos podía olvidar que todo ese edificio estaba sobre un cimiento de puero amor, de puro regalo, de pura gracia. Y poreso Jesucristo soportó que todo su edificio fuera completamnete derruido, Cristo se aguantó que el edificio fuera totalmente derrumbado.

Y cuando se derrumbó el edificio, cuando toda su vida se deshizo en la Cruz, entonces sólo quedó a la vista el cimiento, la raíz misma de su cuerpo