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No es lo mismo encontrarse con una persona que está vestida de llagas y sangre, y asustarse de ella, y encontrar a otra persona que tiene llagas y sangre, porque estaba buscando su tesoro. | No es lo mismo encontrarse con una persona que está vestida de llagas y sangre, y asustarse de ella, y encontrar a otra persona que tiene llagas y sangre, porque estaba buscando su tesoro. | ||
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| + | En algunos canales de televisión, presentan a veces programas especiales de gente que ha hecho actos heróicos. Por ejemplo, personas que han entrado a un edificio en llamas por salvar a una pequeña niña que no tenía manera de salir del edificio. Y algunas de esas personas han quedado quemadas y les han quedado huellas del fuego por su acto heróico. | ||
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| + | Desde luego que es muy hermoso decir: "Entré a salvar una persona". Pero eso les costó a algunas de esas personas quemaduras de segundo grado, de tercer grado. Tuvieron que estar en un hospital, y les quedaron cicatrices, cicatrices que hablan de su acto heróico. | ||
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| + | Cuando yo pienso que Cristo está crucificado, cuando yo pienso en las llagas de Cristo, pues sí: ver llagas, ver sangre es repulsivo. Pero cuando pienso que esas llagas y esa sangre se dan buscando su oveja, entonces, más bien, ¡me inspiran un cariño, me inspiran una gratitud, me inspiran un amor tan grande! | ||
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| + | Descubro que detrás del aspecto horrendo de la llaga, hay un aspecto bellísimo de amor. Es un encuentro. Además, encuentro un amor que es victorioso, un amor que vence. Eso es lo que nos ha contado la Lectura del Apóstol San Pablo,que dice aquí: "La prueba de que Dios nos ama, es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros" (''véase'' Romanos 5 , 8 ).¡La prueba de que Dios nos ama! Nosotros tenemos a nuestro favor esa prueba, la prueba de que Dios nos ama. | ||
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| + | En esta Fiesta del Sagrado Corazón, hay como una nota de tristeza. Sabemos que esta Fiesta tiene su origen en unas apariciones de hace algunos siglos, en las que Cristo le hablaba a una monja, a una humilde monja, Santa Margarita María Alacoque, y le decía: "Mira, este es el Corazón que ha amado tanto a los hombres y que de la mayor parte de ellos, sólo recibe indiferencias y desprecio". | ||
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| + | La situación no ha mejorado mucho, lamentablemente. En nuestro tiempo, también la mayor parte de lo que recibe Cristo, es indiferencia y desprecio, cuando no abierta hostilidad, ataques, agresividad. | ||
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| + | ¡Indiferencia y desprecio! Eso le da una nota de tristeza, como es triste la Cruz de Cristo. Pero lo maravilloso de las apariciones de Nuestro Señor Jesucristo a Santa Margarita María, y lo maravilloso del amor al Corazón de Cristo, y lo maravilloso de la Cruz misma de Nuestro Señor, es que es un amor, que ante la indiferencia y el desprecio, no se detiene. | ||
Revisión del 05:43 31 may 2007
Fecha: 20010622
Título: De la tristeza de la Cruz a la alegría del Amor del Crucificado
Original en audio: 16 min. 21 seg.
Algunas veces hay piezas de metal de cobre, un metal vulgar, a las que se les echa un baño de oro. Quedan muy bonitas, pero después muestran el cobre.
Y así son muchas de las cosas de este mundo. Nos encontramos con que lo que parecía prometedor y bello, después decepciona. Y hay veces que la vida entera parece decepcionar: "¡Esperaba más de la vida!"
Esa sensación de cansancio, de frustración que engendra depresión, la viven muchas personas. Por ejemplo con los amigos: "Yo tenía mis amigos, y me han decepcionado: mostraron el cobre". Como con el amor: "¡Tan bonito que parece el noviazgo, tan prometedor, tan hermoso!, pero mostró el cobre: finalmente se destapó la olla, apareció la realidad."
Y lo que se veía muy bien al principio, luego desilusiona. Es una alegría que tiene por dentro una tristeza.
Lo mismo pasa con tantas cosas, que hay un dicho que dice: "Bueno, pero ¿por qué será que todo lo bueno, o está prohibido, o es pecado, o engorda?". Como demostrando esto, que todo parece tener su problema, su letra menuda, sus condiciones escondidas, algo alegre, pero que trae tristeza.
Ese sabor de cierta desilusión lo conoce la Sagrada Escritura. Por eso leemos en alguno de los Libros Sapienciales que "la vida del sabio es una vida marcada por la tristeza" (véase ). Y otro pensador decía: "Todo sabio considera la condición humana con un dejo de tristeza".
Por eso, cuando probamos las cosas de este mundo, terminamos un poco con la sensación que dice el Libro del Eclesiastés: "¡Al fin y al cabo qué! ¡Vanidad de vanidades! ¡Todo vanidad! ¡Todo vacío!" !(véase Eclesiastés 1 , 2 ).
Son muchas las decepciones. Casi puedo decir yo, que no hay día en la vida de un sacerdote que atiende a las personas, en el que no se encuentre testimonios y testimonios de gente decepcionada: "¡Me decepcionó la vida, me decepcionaron los hijos! ¡Yo esperaba más de mis hijos, y mire con lo que me salieron! ¡Cómo es posible que yo haga esta familia, y ni siquiera volteen a visitarme, volteen a mirarme! ¡Yo trabajaba y entregué mi vida a esa fábrica, y mire, me echaron como a un perro!"
Es decir, son muchísimos los ejemplos, y no sigo más con ellos, porque de pronto se me entristecen ustedes. Muchas cosas que parecen bonitas, por dentro tienen como una tristeza. Pero Dios, que tiene su peculiar sentido del humor, ( no es fácil encontrárselo, pero lo tiene), tiene también el ejemplo contrario: algo que por fuera parece muy triste, pero que por dentro tiene mucha alegría.
Y como las cosas de este mundo, por fuera parecen tan alegres, pero traen tristeza por dentro, entonces Dios inventó un ejemplo contrario: algo que parece muy triste por fuera, pero que trae mucho gozo, mucha dulzura, mucho amor por dentro.
Y eso es lo que encontramos en la Cruz de Cristo: por fuera no parece sino amargura, tristeza, es algo que causa repulsión. "¡Lo vimos tan desfigurado!", dice proféticamente Isaías, "¡lo vimos tan desfigurado; ni siquiera parecía humano!" ( véase Isaías 52 , 14 ). Y dice también: "Desestimado de todos; alguien frente al cual se evita la mirada" ( véase Isaías 53, 3 ).
¡Es tan desagradable la Cruz de Cristo! Pero por dentro, la Cruz de Cristo está colmada de dulzura, está llena de amor, está llena de belleza. Y lo cierto es que en ese amor, en esa dulzura, nosotros podemos entender la Fiesta de hoy; nosotros podemos comprender, qué es lo que se celebra en esta Fiesta del Sagrado Corazón.
Las Lecturas que la Iglesia nos propone para este año, ( este año se llama el año C de los domingos y de las solemnidades), las Lecturas para la Fiesta del Sagrado Corazón en este año, son muy hermosas, porque nos muestran, qué era lo que estaba aconteciendo en la Cruz.
Y por eso nos dan como caminos para ir desde la rugosidad, desde la tristeza, desde el aspecto tan horrible de afuera, hacia el aspecto hermoso; desde el sabor ácido, amargo de afuera, hacia la dulzura de adentro.
Dice el Profeta Ezequiel: "Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro. Como sigue el pastor el rastro de su rebaño, así seguiré yo el rastro de mis ovejas" (véase Ezequiel 34 , 11-12 ).
Este pensamiento, de pronto, puede alcanzar a conmoverlo a uno. ¡Claro!, Cristo no está así, tan rasguñado, por gusto; tampoco es un accidente. Está rasguñado, porque, allí, donde su oveja se le había perdido, había matorrales de espinas, y buscando su oveja, se rasguñó.
No es lo mismo encontrarse con una persona que está vestida de llagas y sangre, y asustarse de ella, y encontrar a otra persona que tiene llagas y sangre, porque estaba buscando su tesoro.
En algunos canales de televisión, presentan a veces programas especiales de gente que ha hecho actos heróicos. Por ejemplo, personas que han entrado a un edificio en llamas por salvar a una pequeña niña que no tenía manera de salir del edificio. Y algunas de esas personas han quedado quemadas y les han quedado huellas del fuego por su acto heróico.
Desde luego que es muy hermoso decir: "Entré a salvar una persona". Pero eso les costó a algunas de esas personas quemaduras de segundo grado, de tercer grado. Tuvieron que estar en un hospital, y les quedaron cicatrices, cicatrices que hablan de su acto heróico.
Cuando yo pienso que Cristo está crucificado, cuando yo pienso en las llagas de Cristo, pues sí: ver llagas, ver sangre es repulsivo. Pero cuando pienso que esas llagas y esa sangre se dan buscando su oveja, entonces, más bien, ¡me inspiran un cariño, me inspiran una gratitud, me inspiran un amor tan grande!
Descubro que detrás del aspecto horrendo de la llaga, hay un aspecto bellísimo de amor. Es un encuentro. Además, encuentro un amor que es victorioso, un amor que vence. Eso es lo que nos ha contado la Lectura del Apóstol San Pablo,que dice aquí: "La prueba de que Dios nos ama, es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros" (véase Romanos 5 , 8 ).¡La prueba de que Dios nos ama! Nosotros tenemos a nuestro favor esa prueba, la prueba de que Dios nos ama.
En esta Fiesta del Sagrado Corazón, hay como una nota de tristeza. Sabemos que esta Fiesta tiene su origen en unas apariciones de hace algunos siglos, en las que Cristo le hablaba a una monja, a una humilde monja, Santa Margarita María Alacoque, y le decía: "Mira, este es el Corazón que ha amado tanto a los hombres y que de la mayor parte de ellos, sólo recibe indiferencias y desprecio".
La situación no ha mejorado mucho, lamentablemente. En nuestro tiempo, también la mayor parte de lo que recibe Cristo, es indiferencia y desprecio, cuando no abierta hostilidad, ataques, agresividad.
¡Indiferencia y desprecio! Eso le da una nota de tristeza, como es triste la Cruz de Cristo. Pero lo maravilloso de las apariciones de Nuestro Señor Jesucristo a Santa Margarita María, y lo maravilloso del amor al Corazón de Cristo, y lo maravilloso de la Cruz misma de Nuestro Señor, es que es un amor, que ante la indiferencia y el desprecio, no se detiene.