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Y eso es lo que encontramos en la Cruz de Cristo: por fuera no parece sino amargura, tristeza, es algo que causa repulsión. "¡Lo vimos tan desfigurado!", dice proféticamente Isaías, "¡lo vimos tan desfigurado; ni siquiera parecía humano!" ( ''véase'' Isaías 52 , 14 ). Y dice también: "Desestimado de todos; alguien frente al cual se evita la mirada" ( ''véase'' Isaías 53, 3 ).
 
Y eso es lo que encontramos en la Cruz de Cristo: por fuera no parece sino amargura, tristeza, es algo que causa repulsión. "¡Lo vimos tan desfigurado!", dice proféticamente Isaías, "¡lo vimos tan desfigurado; ni siquiera parecía humano!" ( ''véase'' Isaías 52 , 14 ). Y dice también: "Desestimado de todos; alguien frente al cual se evita la mirada" ( ''véase'' Isaías 53, 3 ).
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¡Es tan desagradable la Cruz de Cristo! Pero por dentro, la Cruz de Cristo está colmada de dulzura, está llena de amor, está llena de belleza. Y lo cierto es que en ese amor, en esa dulzura, nosotros podemos entender la Fiesta de hoy; nosotros podemos comprender, qué es lo que se celebra en esta Fiesta del Sagrado Corazón.
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Las Lecturas que la Iglesia nos propone para este año, ( este año se llama el año C de los domingos y de las solemnidades), las Lecturas para la Fiesta del Sagrado Corazón en este año, son muy hermosas, porque nos muestran, qué era lo que estaba aconteciendo en la Cruz.
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Y por eso nos dan como caminos para ir desde la rugosidad, desde la tristeza, desde el aspecto tan horrible de afuera, hacia el aspecto hermoso;  desde el sabor ácido, amargo de afuera, hacia la dulzura de adentro.
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Dice el Profeta Ezequiel: "Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro. Como sigue el pastor el rastro de su rebaño, así seguiré yo el rastro de mis ovejas" (''véase'' Ezequiel 34 , 11-12 ).
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Este pensamiento, de pronto, puede alcanzar a conmoverlo a uno. ¡Claro!, Cristo no está así, tan rasguñado, por gusto; tampoco es un accidente. Está rasguñado, porque, allí, donde su oveja se le había perdido, había matorrales de espinas, y buscando su oveja, se rasguñó.
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No es lo mismo encontrarse con una persona que está vestida de llagas y sangre, y asustarse de ella, y encontrar a otra persona que tiene llagas y sangre, porque estaba buscando su tesoro.

Revisión del 05:03 31 may 2007

Fecha: 20010622

Título: De la tristeza de la Cruz a la alegría del Amor del Crucificado

Original en audio: 16 min. 21 seg.


Algunas veces hay piezas de metal de cobre, un metal vulgar, a las que se les echa un baño de oro. Quedan muy bonitas, pero después muestran el cobre.

Y así son muchas de las cosas de este mundo. Nos encontramos con que lo que parecía prometedor y bello, después decepciona. Y hay veces que la vida entera parece decepcionar: "¡Esperaba más de la vida!"

Esa sensación de cansancio, de frustración que engendra depresión, la viven muchas personas. Por ejemplo con los amigos: "Yo tenía mis amigos, y me han decepcionado: mostraron el cobre". Como con el amor: "¡Tan bonito que parece el noviazgo, tan prometedor, tan hermoso!, pero mostró el cobre: finalmente se destapó la olla, apareció la realidad."

Y lo que se veía muy bien al principio, luego desilusiona. Es una alegría que tiene por dentro una tristeza.

Lo mismo pasa con tantas cosas, que hay un dicho que dice: "Bueno, pero ¿por qué será que todo lo bueno, o está prohibido, o es pecado, o engorda?". Como demostrando esto, que todo parece tener su problema, su letra menuda, sus condiciones escondidas, algo alegre, pero que trae tristeza.

Ese sabor de cierta desilusión lo conoce la Sagrada Escritura. Por eso leemos en alguno de los Libros Sapienciales que "la vida del sabio es una vida marcada por la tristeza" (véase ). Y otro pensador decía: "Todo sabio considera la condición humana con un dejo de tristeza".

Por eso, cuando probamos las cosas de este mundo, terminamos un poco con la sensación que dice el Libro del Eclesiastés: "¡Al fin y al cabo qué! ¡Vanidad de vanidades! ¡Todo vanidad! ¡Todo vacío!" !(véase Eclesiastés 1 , 2 ).

Son muchas las decepciones. Casi puedo decir yo, que no hay día en la vida de un sacerdote que atiende a las personas, en el que no se encuentre testimonios y testimonios de gente decepcionada: "¡Me decepcionó la vida, me decepcionaron los hijos! ¡Yo esperaba más de mis hijos, y mire con lo que me salieron! ¡Cómo es posible que yo haga esta familia, y ni siquiera volteen a visitarme, volteen a mirarme! ¡Yo trabajaba y entregué mi vida a esa fábrica, y mire, me echaron como a un perro!"

Es decir, son muchísimos los ejemplos, y no sigo más con ellos, porque de pronto se me entristecen ustedes. Muchas cosas que parecen bonitas, por dentro tienen como una tristeza. Pero Dios, que tiene su peculiar sentido del humor, ( no es fácil encontrárselo, pero lo tiene), tiene también el ejemplo contrario: algo que por fuera parece muy triste, pero que por dentro tiene mucha alegría.

Y como las cosas de este mundo, por fuera parecen tan alegres, pero traen tristeza por dentro, entonces Dios inventó un ejemplo contrario: algo que parece muy triste por fuera, pero que trae mucho gozo, mucha dulzura, mucho amor por dentro.

Y eso es lo que encontramos en la Cruz de Cristo: por fuera no parece sino amargura, tristeza, es algo que causa repulsión. "¡Lo vimos tan desfigurado!", dice proféticamente Isaías, "¡lo vimos tan desfigurado; ni siquiera parecía humano!" ( véase Isaías 52 , 14 ). Y dice también: "Desestimado de todos; alguien frente al cual se evita la mirada" ( véase Isaías 53, 3 ).

¡Es tan desagradable la Cruz de Cristo! Pero por dentro, la Cruz de Cristo está colmada de dulzura, está llena de amor, está llena de belleza. Y lo cierto es que en ese amor, en esa dulzura, nosotros podemos entender la Fiesta de hoy; nosotros podemos comprender, qué es lo que se celebra en esta Fiesta del Sagrado Corazón.

Las Lecturas que la Iglesia nos propone para este año, ( este año se llama el año C de los domingos y de las solemnidades), las Lecturas para la Fiesta del Sagrado Corazón en este año, son muy hermosas, porque nos muestran, qué era lo que estaba aconteciendo en la Cruz.

Y por eso nos dan como caminos para ir desde la rugosidad, desde la tristeza, desde el aspecto tan horrible de afuera, hacia el aspecto hermoso; desde el sabor ácido, amargo de afuera, hacia la dulzura de adentro.

Dice el Profeta Ezequiel: "Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro. Como sigue el pastor el rastro de su rebaño, así seguiré yo el rastro de mis ovejas" (véase Ezequiel 34 , 11-12 ).

Este pensamiento, de pronto, puede alcanzar a conmoverlo a uno. ¡Claro!, Cristo no está así, tan rasguñado, por gusto; tampoco es un accidente. Está rasguñado, porque, allí, donde su oveja se le había perdido, había matorrales de espinas, y buscando su oveja, se rasguñó.

No es lo mismo encontrarse con una persona que está vestida de llagas y sangre, y asustarse de ella, y encontrar a otra persona que tiene llagas y sangre, porque estaba buscando su tesoro.