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Guardar un secreto es no decirlo, proclamar es decir, y ya deja de ser secreto, y sin embargo, el mismo Rafael realiza las dos cosas, es decir, ha guardado el secreto y ha proclamado el secreto; pero el secreto proclamado no queda violentado, no queda profanado; el secreto compartido, revelado no queda profanado. | Guardar un secreto es no decirlo, proclamar es decir, y ya deja de ser secreto, y sin embargo, el mismo Rafael realiza las dos cosas, es decir, ha guardado el secreto y ha proclamado el secreto; pero el secreto proclamado no queda violentado, no queda profanado; el secreto compartido, revelado no queda profanado. | ||
| − | Una cosa es la infidencia y otra cosa es la confidencia. La infidencia es defraudar la confianza | + | Una cosa es la infidencia y otra cosa es la confidencia. La infidencia es defraudar la confianza, la confidencia es agrandar la confianza. |
| − | Lo que Dios quiere que nosotros hagamos con su revelación es algo como un secreto, es un secreto de amor | + | Lo que Dios quiere que nosotros hagamos con su revelación es algo como un secreto, es un secreto de amor la revelación; pero ese secreto no debe ser profanado por la infidencia, sino que debe ser propagado por la confidencia. |
Revisión del 18:26 25 may 2007
Fecha: 20010609
Título:
Original en audio: 11 min. 21 seg.
Llegamos hoy al momento culminante, al desenlace, a la hora de las revelaciones en el Libro de Tobías, ¡es un pasaje tan lleno de enseñanza!
El Arcángel Rafael se muestra como la gran expresión del oído atento de Dios a las oraciones. Ese pobre hombre, Tobías, al que hemos visto sufrir tanto en las lecturas de esta semana, ese hombre al que le cae encima la desgracia, después de sólo hacer el bien,; esas lágrimas derramadas en silencio, que parecían perdidas y sólo fruto de amargura, esa es la ofrenda que el Ángel Rafael le presenta a Dios.
Es muy hermosos saber que estaba el oído de Dios en la hora de la profunda soledad, de la confusión, de la amargura. La amargura de Tobías fue terrible, ustedes recuerdan que él llegó a desearse la muerte: "Quítame la vida" (véase Tobías 3,6); pero Dios estaba ahí, estaba callado, pero estaba, y esa es una primera enseñanza para nosotros hoy.
También nosotros tenemos momentos, circunstancias, dolores en que nos abruma,nos inunda el dolor, la contradicción, la confusión, incluso, por nuestras propias culpas o las de los demás. El Ángel Rafael es la expresión del oído atento de Dios.
Otra enseñanza la podemos tomar de las frases que él dice. Yo quiero detenerme un momento en aquello de "el secreto y la revelación". Esa frase es todo un programa de vida: "Es bueno guardar el secreto del rey, y es un honor revelar y proclamar las obras de Dios" (véase Tobías 12,7). Ahí están dos afirmaciones que parecen contradictorias.
Guardar un secreto es no decirlo, proclamar es decir, y ya deja de ser secreto, y sin embargo, el mismo Rafael realiza las dos cosas, es decir, ha guardado el secreto y ha proclamado el secreto; pero el secreto proclamado no queda violentado, no queda profanado; el secreto compartido, revelado no queda profanado.
Una cosa es la infidencia y otra cosa es la confidencia. La infidencia es defraudar la confianza, la confidencia es agrandar la confianza.
Lo que Dios quiere que nosotros hagamos con su revelación es algo como un secreto, es un secreto de amor la revelación; pero ese secreto no debe ser profanado por la infidencia, sino que debe ser propagado por la confidencia.