Diferencia entre revisiones de «I014001a»
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A uno no se le ocurre en ese momento que Cristo heredó los tiempos, porque uno piensa "heredero de todo" en témpos como materiales, como que cristo se volvió el dueño de la tierra, del oro, de los países, de los imperios. Cristo es el señor del tiempo. | A uno no se le ocurre en ese momento que Cristo heredó los tiempos, porque uno piensa "heredero de todo" en témpos como materiales, como que cristo se volvió el dueño de la tierra, del oro, de los países, de los imperios. Cristo es el señor del tiempo. | ||
| − | "Ahora, en esta etapa final, Dios nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombredo heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo" (''véase'' Carta a los Hebreos 1,2). Jesucristo, Verbo de Dios, es | + | "Ahora, en esta etapa final, Dios nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombredo heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo" (''véase'' Carta a los Hebreos 1,2). Jesucristo, Verbo de Dios, es aquel por el cual se |
ha realizado las edades del mundo. | ha realizado las edades del mundo. | ||
| − | Jesús sí tien autoridad sobre el tiempo. Por eso nos dice en otro lugar la Carta a los Hebreos: "Él es el mismo ayer,hoy y siempre" (''véase'' Carta a los Hebreos ). Él tiene autoridad sobre el tiempo. Nosotros los cristianos, cuando nos unimos a Jesucristo, adquirimos también la firmeza que por nosotros mismos no teníamos. | + | Jesús sí tien autoridad sobre el tiempo. Por eso nos dice en otro lugar la Carta a los Hebreos: "Él es el mismo ayer, hoy y siempre" (''véase'' Carta a los Hebreos ). Él tiene autoridad sobre el tiempo. Nosotros, los cristianos, cuando nos unimos a Jesucristo, adquirimos también la firmeza que por nosotros mismos no teníamos. |
| − | Por nosotros mismos hoy queremos una cosa y mañana ya nos cansó y dos días después nos interesa otra y una semana dspués hemos cambiado. Decía un pensador de la antigüedad que una de las señales de la necedad es estar siempre comenzando algo. El necio siempre está empezando alguna cosa; lo | + | Por nosotros mismos hoy queremos una cosa y mañana ya nos cansó, y dos días después nos interesa otra, y una semana dspués hemos cambiado. Decía un pensador de la antigüedad que una de las señales de la necedad es estar siempre comenzando algo. El necio siempre está empezando alguna cosa; lo difícil es preguntarle, o lo interesante sería preguntarle qué termina de lo que comienza. |
| − | Está siempre empezando alguna cosa: en una cantidad de cursos, una cantidad de libros, una cantidad de teorías, una cantidad de escritos, | + | Está siempre empezando alguna cosa: en una cantidad de cursos, una cantidad de libros, una cantidad de teorías, una cantidad de escritos,todo a medio hacer, todo, todo a medio hacer. Señal de necedad: todo a medio hacer. |
| − | Cristo nos rescata de esa necedad con su sabiduría y con la potestad que tiene sobre el tiempo. Cristo hace que seamos consistentes en nuestros propósitos, que el sí de hoy sea el sí de mañana y sea el sí de siempre. Es necedad, desde luego, es la cumbre de toda necedad el separarse del | + | Cristo nos rescata de esa necedad con su sabiduría y con la potestad que tiene sobre el tiempo. Cristo hace que seamos consistentes en nuestros propósitos, que el sí de hoy sea el sí de mañana y sea el sí de siempre. Es necedad, desde luego, es la cumbre de toda necedad el separarse del Único que le da firmeza a las edades del mundo. |
Sobre esta perspectiva, volvamos al pasaje de hoy, que despertó todas estas reflexiones. Hermanos, dice el Espíritu Santo: "Hoy, si oís su voz, no endurezcáis vuestro corazón" (''véase'' Carta a los Hebreos 3,7). Podemos decir que este pasaje del capítulo tercero de la Carta a los Hebreos es una meditación sobre lo que significa ese "hoy". | Sobre esta perspectiva, volvamos al pasaje de hoy, que despertó todas estas reflexiones. Hermanos, dice el Espíritu Santo: "Hoy, si oís su voz, no endurezcáis vuestro corazón" (''véase'' Carta a los Hebreos 3,7). Podemos decir que este pasaje del capítulo tercero de la Carta a los Hebreos es una meditación sobre lo que significa ese "hoy". | ||
| − | Porque resulta que lo único sobre lo que nosotros | + | Porque resulta que lo único sobre lo que nosotros tenemos una autoridad y ésta reducida, es sobre el hoy; quedó ya demostrado que sobre el mañana no podemos sino humillarnos; y sobre el ayer no podemos sino entregarlo. El ayer y el mañana son libros sellados y nada podemos escribir en ellos. |
| − | Esto quiere decir que nuestra reducida vida humana pasa por la humidad del hoy, | + | Esto quiere decir que nuestra reducida vida humana pasa por la humidad del hoy, acerptar que lo que yo tengo se llama hoy. Uno debería escribir, -pero hoy mismo porque ya mañana no se sabel si lo va a hacer-, uno debería escribir un letrero grande que dijera: "Sólo tengo hoy"; es lo único que tengo, los otros son libros sellados, repito, y en ellos nada podemos cambiar; pero tenemos un hoy. |
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Revisión del 01:33 5 ene 2009
Fecha: 19990114
Título:
Original en audio: 19 min. 53 seg.
CONTINUARÁ LA TRANSCRIPCIÓN...
Puede decirse que el problema que trata la Carta a los Hebreos es un problema entre la fe y el tiempo. ¿Qué hacer para perseverar creyendo? Y perseverar, sostenerse en la fe, lo mismo que sostenerse en cualquiera de nuestros buenos propósitos requiere de alguna manera vencer al tiempo, ser más fuertes que el tiempo.
Pero comprobamos fácilmente que el tiempo todo lo doblega y todo lo domina; el tiempo hace caer, incluso, a los más robustos árboles; el tiempo hace extinguirse a las especies animales. Es tan inflexible el tiempo que a cada cosa que conocemos casi se le puede asignar una vida, un tiempo, un plazo, todo tiene un plazo.
¿Qué parece más firme que el sol, que a nuestros ojos aparece, y recorre la bóveda celeste como impávido del bien y del mal y de los problemas de la tierra? Sin embargo, ya los científicos saben que hay un plazo también para el sol, una sentencia que pesa sobre él, una sentencia a largo plazo, unos cuantos miles de millones de años, pero hay un plazo para él; se extinguirá.
Y esta extinción de semejante horno de fuego se parece a los que le sucede al cristiano. También noosotros, cuando estamos fervorosos, sentimos como que hay un sol que arde en nuestros corazónes. Pero también ese sol tiene sus plazos y no son plazos de miles de millones de años, son plazos breves: unas semanas o unos meses, unos contratiempos o unos años, y entonces nuestra paciencia, o nuestra alegría, o nuestra oración, al piso fueron a dar.
El tiempo es fuerte y de alguna manera, verdaderamente cristiano, es aquel que vence al tiempo. Eso es como una lucha, es como una contienda en la cual nos vemos envueltos, querámoslo admitir o no.
¿Qué va suceder con nuestra alegría? ¿Qué va a pasar con nuestros propósitos? ¿Qué habrá de nuestra oración de aquí a un tiempo? Nadie hay tan fuerte, nungún ser humano tiene la fortaleza para dar una respuesta cierta estas sencillas cuestiones.
¿Quén de nosotros, sin caer en una temeridad pecamonosa, podría decir: "De aquí a un año estaré más cerca de Dios"? ¿Acaso podemos decir siquiera: "De aquí a un año perseveraré en la fe"? ¿Es que acaso podemos llegar a afirmar: "De aquí a un año estaré"? Ni siquiera eso.
El tiempo nos vuelve a la humildad de lo que nosotros somos, a la humildad de creaturas. Es como una especie de juez inflexible para las obras, es como una especie de examen riguroso de todo lo bueno y de todo lo malo. Hay un placer que es de esta tierra, y hay un placer que es celestial. El placer de contemplar el amor de Dios es celestial. El placer de la concupiscencia pertenece sólo a esta tierra.
Pero el que ve alegre a alguien con la concupiscencia, o el que ve alegre a alguien porque ve a Dios, a veces puede confundirse. Personas hubo que, cuando me vieron contento en mi decisión vocacional hacia lo Orden de Predicadores, dijeron: "Bueno, si eso es lo que a usted le gusta..." Expresión antipática como pocas para mís oídos. Como si fuera un asunto de gusto.
"Usted se da gusto en eso, el otro se da gusto en lo otro, cada uno se da gusto en lo que cada uno quiere darse gusto". Esa expresión, esa manera de hablar indica que para muchas personas la vida es eso, darse gusto; y puesto que la vida es darse gusto, entonces parecen unas alegría intercambiable por otras: "A usted le gusta dedicarse a sus oraciones y sus penitencia y sus cosas, pues haga usted eso; a mí me gusta ganar dinero, disfrutar, pasear; déjeme a mí hacer lo mío".
Las alegría parecen intercambiables. Pero entonces llega el tiempo, ese tiempo al que acudió Jesucristo tantas veces como juez, por ejemplo, dice Él: "Por sus frutos los conoceréis" (véase ), es como diciendo: "Deja, deja que pase el tiempo. El juez será el tiempo, será él el que dicte sentencia sobre cuál de estas dos es la cizaña y cuál es el trigo; cuál tiene fruto de vida y cuál tiene fruto de muerte.
¿En qué para esa alegría estrepitosa? ¿En qué para ese gozo desbordante? Toca ver, hay que ver qué sucede. El juez es el tiempo, el tiempo finalmente abre la verdad de los corazones.
Si una persona, por ejemplo, quiere acercarse a servir a Dios, habrá que saber con qué intención se acerca, porque incluso eso que debería ser lo más limpio, lo más puro, eso que debería ser inmaculado, eso también puede estar viciado. Y por eso se necesita que pase cierto tiempo, para ver qué era lo que había en ese corazón.
Hay que dejar que pase ese tiempo y ver qué frutos aparecen, ¿fue acaso miedo? ¿Fue acaso conveniencia? ¿Fue acaso puro interés? El tiempo lo dirá.
Así pues, nos queda claro que ser cristiano es recibir una participación en el señorío que Jesucristo tiene sobre todos los tiempos. Dice al principio la Carta a los Hebreos, -casi me atrevo a apostar que muchos de nosotros nos habíamos olvidado de eso-, mira lo que dice al principio la Carta a los Hebreos: "Ahora, en esta etapa final, Dios nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo" (Carta a los Hebreos 1,2).
A uno no se le ocurre en ese momento que Cristo heredó los tiempos, porque uno piensa "heredero de todo" en témpos como materiales, como que cristo se volvió el dueño de la tierra, del oro, de los países, de los imperios. Cristo es el señor del tiempo.
"Ahora, en esta etapa final, Dios nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombredo heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo" (véase Carta a los Hebreos 1,2). Jesucristo, Verbo de Dios, es aquel por el cual se ha realizado las edades del mundo.
Jesús sí tien autoridad sobre el tiempo. Por eso nos dice en otro lugar la Carta a los Hebreos: "Él es el mismo ayer, hoy y siempre" (véase Carta a los Hebreos ). Él tiene autoridad sobre el tiempo. Nosotros, los cristianos, cuando nos unimos a Jesucristo, adquirimos también la firmeza que por nosotros mismos no teníamos.
Por nosotros mismos hoy queremos una cosa y mañana ya nos cansó, y dos días después nos interesa otra, y una semana dspués hemos cambiado. Decía un pensador de la antigüedad que una de las señales de la necedad es estar siempre comenzando algo. El necio siempre está empezando alguna cosa; lo difícil es preguntarle, o lo interesante sería preguntarle qué termina de lo que comienza.
Está siempre empezando alguna cosa: en una cantidad de cursos, una cantidad de libros, una cantidad de teorías, una cantidad de escritos,todo a medio hacer, todo, todo a medio hacer. Señal de necedad: todo a medio hacer.
Cristo nos rescata de esa necedad con su sabiduría y con la potestad que tiene sobre el tiempo. Cristo hace que seamos consistentes en nuestros propósitos, que el sí de hoy sea el sí de mañana y sea el sí de siempre. Es necedad, desde luego, es la cumbre de toda necedad el separarse del Único que le da firmeza a las edades del mundo.
Sobre esta perspectiva, volvamos al pasaje de hoy, que despertó todas estas reflexiones. Hermanos, dice el Espíritu Santo: "Hoy, si oís su voz, no endurezcáis vuestro corazón" (véase Carta a los Hebreos 3,7). Podemos decir que este pasaje del capítulo tercero de la Carta a los Hebreos es una meditación sobre lo que significa ese "hoy".
Porque resulta que lo único sobre lo que nosotros tenemos una autoridad y ésta reducida, es sobre el hoy; quedó ya demostrado que sobre el mañana no podemos sino humillarnos; y sobre el ayer no podemos sino entregarlo. El ayer y el mañana son libros sellados y nada podemos escribir en ellos.
Esto quiere decir que nuestra reducida vida humana pasa por la humidad del hoy, acerptar que lo que yo tengo se llama hoy. Uno debería escribir, -pero hoy mismo porque ya mañana no se sabel si lo va a hacer-, uno debería escribir un letrero grande que dijera: "Sólo tengo hoy"; es lo único que tengo, los otros son libros sellados, repito, y en ellos nada podemos cambiar; pero tenemos un hoy.
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