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Pero comprobamos fácilmente que el tiempo todo lo doblega y todo lo domina; el tiempo hace caer, incluso, a los más robustos árboles, el tiempo hace extinguirse a las especies animales. Es tan inflexible el tiempo que a cada cosa que conocemos casi se le puede asignar una vida, un tiempo, un plazo, todo tiene un plazo.
 
Pero comprobamos fácilmente que el tiempo todo lo doblega y todo lo domina; el tiempo hace caer, incluso, a los más robustos árboles, el tiempo hace extinguirse a las especies animales. Es tan inflexible el tiempo que a cada cosa que conocemos casi se le puede asignar una vida, un tiempo, un plazo, todo tiene un plazo.
  
¿Qué parece más firme que el sol, que a nuestros ojos aparece, y recorre la bóveda celeste como impávido del bien y del mal y de los problemas de la tierra? Sin embargo, ya los científicos saben que hay un plazo también para el sol, una sentencia que pesa sobre él, una sentencia a largo plazo, unos cuantos miles de millones de años,pero hay un plazo para él; se extinguirá.
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¿Qué parece más firme que el sol, que a nuestros ojos aparece, y recorre la bóveda celeste como impávido del bien y del mal y de los problemas de la tierra? Sin embargo, ya los científicos saben que hay un plazo también para el sol, una sentencia que pesa sobre él, una sentencia a largo plazo, unos cuantos miles de millones de años, pero hay un plazo para él; se extinguirá.
  
 
Y esta extinción de semejante horno de fuego se parece a los que le sucede al cristiano. También noosotros, cuando estamos fervorosos, sentimos como que hay un sol que arde en nuestros corazónes. Pero también ese sol tiene sus plazos y no son plazos de miles de millones de años, son plazosa breves: unas semanas o unos meses, unos contratiempos o unos años, y entonces nuestra paciencia, o nuestra alegría, o nuestra oración, al piso fueron a dar.
 
Y esta extinción de semejante horno de fuego se parece a los que le sucede al cristiano. También noosotros, cuando estamos fervorosos, sentimos como que hay un sol que arde en nuestros corazónes. Pero también ese sol tiene sus plazos y no son plazos de miles de millones de años, son plazosa breves: unas semanas o unos meses, unos contratiempos o unos años, y entonces nuestra paciencia, o nuestra alegría, o nuestra oración, al piso fueron a dar.
  
El tiempo es fuerte y de alguna manera, verdaderamente cristiano, es aquel que vence la tiempo. Eso es como una lucha, es como una contienda en la cual nos vemos envueltos, querámoslo admitir o no.
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El tiempo es fuerte y de alguna manera, verdaderamente cristiano, es aquel que vence al tiempo. Eso es como una lucha, es como una contienda en la cual nos vemos envueltos, querámoslo admitir o no.
  
¿Qué va suceder con nuestra alegría? ¿Qué va a pasar con nuestros propósitos? ¿qué habrá de nuestra oración de aquí a un tiempo? Nadie hay tan fuerte, nungún ser humano tiene la fortaleza para dar una respuesta cierta estas sencillas cuestiones.  
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¿Qué va suceder con nuestra alegría? ¿Qué va a pasar con nuestros propósitos? ¿Qué habrá de nuestra oración de aquí a un tiempo? Nadie hay tan fuerte, nungún ser humano tiene la fortaleza para dar una respuesta cierta estas sencillas cuestiones.  
  
 
¿Quén de nosotros, sin caer en una temeridad pecamonosa, podría decir "de aquí a un año estaré más cerca de Dios"? ¿Acaso podemos decir siquiera "de aquí a un año perseveraré en la fe"? ¿Es que acaso podemos llegar a afirmar "de aquí a un año estaré"? Ni siquiera eso.
 
¿Quén de nosotros, sin caer en una temeridad pecamonosa, podría decir "de aquí a un año estaré más cerca de Dios"? ¿Acaso podemos decir siquiera "de aquí a un año perseveraré en la fe"? ¿Es que acaso podemos llegar a afirmar "de aquí a un año estaré"? Ni siquiera eso.
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Eltiempo nos vuelve a la humildad de lo que noostros somos, a la humildad de creaturas. Es como una especie de juez inflexible para las obras, es como una especie de examen riguroso de todo lo bueno y de todo lo malo. Hay un placer que es de esta tierra,  y hay un placer que es celestial. El placer de contemplar el amor de Dios es celestial. Elplacer de la concupiscencia pertenece sólo a esta tierra.
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Pero el que ve alegre a alguien con la concupiscencia, o el que ve alegre a alguien porque ve a Dios, a veces puede confundirse. Personas hubo que, cuando me vieron contento en mi decisión vocacionalhacia lo Orden de Predicadores, dijeron:"Bueno, si eso es lo que a usted le gusta..." Expresión antipática como pocas para mís oídos. Como si fuera un asunto de gusto.
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Usted se da gusto en eso, el otro se da gusto en lo otro, cada uno  se da gusto en lo que cada uno quiere darse gusto. Esa expresión, esa manera de hablar indica que para muchas personas la vida es eso, darse gusto; y puesto que la vida es darse gusto, entonces parecen unas alegría intercambiable por otras: "A usted le gusta dedicarse a sus oraciones y sus penitencia y sus cosas, pues haga usted eso; a mí me gusta ganar dinero, disfrutar, pasear; déjeme a mí hacer lo mío".
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Las alegría parecen intercambiables. Pero entonces llega el tiempo, ese tiempo al que acudió Jesucristo tantas veces como juez, por ejemplo, dice Él: "Por sus frutos los conoceréis",  es como diciendo: "Deja, deja que pase el tiempo. El juez será el tiempo, será él el que dicte sentencia sobre cuál de estas dos es la cizaña y cuál es el trigo; cuál tien fruto de vida y cuál tiene fruto de muerte.
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En qué para esa alegría estrepitosa, en qué para ese gozo desbordante, toca ver, hay que ver qué sucede. El juez es el tiempo, el tiempo finalmente abre la verdad de los corazones.
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Si una persona, por ejemplo, quiere acercarse a servir a Dios, habrá que saber con qué intención se acerca, porque incluso eso que debería ser lo más limpio, lo más puro, eso que debería ser inmaculado, eso también puede estar viciado. Y por eso se necesita que pase cierto tiempo, para ver qué era lo que había en ese corazón.
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Hay que dejar que pase ese tiempo y ver qué frutos aparecen, ¿fue acaso miedo? ¿Fue acaso conveniencia? ¿Fue acaso puro interés? El tiempo lo dirá.
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Así pues, nos queda claro que ser cristiano es recibir una participación en el señorío que Jesucristo tiene sobre todos los tiempos. Dice al principio la Carta a los Hebreos, -casi me atrevo a apostar que muchos de nosotros nos habíamos olvidado de eso-, mira lo que dice al principio la Carta a los Hebreos: "Ahora en esta etapa final Dios nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo

Revisión del 00:16 5 ene 2009

Fecha: 19990114

Título:

Original en audio: 19 min. 53 seg.

Puede decirse que elproblema que trata la Carta a los Hebreos es un problema entre la fe y el tiempo: ¿qué hacer para perseverar creyendo? Y perseverar, sostenerse en la fe, lo mismo que sostenerse en cualquiera de nuestros buenos proósitos requiere de alguna manera vencer al tiempo, ser más fuertes que el tiempo.

Pero comprobamos fácilmente que el tiempo todo lo doblega y todo lo domina; el tiempo hace caer, incluso, a los más robustos árboles, el tiempo hace extinguirse a las especies animales. Es tan inflexible el tiempo que a cada cosa que conocemos casi se le puede asignar una vida, un tiempo, un plazo, todo tiene un plazo.

¿Qué parece más firme que el sol, que a nuestros ojos aparece, y recorre la bóveda celeste como impávido del bien y del mal y de los problemas de la tierra? Sin embargo, ya los científicos saben que hay un plazo también para el sol, una sentencia que pesa sobre él, una sentencia a largo plazo, unos cuantos miles de millones de años, pero hay un plazo para él; se extinguirá.

Y esta extinción de semejante horno de fuego se parece a los que le sucede al cristiano. También noosotros, cuando estamos fervorosos, sentimos como que hay un sol que arde en nuestros corazónes. Pero también ese sol tiene sus plazos y no son plazos de miles de millones de años, son plazosa breves: unas semanas o unos meses, unos contratiempos o unos años, y entonces nuestra paciencia, o nuestra alegría, o nuestra oración, al piso fueron a dar.

El tiempo es fuerte y de alguna manera, verdaderamente cristiano, es aquel que vence al tiempo. Eso es como una lucha, es como una contienda en la cual nos vemos envueltos, querámoslo admitir o no.

¿Qué va suceder con nuestra alegría? ¿Qué va a pasar con nuestros propósitos? ¿Qué habrá de nuestra oración de aquí a un tiempo? Nadie hay tan fuerte, nungún ser humano tiene la fortaleza para dar una respuesta cierta estas sencillas cuestiones.

¿Quén de nosotros, sin caer en una temeridad pecamonosa, podría decir "de aquí a un año estaré más cerca de Dios"? ¿Acaso podemos decir siquiera "de aquí a un año perseveraré en la fe"? ¿Es que acaso podemos llegar a afirmar "de aquí a un año estaré"? Ni siquiera eso.

Eltiempo nos vuelve a la humildad de lo que noostros somos, a la humildad de creaturas. Es como una especie de juez inflexible para las obras, es como una especie de examen riguroso de todo lo bueno y de todo lo malo. Hay un placer que es de esta tierra, y hay un placer que es celestial. El placer de contemplar el amor de Dios es celestial. Elplacer de la concupiscencia pertenece sólo a esta tierra.

Pero el que ve alegre a alguien con la concupiscencia, o el que ve alegre a alguien porque ve a Dios, a veces puede confundirse. Personas hubo que, cuando me vieron contento en mi decisión vocacionalhacia lo Orden de Predicadores, dijeron:"Bueno, si eso es lo que a usted le gusta..." Expresión antipática como pocas para mís oídos. Como si fuera un asunto de gusto.

Usted se da gusto en eso, el otro se da gusto en lo otro, cada uno se da gusto en lo que cada uno quiere darse gusto. Esa expresión, esa manera de hablar indica que para muchas personas la vida es eso, darse gusto; y puesto que la vida es darse gusto, entonces parecen unas alegría intercambiable por otras: "A usted le gusta dedicarse a sus oraciones y sus penitencia y sus cosas, pues haga usted eso; a mí me gusta ganar dinero, disfrutar, pasear; déjeme a mí hacer lo mío".

Las alegría parecen intercambiables. Pero entonces llega el tiempo, ese tiempo al que acudió Jesucristo tantas veces como juez, por ejemplo, dice Él: "Por sus frutos los conoceréis", es como diciendo: "Deja, deja que pase el tiempo. El juez será el tiempo, será él el que dicte sentencia sobre cuál de estas dos es la cizaña y cuál es el trigo; cuál tien fruto de vida y cuál tiene fruto de muerte.

En qué para esa alegría estrepitosa, en qué para ese gozo desbordante, toca ver, hay que ver qué sucede. El juez es el tiempo, el tiempo finalmente abre la verdad de los corazones.

Si una persona, por ejemplo, quiere acercarse a servir a Dios, habrá que saber con qué intención se acerca, porque incluso eso que debería ser lo más limpio, lo más puro, eso que debería ser inmaculado, eso también puede estar viciado. Y por eso se necesita que pase cierto tiempo, para ver qué era lo que había en ese corazón.

Hay que dejar que pase ese tiempo y ver qué frutos aparecen, ¿fue acaso miedo? ¿Fue acaso conveniencia? ¿Fue acaso puro interés? El tiempo lo dirá.

Así pues, nos queda claro que ser cristiano es recibir una participación en el señorío que Jesucristo tiene sobre todos los tiempos. Dice al principio la Carta a los Hebreos, -casi me atrevo a apostar que muchos de nosotros nos habíamos olvidado de eso-, mira lo que dice al principio la Carta a los Hebreos: "Ahora en esta etapa final Dios nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo