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''¡Y hay que estar atentos! Hay que utilizar la memoria como tesoro precioso para guardar todo eso que Dios da. Hay que utilizar la inteligencia, para conectar los puntos, para ver cómo se relaciona una cosa con otra. Y hay que utilizar la voluntad, para ponernos en camino. No basta con quedarse mirando estrellas hermosas en el cielo. ¡Hay que ponerse en camino! ¡Hay que seguir las señales que Dios nos da!'' | ''¡Y hay que estar atentos! Hay que utilizar la memoria como tesoro precioso para guardar todo eso que Dios da. Hay que utilizar la inteligencia, para conectar los puntos, para ver cómo se relaciona una cosa con otra. Y hay que utilizar la voluntad, para ponernos en camino. No basta con quedarse mirando estrellas hermosas en el cielo. ¡Hay que ponerse en camino! ¡Hay que seguir las señales que Dios nos da!'' | ||
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| + | El camino de los Reyes Magos, por eso tiene una importancia inmensa. No es solamente una anécdota del tiempo de la primera infancia de Jesucristo. Es la parábola de la vida entera. Es lo que cada uno de nosotros es. También nosotros salimos en la noche como ellos salían, y también nosotros buscamos alguna luz. | ||
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| + | "Ahora, ¿qué voy a hacer con mi vida? Ahora, ¿qué es lo que tengo que hacer? Ahora, ¿qué es lo mejor?" Algunas veces esa pregunta se plantea de un modo dramático. "Y ahora, ¿qué sigue? ¿Qué es lo que me toca ahora?" ¡Es algo dramático! | ||
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| + | Otras veces es como un llamado suave de amor, como cuando cada uno de nosotros, religiosos y religiosas, empezó a sentir: "Tal vez Dios quiere para mí otra clase de existencia". Y también ahí hubo estrellas, señales, mensajes, que nos pusieron en camino, que nos hicieron recorrer el camino. | ||
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| + | Es muy hermoso ver que las señales, Dios las da apropiadas a cada persona. Estos sabios de Oriente habían crecido en un ambiente de astrología, y por tanto, ellos miraban hacia el cielo, oteaban la inmensidad del cosmos, y ahí, a través de ese camino, les habló Dios. | ||
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| + | ¡Es maravilloso ver cómo Dios se adapta a cada circunstancia, a cada psicología, a cada cultura! Las señales de Dios son siempre de Él, pero son también nuestras, porque están tan adaptadas a lo que nosotros somos, ¡tan perfectamente adaptadas! | ||
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| + | Es muy hermoso ver en la historia de los Santos, cómo Dios habló a cada uno de ellos según su temperamento. A Ignacio, por ejemplo, a Ignacio de Loyola, lo fascinó con la idea de alistarse en el ejército de Jesucristo. Éste era un soldado. Ese era el lenguaje que había que utilizar. | ||
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| + | A Tomás de Aquino lo cautivó, lo atrajo, lo sedujo, con la posibilidad de encontrar la sabiduría infinita, inagotable, que sólo está en el Verbo de Dios. A Martín de Porres lo atrajo en el camino del servicio, del amor, de la caridad y de la alegría. | ||
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| + | Y así, a cada uno de ellos. Por consiguiente, nosotros no tenemos que juzgar de las señales de otras personas. No nos corresponde decir si esas señales son o no son apropiadas para ellos. | ||
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| + | ''Nuestra verdadera tarea es encontrar en nuestra propia historia, en nuestra propia lógica, con nuestras limitaciones que son muchas, cómo el Señor nos está llamando y cómo Él nos está poniendo en camino.'' | ||
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| + | ''Hay que destacar que ese camino tiene una meta. Nosotros no caminamos en círculos. La historia humana no es una repetición, simplemente. Nosotros avanzamos, hay una meta que se llama Jesucristo, y hay una actitud final que se llama adoración.'' | ||
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| + | Jesús es al mismo tiempo, Camino, Verdad y Vida. Camino, porque con sus mandatos y consejos, nos mueve. Verdad y vida, porque en Él se encuentra esa plenitud que nos lleva a adorar. | ||
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| + | Mas, yo quiero destacar esa palabra adoración. Sólo en la adoración podemos tener ya en esta tierra, una pequeña experiencia de cuál es el desenlace de la vida humana, para qué existimos finalmente, para qué está la vida humana. | ||
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| + | ''Existimos para el encuentro, existimos para encontrar y ser encontrados. Existimos para llegar a ese Jesús, a esa Verdad, a esa Luz. Existimos para poder mirarlo, para asombrarnos, con un asombro que detiene el tiempo, con un asombro que deja de lado el tiempo.'' | ||
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| + | Como el Papa que tenemos es teólogo y filósofo, tiene unas expresiones bellísimas sobre esto de la eternidad, cómo la eternidad no es una duración indefinida. | ||
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| + | ''"La eternidad es como el asombro que hace desaparecer el tiempo. Es como la sorpresa que va más allá de lo que podemos imaginar, y que deja de lado incluso el propio ser".'' | ||
Revisión del 22:48 30 dic 2008
Fecha: 20080106
Título: El camino de los Reyes Magos conduce a la adoración
Original en audio: 19 min. 8 seg.
La vida humana no es completamente oscura ni completamente clara. El mundo no es completamente bueno ni perdidamente malo. La gente que conocemos, la familia de la que venimos, la Orden religiosa en la que estamos, no es perfectamente blanca ni perfectamente negra.
La tentación sería decir que todo es gris, o decir que todo da lo mismo. Pero, la Biblia toma un camino diferente. La Biblia no dice que todo sea claro ni que todo sea oscuro. Lo que dice es que en medio de la oscuridad, brillan las señales que da el amor de Dios.
El modelo cristiano no es el modelo gris, no es el modelo de pensar que todo da lo mismo. No da lo mismo ser fiel que ser infiel. No es lo mismo vivir en la ignorancia, o esforzarse por buscar la verdad. No es lo mismo cultivar la lealtad y la generosidad, que dejar crecer el egoísmo y la desidia. ¡No puede ser lo mismo!
Precisamente, el Papa Benedicto XVI, refiriéndose al final de la historia humana, declara: "¡No puede ser lo mismo! No puede ser lo mismo aquel que se ha entregado con generosidad al servicio de los hermanos, o aquel que dilapidó todos sus bienes, gastó todo únicamente en sí mismo".
El modelo bíblico, por consiguiente, no es el modelo de, "todo da lo mismo". Ese es el modelo, en cambio, que quieren imponernos hoy: que da lo mismo ser hombre que ser mujer; que da lo mismo hablar una lengua o la otra; que da lo mismo perder nuestras raíces culturales o matricularnos en una especie de cultura universal, en donde todos repetimos las mismas canciones, nos ponemos la misma ropa y sobre todo, gastamos en el mismo mercado.
La Biblia no sigue ese camino. El camino de la Biblia es el camino de los Reyes Magos. Es la oscuridad de la noche, pero también es el esplendor de la estrella. El camino de la Biblia es el camino de las señales que va dando Dios, señales que son regalo suyo, pero también son nuestra tarea.
Son regalo suyo, porque nos van mostrando su voluntad, nos van mostrando quién es Él, nos van mostrando también quiénes somos nosotros. Todo eso nos dan las señales de Dios.
Sin embargo, son además nuestra tarea, porque las cosas no están completamente resueltas. Es necesario, como ya hizo la Santísima Virgen María, aplicarse a meditar en el corazón: "¿Qué me quiere decir Dios con esto?"
Para nosotros, los acontecimientos no son el resultado de un destino fatal. Para nosotros, los acontecimientos no son el resultado de una maquinaria de poder, o de economía, o de política, o de ciencia, o de genética.
Para nosotros, los acontecimientos son sílabas de una canción, que si uno está suficientemente atento, la puede percibir. Hay una música en la vida. Dios va creando una melodía día por día. Pero, nos regala en cada instante solamente una sílaba, solamente una nota.
¡Y hay que estar atentos! Hay que utilizar la memoria como tesoro precioso para guardar todo eso que Dios da. Hay que utilizar la inteligencia, para conectar los puntos, para ver cómo se relaciona una cosa con otra. Y hay que utilizar la voluntad, para ponernos en camino. No basta con quedarse mirando estrellas hermosas en el cielo. ¡Hay que ponerse en camino! ¡Hay que seguir las señales que Dios nos da!
El camino de los Reyes Magos, por eso tiene una importancia inmensa. No es solamente una anécdota del tiempo de la primera infancia de Jesucristo. Es la parábola de la vida entera. Es lo que cada uno de nosotros es. También nosotros salimos en la noche como ellos salían, y también nosotros buscamos alguna luz.
"Ahora, ¿qué voy a hacer con mi vida? Ahora, ¿qué es lo que tengo que hacer? Ahora, ¿qué es lo mejor?" Algunas veces esa pregunta se plantea de un modo dramático. "Y ahora, ¿qué sigue? ¿Qué es lo que me toca ahora?" ¡Es algo dramático!
Otras veces es como un llamado suave de amor, como cuando cada uno de nosotros, religiosos y religiosas, empezó a sentir: "Tal vez Dios quiere para mí otra clase de existencia". Y también ahí hubo estrellas, señales, mensajes, que nos pusieron en camino, que nos hicieron recorrer el camino.
Es muy hermoso ver que las señales, Dios las da apropiadas a cada persona. Estos sabios de Oriente habían crecido en un ambiente de astrología, y por tanto, ellos miraban hacia el cielo, oteaban la inmensidad del cosmos, y ahí, a través de ese camino, les habló Dios.
¡Es maravilloso ver cómo Dios se adapta a cada circunstancia, a cada psicología, a cada cultura! Las señales de Dios son siempre de Él, pero son también nuestras, porque están tan adaptadas a lo que nosotros somos, ¡tan perfectamente adaptadas!
Es muy hermoso ver en la historia de los Santos, cómo Dios habló a cada uno de ellos según su temperamento. A Ignacio, por ejemplo, a Ignacio de Loyola, lo fascinó con la idea de alistarse en el ejército de Jesucristo. Éste era un soldado. Ese era el lenguaje que había que utilizar.
A Tomás de Aquino lo cautivó, lo atrajo, lo sedujo, con la posibilidad de encontrar la sabiduría infinita, inagotable, que sólo está en el Verbo de Dios. A Martín de Porres lo atrajo en el camino del servicio, del amor, de la caridad y de la alegría.
Y así, a cada uno de ellos. Por consiguiente, nosotros no tenemos que juzgar de las señales de otras personas. No nos corresponde decir si esas señales son o no son apropiadas para ellos.
Nuestra verdadera tarea es encontrar en nuestra propia historia, en nuestra propia lógica, con nuestras limitaciones que son muchas, cómo el Señor nos está llamando y cómo Él nos está poniendo en camino.
Hay que destacar que ese camino tiene una meta. Nosotros no caminamos en círculos. La historia humana no es una repetición, simplemente. Nosotros avanzamos, hay una meta que se llama Jesucristo, y hay una actitud final que se llama adoración.
Jesús es al mismo tiempo, Camino, Verdad y Vida. Camino, porque con sus mandatos y consejos, nos mueve. Verdad y vida, porque en Él se encuentra esa plenitud que nos lleva a adorar.
Mas, yo quiero destacar esa palabra adoración. Sólo en la adoración podemos tener ya en esta tierra, una pequeña experiencia de cuál es el desenlace de la vida humana, para qué existimos finalmente, para qué está la vida humana.
Existimos para el encuentro, existimos para encontrar y ser encontrados. Existimos para llegar a ese Jesús, a esa Verdad, a esa Luz. Existimos para poder mirarlo, para asombrarnos, con un asombro que detiene el tiempo, con un asombro que deja de lado el tiempo.
Como el Papa que tenemos es teólogo y filósofo, tiene unas expresiones bellísimas sobre esto de la eternidad, cómo la eternidad no es una duración indefinida.
"La eternidad es como el asombro que hace desaparecer el tiempo. Es como la sorpresa que va más allá de lo que podemos imaginar, y que deja de lado incluso el propio ser".