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Revisión del 22:06 30 dic 2008
Fecha: 20080106
Título: El camino de los Reyes Magos conduce a la adoración
Original en audio: 19 min. 8 seg.
La vida humana no es completamente oscura ni completamente clara. El mundo no es completamente bueno ni perdidamente malo. La gente que conocemos, la familia de la que venimos, la Orden religiosa en la que estamos, no es perfectamente blanca ni perfectamente negra.
La tentación sería decir que todo es gris, o decir que todo da lo mismo. Pero, la Biblia toma un camino diferente. La Biblia no dice que todo sea claro ni que todo sea oscuro. Lo que dice es que en medio de la oscuridad, brillan las señales que da el amor de Dios.
El modelo cristiano no es el modelo gris, no es el modelo de pensar que todo da lo mismo. No da lo mismo ser fiel que ser infiel. No es lo mismo vivir en la ignorancia, o esforzarse por buscar la verdad. No es lo mismo cultivar la lealtad y la generosidad, que dejar crecer el egoísmo y la desidia. ¡No puede ser lo mismo!
Precisamente, el Papa Benedicto XVI, refiriéndose al final de la historia humana, declara: "¡No puede ser lo mismo! No puede ser lo mismo aquel que se ha entregado con generosidad al servicio de los hermanos, o aquel que dilapidó todos sus bienes, gastó todo únicamente en sí mismo".
El modelo bíblico, por consiguiente, no es el modelo de, "todo da lo mismo". Ese es el modelo, en cambio, que quieren imponernos hoy: que da lo mismo ser hombre que ser mujer; que da lo mismo hablar una lengua o la otra; que da lo mismo perder nuestras raíces culturales o matricularnos en una especie de cultura universal, en donde todos repetimos las mismas canciones, nos ponemos la misma ropa y sobre todo, gastamos en el mismo mercado.
La Biblia no sigue ese camino. El camino de la Biblia es el camino de los Reyes Magos. Es la oscuridad de la noche, pero también es el esplendor de la estrella. El camino de la Biblia es el camino de las señales que va dando Dios, señales que son regalo suyo, pero también son nuestra tarea.
Son regalo suyo, porque nos van mostrando su voluntad, nos van mostrando quién es Él, nos van mostrando también quiénes somos nosotros. Todo eso nos dan las señales de Dios.
Sin embargo, son además nuestra tarea, porque las cosas no están completamente resueltas. Es necesario, como ya hizo la Santísima Virgen María, aplicarse a meditar en el corazón: "¿Qué me quiere decir Dios con esto?"
Para nosotros, los acontecimientos no son el resultado de un destino fatal. Para nosotros, los acontecimientos no son el resultado de una maquinaria de poder, o de economía, o de política, o de ciencia, o de genética.
Para nosotros, los acontecimientos son sílabas de una canción, que si uno está suficientemente atento, la puede percibir. Hay una música en la vida. Dios va creando una melodía día por día. Pero, nos regala en cada instante solamente una sílaba, solamente una nota.
¡Y hay que estar atentos! Hay que utilizar la memoria como tesoro precioso para guardar todo eso que Dios da. Hay que utilizar la inteligencia, para conectar los puntos, para ver cómo se relaciona una cosa con otra. Y hay que utilizar la voluntad, para ponernos en camino. No basta con quedarse mirando estrellas hermosas en el cielo. ¡Hay que ponerse en camino! ¡Hay que seguir las señales que Dios nos da!