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Como sabemos, el Adviento tiene dos partes: hasta el día dieciséis de diciembre, el tono de las lecturas lo da la primera de ellas, que es tomada casi invariablemente, creo yo, del Profeta Isaías. Es la primera lectura la que lleva la nota dominante, y es Isaías el que nos va presentando, podríamos decir, el hambre de Dios, la necesidad de Dios, y al mismo tiempo, las hermosas promesas que el Señor hace.
 
Como sabemos, el Adviento tiene dos partes: hasta el día dieciséis de diciembre, el tono de las lecturas lo da la primera de ellas, que es tomada casi invariablemente, creo yo, del Profeta Isaías. Es la primera lectura la que lleva la nota dominante, y es Isaías el que nos va presentando, podríamos decir, el hambre de Dios, la necesidad de Dios, y al mismo tiempo, las hermosas promesas que el Señor hace.
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De este modo la Iglesia quiere que en nuestro corazón recuperemos la conciencia de la necesidad divina, de la necesidad de Dios. Y lo hace por medio de Isaías, recordándonos el anhelo del corazón humano, y recordándonos las grandes promesas del corazón divino.
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Durante esa primera parte del Adviento, que terminamos hace dos días, el evangelio va acompañando el ritmo de la lectura profética. De manera que el evangelio va mostrando como en Jesús se sacia esa hambre que hay en nuestro corazón, y como en Jesús se cumplen las promesas que Dios había hecho.

Revisión del 16:04 27 nov 2008

Fecha: 20011218

Título:

Original en audio: 20 min. 9 seg.


Como sabemos, el Adviento tiene dos partes: hasta el día dieciséis de diciembre, el tono de las lecturas lo da la primera de ellas, que es tomada casi invariablemente, creo yo, del Profeta Isaías. Es la primera lectura la que lleva la nota dominante, y es Isaías el que nos va presentando, podríamos decir, el hambre de Dios, la necesidad de Dios, y al mismo tiempo, las hermosas promesas que el Señor hace.

De este modo la Iglesia quiere que en nuestro corazón recuperemos la conciencia de la necesidad divina, de la necesidad de Dios. Y lo hace por medio de Isaías, recordándonos el anhelo del corazón humano, y recordándonos las grandes promesas del corazón divino.

Durante esa primera parte del Adviento, que terminamos hace dos días, el evangelio va acompañando el ritmo de la lectura profética. De manera que el evangelio va mostrando como en Jesús se sacia esa hambre que hay en nuestro corazón, y como en Jesús se cumplen las promesas que Dios había hecho.