Diferencia entre revisiones de «O341002a»

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Revisión del 10:22 9 nov 2008

Fecha: 20001127

Título: “Convertirse es, entre otras cosas, sintonizarse con Dios”

Original en audio: 04min. 51seg.


Jesús en el Evangelio aparece como distante podríamos decir; distante de las cosas que atraen la admiración, los elogios, los aplausos, el corazón de la gente.

En el Evangelio de mañana, por ejemplo, vamos a ver a un Jesús distante de la admiración del templo; la gente ponderaba la belleza del templo; Jesús se muestra apático a ese sentimiento; casi displicente. Distante.

Por eso, Jesús nos desconcierta y quieren asustarlo una vez “Herodes te anda buscando” Jesús tomó la cosa casi con displicencia: “Díganle a ese zorro: “Hoy y mañana sigo; pasado mañana llego a mi final”

Jesús no se deja asustar por lo que aterroriza a la gente, y no parece que admire mucho lo que suele admirar la gente, ¿Por qué? ¿Tal vez, porque este Jesús carece de sensibilidad o nada le admira? Todo lo contrario, sus Parábolas nos muestran una mirada capaz de captar detalle; capaz de descubrir con finura el paso de Dios.

Jesús se da cuenta de todo; toma nota de todo, incluyendo, la limosna pobre, pero rica de esta viuda. No es que Jesús no pueda admirar, es que, Él admira otras cosas. No es que Jesús no sienta miedo, es que, Él siente miedo de otras cosas. No es que no tenga tristeza, es que, lo entristecen otras cosas.

Porque el miedo, la tristeza, o la alegría son expresiones del género de amor que hay en el corazón. Una persona que tenga amor, por ejemplo, a la vanagloria cuando ve cosas espectaculares que despiertan el asombro de la gente, también se asombra, porque ahí tiene su corazón; pero, si una persona no quiere el asombro de la gente, sino quiere la gloria de Dios, y esa persona es Jesucristo, entonces, le admiran otras cosas.

Convertirse es, entre otras cosas, sintonizarse con Dios; aprender a sentir como siente Dios; aprender amar como Él ama; alegrarse de lo que a Él le alegra; entristecerse de lo que le entristece; admirarse de lo que Él admira.

Jesús se admira de pocas cosas en el Evangelio, y una de esas pocas cosas que atraen su mirada y que le despiertan, es la escena que hemos visto “Ha echado todo lo que tenía para vivir” (véase San Lucas 21,4)

Quedémonos con esa mirada de Cristo; quedémonos con esa rebeldía, con esa distancia de Cristo, con esa revolución que trae Cristo; quedémonos extrañados por ese Cristo, que a veces actúa de manera tan rara, tan insólita.

Quedémonos extrañados mirando esos ojos, tratemos de descubrir ese misterio. Nuestro tiempo de oración, y de reflexión está empezando.