Diferencia entre revisiones de «Ao30001a»

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar
m (Protegió Ao30001a: transcribiendo [edit=sysop:move=sysop])
Línea 19: Línea 19:
  
 
''Es decir, en Jesucristo están unidos, están fundidos estos dos mandamientos. En Jesucristo aprendemos, que no se puede separar una espiritualidad que busque amar a Dios, dando la espalda al prójimo. En Jesucristo aprendemos, que no es posible buscar la promoción humana, olvidándose de la espiritualidad, de la mística, del amor de Dios, de los sacramentos, de la Palabra''.
 
''Es decir, en Jesucristo están unidos, están fundidos estos dos mandamientos. En Jesucristo aprendemos, que no se puede separar una espiritualidad que busque amar a Dios, dando la espalda al prójimo. En Jesucristo aprendemos, que no es posible buscar la promoción humana, olvidándose de la espiritualidad, de la mística, del amor de Dios, de los sacramentos, de la Palabra''.
 +
 +
Aquí cabe también lo que dijo Jesús sobre el matrimonio: "Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre" ( ''véase'' San Mateo 19,6). Así como en Jesucristo, en santo matrimonio estuvieron la naturaleza humana y la naturaleza divina, en Jesucristo, en santo matrimonio están el pleno y perfecto amor a Dios y el inmenso, inagotable amor al hombre.
 +
 +
Pero, todavía podemos preguntar más: ¿Y cómo se alcanza esa unidad? Porque, indudablemente, eso está perfectamente unido en Jesús. ¿Y en nosotros? ¿Cómo se puede encontrar esa unidad en nosotros? ¿Cómo la podemos buscar? ¿Cómo la podemos vivir nosotros?
 +
 +
Yo quiero apoyarme en una sencilla reflexión de Santa Catalina de Siena. Ella describe el camino del amor de esta manera: Al principio, uno no tiene amor. Es decir, uno no tiene amor que sea digno de ese nombre. Uno tiene lo que se llama amor propio. Uno tiene amor a sí mismo, uno tiene una serie de intereses. Más que amores, tiene intereses.
 +
 +
Al comienzo, esa es la condición humana, esa es la condición del ser humano herido por el pecado. No tiene propiamente amor, tiene intereses. Pero, luego, se encuentra con un amor desinteresado, lo que dice la Primera Carta de Juan: "Él nos amó primero" ( ''véase'' 1 San Juan 4,10).
 +
 +
Y cuando uno recibe ese amor, recibe como una sanación, recibe también como una limpieza, recibe como una liberación, como una fuerza que lo invita a despojarse de éso, que en el fondo es una cárcel. Porque, el egoísmo es una cárcel, y el vivir de los propios intereses, para los propios intereses, es una prisión.
 +
 +
Entonces, se derriba esa prisión, se rompe esa cárcel, se recibe el amor de Dios y "el alma que estaba reseca, agostada, sin agua", como dice el Salmo 63 ( ''véase'' Salmo 63,1), empieza a beber el amor de Dios, porque se ha encontrado con Jesucristo.
 +
 +
Vamos por orden. Primer paso, no había amor, había intereses, intereses egoístas. Segundo paso, llega el amor y llega fundamentalmente en la Persona adorable de Jesús. ¡Llega el amor! Tercer paso, el amor nos construye.
 +
 +
Primero nos sana, pero luego, el amor nos construye. Nos construye y nos constituye hasta un punto en el que llegamos a ser capaces de amar. Empezamos nosotors, por tanto, también a amar. ¿A amar a quién? A amar al que nos amó primero.

Revisión del 20:53 10 oct 2008

Fecha: 20021027

Título: El proceso que une los dos mandamientos de Jesucristo

Original en audio: 9 min. 6 seg.


¡Cuántas cosas se han dicho y cuántas cosas se pueden decir sobre estos dos mandamientos de los que nos habla Cristo en este día, los mandamientos que son primeros y principales! Esto quiere decir, entre otras cosas, que como nos enseña San Juan de la Cruz, vamos a ser juzgados, vamos a ser examinados, ante todo, en el amor.

Cuando lleguemos a la Puerta del Cielo, la primera pregunta, o no sé si la única pregunta que nos hará Jesucristo, mostrándonos sus llagas, será: "¿Amaste? ¿Amaste según este modelo? ¿Amaste según esta escala?"

Pues, de hecho, en aquel discurso que Jesús dice a sus discípulos en la Última Cena, precisamente indica éso: "Mi mandamiento es que os améis los unos a los otros como yo os he amado" (véase San Juan 13,34; 15,12). La pregunta no es simplemente: "¿Amaste?", sino: "¿Amaste como yo amé?"

Por ese camino podríamos hacer toda una reflexión y predicación. Pero, hoy, mis hermanos, quiero detenerme sobre todo en otro punto: la relación que hay entre estos dos mandamientos. Nosotros los vemos perfectamente unidos, perfectamente soldados, fundidos en la vida de Jesús.

Toda la vida de Jesús es un inmenso acto de amor a Dios y toda la vida de Jesús es un continuo acto de amor a nosotros. Toda la vida de Jesús es la búsqueda de la gloria de Dios y toda la vida de Jesús es la búsqueda de la salvación de los hombres.

Toda la Sangre de Jesús en la Cruz es una proclamación de obediencia amorosa a Dios y toda la Sangre de Jesús es una proclamación de su misericordia y compasión por nosotros.

Es decir, en Jesucristo están unidos, están fundidos estos dos mandamientos. En Jesucristo aprendemos, que no se puede separar una espiritualidad que busque amar a Dios, dando la espalda al prójimo. En Jesucristo aprendemos, que no es posible buscar la promoción humana, olvidándose de la espiritualidad, de la mística, del amor de Dios, de los sacramentos, de la Palabra.

Aquí cabe también lo que dijo Jesús sobre el matrimonio: "Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre" ( véase San Mateo 19,6). Así como en Jesucristo, en santo matrimonio estuvieron la naturaleza humana y la naturaleza divina, en Jesucristo, en santo matrimonio están el pleno y perfecto amor a Dios y el inmenso, inagotable amor al hombre.

Pero, todavía podemos preguntar más: ¿Y cómo se alcanza esa unidad? Porque, indudablemente, eso está perfectamente unido en Jesús. ¿Y en nosotros? ¿Cómo se puede encontrar esa unidad en nosotros? ¿Cómo la podemos buscar? ¿Cómo la podemos vivir nosotros?

Yo quiero apoyarme en una sencilla reflexión de Santa Catalina de Siena. Ella describe el camino del amor de esta manera: Al principio, uno no tiene amor. Es decir, uno no tiene amor que sea digno de ese nombre. Uno tiene lo que se llama amor propio. Uno tiene amor a sí mismo, uno tiene una serie de intereses. Más que amores, tiene intereses.

Al comienzo, esa es la condición humana, esa es la condición del ser humano herido por el pecado. No tiene propiamente amor, tiene intereses. Pero, luego, se encuentra con un amor desinteresado, lo que dice la Primera Carta de Juan: "Él nos amó primero" ( véase 1 San Juan 4,10).

Y cuando uno recibe ese amor, recibe como una sanación, recibe también como una limpieza, recibe como una liberación, como una fuerza que lo invita a despojarse de éso, que en el fondo es una cárcel. Porque, el egoísmo es una cárcel, y el vivir de los propios intereses, para los propios intereses, es una prisión.

Entonces, se derriba esa prisión, se rompe esa cárcel, se recibe el amor de Dios y "el alma que estaba reseca, agostada, sin agua", como dice el Salmo 63 ( véase Salmo 63,1), empieza a beber el amor de Dios, porque se ha encontrado con Jesucristo.

Vamos por orden. Primer paso, no había amor, había intereses, intereses egoístas. Segundo paso, llega el amor y llega fundamentalmente en la Persona adorable de Jesús. ¡Llega el amor! Tercer paso, el amor nos construye.

Primero nos sana, pero luego, el amor nos construye. Nos construye y nos constituye hasta un punto en el que llegamos a ser capaces de amar. Empezamos nosotors, por tanto, también a amar. ¿A amar a quién? A amar al que nos amó primero.