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Revisión del 04:14 6 ago 2008

Fecha: 20020821

Título: Dios nunca se detiene

Original en audio: 11 min. 3 seg.


Hermanos:

Hay una primera relación que encontramos entre la primera lectura y el evangelio en el día de hoy.

La lectura de Ezequiel nos habla de un Dios, que compadecido de la suerte de su pueblo, sale en búsqueda de sus ovejas. Es el Dios que nos ha dicho: "Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas" (véase Ezequiel 34,11). Un Dios, que finalmente no queda detenido, no queda frenado por la ineptitud de sus pastores.

Y en el evangelio nos encontramos también a un Dios en búsqueda, un Dios que sale a buscar los jornaleros para su viña. Por eso, el primer tema que tenemos que meditar en el día de hoy, es el de ese Dios en búsqueda, Dios que sale a buscarnos.

Hubo por allá en el siglo dieciocho y luego ha tenido sus prolongaciones, una ideología llamada teísmo. Es la posición de aquellas personas que reconocen que hay un Dios, que saben que existe un Dios, porque finalmente hay que admitir una causa última para el universo.

Admiten que hay un Dios, algo así como el primer cimiento de todo lo que podemos conocer y de todo lo que podemos imaginar, un Dios que debe ser como una gran inteligencia, una fuerza portentosa y no más; un Dios que en el fondo, está bastante lejano de la historia humana.

Pues las lecturas de hoy, son lecturas que rechazan, lecturas que superan, lecturas que derriban la idea del teísmo, derriban la idea de ese Dios simplemente origen, comienzo, pero lejano, ajeno, independiente, demasiado ocupado en sí mismo para tener el cuidado, para prestar atención a la suerte de los hombres.

En el fondo, el Dios en el que podía creer Aristóteles, era ese Dios, un Dios que no se rebaja a pensar nada menor que sí mismo. Y como estos pequeños seres humanos tienen tantas falencias y tienen tanta suciedad, según el Dios de Aristóteles, según Aristóteles, no son dignos de ser pensados por Dios. Eso no significa que no podamos aprender algo de la reflexión de Aristóteles con respecto a Dios.

Pero decididamente, hay que decir que ese Dios, el Dios que considera indigno pensar en los hombres, ése no es el Dios nuestro. El Dios nuestro es el que sale en búsqueda de las ovejas descarriadas y sale en búsqueda de los jornaleros de la viña.

Nuestro Dios no es un Dios muerto ni un Dios distraído, ni un Dios abstraído en sus propias consideraciones. Nuestro Dios es un Dios vivo, es el Dios que se pone en camino, es el Dios que hace historia con nosotros. Esa primera enseñanza debe quedarnos muy clara, porque claramente nos la ha dicho la Palabra.

Mas hay un segundo tema que ya hemos sugerido. Dios no se detiene por la ineptitud de los pastores. Dios no queda frenado por las limitaciones humanas, específicamente, por los pecados, las limitaciones de sus predicadores, de sus sacerdotes, de sus pastores.

Es verdad que Dios anunció por boca del Profeta Jeremías: "Os daré pastores según mi Corazón" (véase Jeremías 3,15). Pero mientras llegan esos pastores maravillosos según el Corazón de Dios, Dios mismo es capaz de ocuparse de sus ovejas. Y eso es lo que encontramos en la historia de la Iglesia muchas veces.

Si pensamos en Juan de la Cruz, tal vez uno de los más grandes Santos, y en todo caso, uno de los más grandes místicos del cristianismo, quienes eran los pastores de este gran hombre y de este gran Santo, quienes eran los superiores, los maestros, los directores de Juan de la Cruz, eran gente indigna de él, incluso adversos a la obra que Dios estaba haciendo en esta alma, opuestos a él, casi podríamos decir, enemigos de la causa de Dios. Como nos ha dicho Ezequiel: "No vendan a las ovejas heridas, no alimentan a las que están sanas, persiguen a las sanas" (véase Ezequiel 34,4).

Eso fue lo que sucedió en el caso de Juan de la Cruz. Sus superiores lo persiguieron, pero Dios, por encima de la ineptitud, por encima de la maldad, del pecado de estos hombres, construye una obra de santidad tan grande en Juan, que sus escritos, su testimonio, siguen siendo para nosotros un episodio maravilloso de la gracia de Dios.

Si pensamos en Bernardita Soubirous y la incredulidad de la que se vio rodeada, -no digo yo prudencia, no digo juicio ponderado, digo escepticismo, digo dureza-, en ese caso, encontramos que la obra que Dios hacía en la oveja, resultaba imposible de entender e incluso rechazada por el pastor. Pero Dios saca adelante su obra.

¿Por qué es importante saber esto? Por muchas cosas. Es importante saberlo, para que nosotros, los que tenemos un ministerio de evangelización, de predicación o de pastoreo, no nos creamos Dios, tan sencillo como eso. Dios pasará por encima de nosotros con tal de salvar a su pueblo.

Y, ¡ay de nosotros! Porque así empezó el texto de Ezequiel: "¡Ay de nosotros!" (véase Ezequiel 34,2). Efectivamente, ¡ay de nosotros, si nos portamos, no como amigos y servidores de Dios, sino como enemigos y opuestos a Él! Pero Dios sacará adelante su pueblo. Nosotros no somos Dios, nosotros no tenemos la autoridad que Él tiene, porque las ovejas finalmente son de Él.