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''¿Cómo se puede unir el dolor de la Cruz y el brillo de la victoria? ¿Cómo se puede unir la gloria y el padecimiento? Nos lo responde Cristo orando en la cima del monte, nos lo responde la nube luminosa que los envuelve, nos lo responde Moisés y Elías, nos lo responde la gloria del Padre.'' | ''¿Cómo se puede unir el dolor de la Cruz y el brillo de la victoria? ¿Cómo se puede unir la gloria y el padecimiento? Nos lo responde Cristo orando en la cima del monte, nos lo responde la nube luminosa que los envuelve, nos lo responde Moisés y Elías, nos lo responde la gloria del Padre.'' | ||
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| + | Porque los discípulos querían saber sobre el Reino, sobre victoria, sobre gloria, y no querían saber sobre Cruz. Pues bien, el mismo que les ha venido predicando sobre la Cruz y la muerte, el mismo que les ha contado que va a ser entregado en manos de los hombres y que tiene que padecer, ése mismo les deja entrever un poco de su misterio, les deja asomarse a la gloria que luego poseerá en plenitud en la Pascua, la misma gloria a la que ellos están llamados. | ||
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| + | De esa manera, este acontecimiento de la Transfiguración está como a medio camino en la misión de Cristo. Este acontecimiento ayuda a que los discípulos puedan superar el escándalo de la Cruz. | ||
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| + | Este momento de la Transfiguración, que quedó hondísimamente grabado en sus corazones, como nos lo ha mostrado la primera lectura de la segunda Carta de Pedro, este acontecimiento, sirve para que nosotros podamos descubrir la gloria, incluso en la humillación de Cristo, incluso en la soledad de la Cruz, incluso en la noche de la Pasión. | ||
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| + | "Jesús les ordena que no cuenten a nadie lo que han visto" (''véase'' San Mateo 17,9). Porque la Transfiguración es como el principio de una palabra que sólo se terminará de decir con la Pascua. | ||
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| + | ''Este misterio que hoy celebra la Iglesia, necesitamos acogerlo en nuestro corazón, necesitamos meditarlo, necesitamos, por decirlo así, rumiarlo, hasta que lleguen las luces del Espíritu de Dios. Con esa luz del Espíritu, comprenderemos algo sobre cuál es el misterio de ese Jesús, sobre cuál es el misterio de su oración y cuál es el misterio de esa voz.'' | ||
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| + | El Padre Celestial ha dicho: "Este es mi Hijo querido en quien tengo mis complacencias (''véase'' San Mateo 17,5). Una expresión semejante se oyó el día del Bautismo de Cristo: "Este es mi Hijo, mi Amado, mi Predilecto" (''véase'' San Mateo 3,17). Y una expresión semejante quiere decir Nuestro Padre Dios, en cada uno de nosotros. ¿Puede Dios mirarte, mirarme? ¿Puede Dios mirarte y decir: "Este es mi hijo en quien tengo mis complacencias? | ||
Revisión del 04:37 2 ago 2008
Fecha: 19960806
Título: El acontecimiento que permite descubrir la gloria en el dolor de la Cruz
Original en audio: 9 min. 44 seg.
Queridos Hermanos:
Quisiera comenzar en mi palabra, por el final del evangelio que acabamos de escuchar: "Cuando bajaban del monte, les ordenó Jesús que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos" (véase San Mateo 17,9).
Esta luz de la Transfiguración, es como una anticipación de la luz de la Resurrección. Este resplandor de la Transfiguración, es como el principio del brillo de la Pascua, del brillo de la Resurrección. Y así, en medio de su ministerio, en medio de su trabajo y de su labor, Cristo lleva a estos discípulos escogidos a un monte alto, para anticipar algo de la gloria de la Resurrección.
"Su rostro se pone brillante y sus vestidos blancos" (véase San Mateo 17,2). El brillo y la blancura son las señales de la gloria. Es el mismo Cristo que ha estado con ellos, que ha caminado con ellos. Pero ahora, ese mismo Cristo aparece glorioso. Es el mismo que les ha hablado muchas veces. En esta ocasión, calla y es otra voz, la voz del Padre, la que dice algo sobre este Cristo.
Jesús les ha hablado sobre el Reino de Dios y les ha hablado también sobre la Cruz. Los discípulos no saben cómo unir la Cruz y el Reino de Dios, no saben cómo unir el oprobio de la muerte con el brillo de la victoria. Cristo no se pone a darles largas explicaciones; simplemente, entra en oración y en medio de ella, la Palabra del Padre, la nube luminosa, la presencia de Moisés y de Elías, son la explicación que necesitaban estos discípulos.
¿Cómo se puede unir el dolor de la Cruz y el brillo de la victoria? ¿Cómo se puede unir la gloria y el padecimiento? Nos lo responde Cristo orando en la cima del monte, nos lo responde la nube luminosa que los envuelve, nos lo responde Moisés y Elías, nos lo responde la gloria del Padre.
Porque los discípulos querían saber sobre el Reino, sobre victoria, sobre gloria, y no querían saber sobre Cruz. Pues bien, el mismo que les ha venido predicando sobre la Cruz y la muerte, el mismo que les ha contado que va a ser entregado en manos de los hombres y que tiene que padecer, ése mismo les deja entrever un poco de su misterio, les deja asomarse a la gloria que luego poseerá en plenitud en la Pascua, la misma gloria a la que ellos están llamados.
De esa manera, este acontecimiento de la Transfiguración está como a medio camino en la misión de Cristo. Este acontecimiento ayuda a que los discípulos puedan superar el escándalo de la Cruz.
Este momento de la Transfiguración, que quedó hondísimamente grabado en sus corazones, como nos lo ha mostrado la primera lectura de la segunda Carta de Pedro, este acontecimiento, sirve para que nosotros podamos descubrir la gloria, incluso en la humillación de Cristo, incluso en la soledad de la Cruz, incluso en la noche de la Pasión.
"Jesús les ordena que no cuenten a nadie lo que han visto" (véase San Mateo 17,9). Porque la Transfiguración es como el principio de una palabra que sólo se terminará de decir con la Pascua.
Este misterio que hoy celebra la Iglesia, necesitamos acogerlo en nuestro corazón, necesitamos meditarlo, necesitamos, por decirlo así, rumiarlo, hasta que lleguen las luces del Espíritu de Dios. Con esa luz del Espíritu, comprenderemos algo sobre cuál es el misterio de ese Jesús, sobre cuál es el misterio de su oración y cuál es el misterio de esa voz.
El Padre Celestial ha dicho: "Este es mi Hijo querido en quien tengo mis complacencias (véase San Mateo 17,5). Una expresión semejante se oyó el día del Bautismo de Cristo: "Este es mi Hijo, mi Amado, mi Predilecto" (véase San Mateo 3,17). Y una expresión semejante quiere decir Nuestro Padre Dios, en cada uno de nosotros. ¿Puede Dios mirarte, mirarme? ¿Puede Dios mirarte y decir: "Este es mi hijo en quien tengo mis complacencias?