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¿Y qué nos dice el evangelio? ¿Qué respondió Tomás a esta Palabra de Jesús? ¡Nada! No respondió nada ni entendió. De modo que Tomás estaba con Jesús, pero Tomás no sabía cuál era el camino. ¿Y por qué no lo sabía? Porque Tomás quería que Dios hiciera las cosas a su manera. Tomás quería que Dios siguiera los caminos de él, los caminos de Tomás.
 
¿Y qué nos dice el evangelio? ¿Qué respondió Tomás a esta Palabra de Jesús? ¡Nada! No respondió nada ni entendió. De modo que Tomás estaba con Jesús, pero Tomás no sabía cuál era el camino. ¿Y por qué no lo sabía? Porque Tomás quería que Dios hiciera las cosas a su manera. Tomás quería que Dios siguiera los caminos de él, los caminos de Tomás.
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Pero Jesús se le aparece aquí y empieza diciendo: "Paz..." (''véase'' San Juan 20,26), y Tomás se queda de una pieza. Luego, Jesús le pregunta: "Tomás, ¿a tu manera, o a la mía? ¿Ahora cómo vamos a hacer? ¿Ahora es a tu modo, o es a mi modo?" Y Tomás se rindió: "Señor mío y Dios mío" (''véase'' San Juan 20,28).
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¿Sabe qué quiere decir todo esto? Que Tomás empezó a ser discípulo cuando se rindió. Y se rindió, no después de tantos milagros que había visto, ni de tantas predicaciones. Se rindió después de la muerte en la Cruz y de la Resurrección del Señor.
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Ahora intentemos ver cómo esto se aplica a nuestra propia vida. Es muy sencillo decir que Tomás era un incrédulo. A mí no me satisface esa explicación. Es mejor que digamos algo más completo.
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Tomás no era simplemente un incrédulo. Era alguien que le ponía condiciones a Dios. Y con esta aparición, ¿qué fue lo que sucedió? Sucedió que Tomás dejó de ponerle condiciones a Dios.
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''Enseñanza para nosotros: ¿Qué es creer? Es no ponerle condiciones a Dios. ¿Qué es creer? Es no elegirle el camino a Dios. Es no enseñarle a Dios qué es lo que tiene que hacer conmigo.''
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Cuando uno se pone a enseñarle a Dios: "A ver, Señor, te voy a enseñar cómo es ser Dios. Si tú quieres ser Dios, lo primero que tienes que hacer es,...", eso era lo que estaba haciendo Tomás. "¡Ah! Si Él quiere que crea, por aquí, por aquí, y por aquí me tiene que llegar".
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Jesús se le aparece y le dice: "Tomás, a ver, Tomás, ¿le hacemos a tu modo, o ya no será como bueno que le hagamos a mi modo?" Fíjate que Jesús le dice dos cosas: "Trae tu dedo, trae tu mano" (''véase'' San Juan 20,27). Esta es una parte. Luego, le dice: "No seas incrédulo sino creyente" (''véase'' San Juan 20,27).
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''La manera de Tomás es, "asegurarme yo". La manera de Jesús es, "asegurarme en Él; agarrarme de Él". Creer es no ponerle condiciones a Dios. Hay otra definición que también me gusta mucho: "Creer es dejar a Dios ser Dios". ¡Déjalo ser Dios! ¡Déjalo!''
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Él sabe mucho, seguramente mucho más que tú. Él puede mucho, seguramente más de lo que tú te imaginas. Y Él ama mucho, seguramente más de lo que tú deseas.
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''Creer y dejar a Dios ser Dios, es abrirnos, para que Dios obre del tamaño que es Él, no del tamaño que soy yo. Y cuando Dios obra del tamaño que es Él, las obras son mucho mejores, mucho más grandes, mucho más fuertes, mucho más bellas que las que se me podrían ocurrir a mí.''
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Todavía hay otra reflexión que nos podemos hacer con esta escena tan hermosa. Tomás decía que quería tocar a Jesús, tenía que tocarle, y Jesús quería tocar a Tomás. Tomás andaba buscando a Jesús, y Jesús andaba buscando a Tomás. Tomás quería tocar las heridas de Jesús, y Jesús quería tocar las heridas de Tomás.

Revisión del 00:14 13 jun 2008

Fecha: 19980703

Título: Creer es no ponerle condiciones a Dios

Original en audio: 17 min. 59 seg.


Queridos Amigos:

La escena que nos acaban de contar los evangelios, es bastante elocuente ahora por sí misma: un hombre incrédulo que pide pruebas, un hombre desconfiado que necesita certezas.

Y en ese hombre, seguramente podemos reconocernos nosotros, que tantas veces le pedimos pruebas a Dios. Queremos como asegurarnos de que aquello que se nos ha dicho de Dios, es verdad, sí se va a cumplir, no es historieta, no es mentira.

Pero tratemos de analizar un poco más profundamente este texto. Tratemos de sacar una enseñanza todavía más profunda para nosotros. El evangelio nos dice, que este Apóstol Tomás tenía una manera de convencerse. Él decía: "Si no meto el dedo en el agujero de los clavos y la mano en su costado, no creo" (véase San Juan 20,25).

Él no estaba definitivamente cerrado a la fe, sino que le estaba poniendo condiciones a Dios. Como diciéndole a Dios: "Si tú quieres que yo crea, tienes que venir por este camino".

Ahora veamos qué pasó. Se le aparece el Señor Jesucristo a él y a todos, y le dice: "Trae tu dedo; aquí tienes mis manos. Trae tu mano y métela en mi costado" (véase San Juan 20,27). ¿Qué nos dice el Evangelista? Tomás respondió: "Señor mío y Dios mío" (véase San Juan 20,28). Tomás no metió el dedo en el agujero de los clavos, no metió la mano en la herida del costado de Jesús.

Jesús se le aparece y le interpela por el método, por la condición, por el camino que él había escogido. Tomás le había dicho a Dios: "Si tú quieres que yo crea, el camino es éste. Tienes que llegarme por este lado". Y Dios le llegó por otro lado.

Dios le llegó por un camino distinto. Le dice: "Aquí está mi mano. Aquí está mi costado" (véase San Juan 20,27). Como quien dice: "¿Seguimos tu método, Tomás, o seguimos el mío? ¿Seguimos tu manera, o seguimos la mía? ¿Seguimos tus condiciones, o seguimos las mías?" Y Tomás se rindió: "Señor mío y Dios mío" (véase San Juan 20,28).

Esta explicación, mis amigos, no es un invento de mi cabeza. Tomás llevaba ya tiempo con Jesús, pero Tomás no era discípulo de Jesús. "-¿Cómo va a ser?" "-Pues sí; no era discípulo de Jesús". Una vez Jesús dijo que se iba a ir, y Tomás le dijo: "Bueno, y si no vamos, si no sabemos a dónde vas, ¿cómo vamos a llegar? ¿Cuál es el camino?" (véase San Juan 14,5).

¡Cuál es el camino! Esa es la pregunta que domina la vida de Tomás: "¿Cuál es el camino?" (véase San Juan 14,5). Jesús le dijo a Tomás, y esto fue antes de padecer en la Cruz: "Yo soy el camino", -esa frase la conocemos todos nosotros-, "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (véase San Juan 14,6).

¿Y qué nos dice el evangelio? ¿Qué respondió Tomás a esta Palabra de Jesús? ¡Nada! No respondió nada ni entendió. De modo que Tomás estaba con Jesús, pero Tomás no sabía cuál era el camino. ¿Y por qué no lo sabía? Porque Tomás quería que Dios hiciera las cosas a su manera. Tomás quería que Dios siguiera los caminos de él, los caminos de Tomás.

Pero Jesús se le aparece aquí y empieza diciendo: "Paz..." (véase San Juan 20,26), y Tomás se queda de una pieza. Luego, Jesús le pregunta: "Tomás, ¿a tu manera, o a la mía? ¿Ahora cómo vamos a hacer? ¿Ahora es a tu modo, o es a mi modo?" Y Tomás se rindió: "Señor mío y Dios mío" (véase San Juan 20,28).

¿Sabe qué quiere decir todo esto? Que Tomás empezó a ser discípulo cuando se rindió. Y se rindió, no después de tantos milagros que había visto, ni de tantas predicaciones. Se rindió después de la muerte en la Cruz y de la Resurrección del Señor.

Ahora intentemos ver cómo esto se aplica a nuestra propia vida. Es muy sencillo decir que Tomás era un incrédulo. A mí no me satisface esa explicación. Es mejor que digamos algo más completo.

Tomás no era simplemente un incrédulo. Era alguien que le ponía condiciones a Dios. Y con esta aparición, ¿qué fue lo que sucedió? Sucedió que Tomás dejó de ponerle condiciones a Dios.

Enseñanza para nosotros: ¿Qué es creer? Es no ponerle condiciones a Dios. ¿Qué es creer? Es no elegirle el camino a Dios. Es no enseñarle a Dios qué es lo que tiene que hacer conmigo.

Cuando uno se pone a enseñarle a Dios: "A ver, Señor, te voy a enseñar cómo es ser Dios. Si tú quieres ser Dios, lo primero que tienes que hacer es,...", eso era lo que estaba haciendo Tomás. "¡Ah! Si Él quiere que crea, por aquí, por aquí, y por aquí me tiene que llegar".

Jesús se le aparece y le dice: "Tomás, a ver, Tomás, ¿le hacemos a tu modo, o ya no será como bueno que le hagamos a mi modo?" Fíjate que Jesús le dice dos cosas: "Trae tu dedo, trae tu mano" (véase San Juan 20,27). Esta es una parte. Luego, le dice: "No seas incrédulo sino creyente" (véase San Juan 20,27).

La manera de Tomás es, "asegurarme yo". La manera de Jesús es, "asegurarme en Él; agarrarme de Él". Creer es no ponerle condiciones a Dios. Hay otra definición que también me gusta mucho: "Creer es dejar a Dios ser Dios". ¡Déjalo ser Dios! ¡Déjalo!

Él sabe mucho, seguramente mucho más que tú. Él puede mucho, seguramente más de lo que tú te imaginas. Y Él ama mucho, seguramente más de lo que tú deseas.

Creer y dejar a Dios ser Dios, es abrirnos, para que Dios obre del tamaño que es Él, no del tamaño que soy yo. Y cuando Dios obra del tamaño que es Él, las obras son mucho mejores, mucho más grandes, mucho más fuertes, mucho más bellas que las que se me podrían ocurrir a mí.

Todavía hay otra reflexión que nos podemos hacer con esta escena tan hermosa. Tomás decía que quería tocar a Jesús, tenía que tocarle, y Jesús quería tocar a Tomás. Tomás andaba buscando a Jesús, y Jesús andaba buscando a Tomás. Tomás quería tocar las heridas de Jesús, y Jesús quería tocar las heridas de Tomás.