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Los discípulos, en lo profundo, sabían que ahí estaba la salvación. Pero sólo cuando el miedo tuvo poder en ellos, sólo en ese momento, se acercaron a Jesús. | Los discípulos, en lo profundo, sabían que ahí estaba la salvación. Pero sólo cuando el miedo tuvo poder en ellos, sólo en ese momento, se acercaron a Jesús. | ||
| − | Repasemos esa frase. | + | Repasemos esa frase. Ellos sabían que su salvación estaba en Jesús, mas solamente cuando los problemas estuvieron demasiado graves, acudieron a Él. ¿No será eso lo mismo que nos sucede a nosotros? ¿Que sabemos que la salvación está en Jesús, pero sólo vamos a Él cuando los problemas ya realmente nos asustan? |
Es el momento en que sí le buscamos, y en ese sentido, encontramos un primer parecido entre lo que hicieron los discípulos y lo que hacemos nosotros. Fueron a Jesús, porque sabían que ahí estaba su salvación. Pero fueron sólo cuando el miedo ya tuvo poder en ellos. | Es el momento en que sí le buscamos, y en ese sentido, encontramos un primer parecido entre lo que hicieron los discípulos y lo que hacemos nosotros. Fueron a Jesús, porque sabían que ahí estaba su salvación. Pero fueron sólo cuando el miedo ya tuvo poder en ellos. | ||
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Usualmente, se dice que Jesús calmó la tempestad. Pero hace un tiempo, se me ocurrió que se podía decir de otra manera. Jesús no simplemente calmó la tempestad. Jesús les metió la tempestad ahora en el corazón a ellos. Porque en ese instante, ellos empiezan a preguntarse: "¿Pero, y Éste quién es?" (''véase'' San Mateo 8,27). | Usualmente, se dice que Jesús calmó la tempestad. Pero hace un tiempo, se me ocurrió que se podía decir de otra manera. Jesús no simplemente calmó la tempestad. Jesús les metió la tempestad ahora en el corazón a ellos. Porque en ese instante, ellos empiezan a preguntarse: "¿Pero, y Éste quién es?" (''véase'' San Mateo 8,27). | ||
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| + | Y lo mejor que le puede pasar a uno en la vida, es quedar con esa inquietud. Hay una canción que lo dice: "Jesucristo me dejó inquieto...". ¡Es lo mejor que le puede pasar a uno! Que Jesús nos deje en tormenta por dentro. Es decir, es un modo figurado de hablar. Que nos deje inquietos, que nos deje cuestionados, que nos deje preguntados: "¿Pero, quién es este Jesús?" (''véase'' San Mateo 8,27). | ||
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| + | Aquí tenemos el otro punto en el que nosotros nos parecemos a los discípulos. Porque seguramente, hemos pasado muchos años desinteresados de Dios. Pero cuando nos llega esta tormenta, cuando se aplica la canción, cuando Jesús nos deja inquietos, entonces empezamos a averiguar: "¿Pero, quién es Él? ¿Pero, cómo es Él?" | ||
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| + | Fíjate; los discípulos empezaron a buscar a Jesús por el miedo de las olas: "La barca desaparecía entre las olas" (''véase'' San Mateo 8,24). Esa manera de buscar a Jesús, porque uno está emproblemado, porque uno está asustado, porque el agua le llegó al cuello, como se dice, no le gusta tanto a Él. La recibe, pero no es lo que más le gusta. | ||
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| + | ''La que Él quiere producir en nosotros, es la otra manera, la inquietud interior, ir a Jesús por una inquietud interior. "¿Pero, quién es Éste?" (''véase'' San Mateo 8,27).'' | ||
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| + | Los discípulos, primero buscaron a Jesús por un miedo que venía de las circunstancias exteriores. Luego, se preguntaron quién era Jesús por una admiración que provenía de su corazón, que provenía de adentro. Son dos maneras de buscarlo. | ||
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Revisión del 05:05 11 jun 2008
Fecha: 20020702
Título: La otra tormenta que produce un gran fruto
Original en audio: 9 min. 49 seg.
Amados Hermanos:
Miremos qué es lo que hicieron estos discípulos, para descubrir de qué les corrige Cristo y corregirnos también nosotros.
"El temporal, la tormenta era fuerte. Jesús dormía" (véase San Mateo 8,24). Humanamente es explicable este sueño de Jesús, consecuencia de su extremo agotamiento. La vida de Jesús, una vida generosa, una vida gastada, una vida entregada sin reservas en favor de los pobres, de los pequeños, en favor de los posesos, en favor de los humildes, Jesús, agotado, duerme.
Los discípulos se acercan y le dicen: "¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!" (véase San Mateo 8,25). Aquí viene lo interesante. Si buscaban su salvación en Jesucristo y si sabían que Jesús podía salvarlos, ¿por qué creían que les podía pasar algo malo, si estaban con Él?
Dice el evangelio, que "fueron donde Él y le pidieron que los salvara" (véase San Mateo 8,25). Eso significa que creían que Jesús los podía salvar. La pregunta entonces, es: Si ellos creían que Jesús era su salvación, ¿por qué tenían que dudar, si estaban ahí con Él? Ese es el regaño que les da Cristo y por eso, les dice: "¡Qué poca fe!" (véase San Mateo 8,26).
Estaban con Él y estando con Él, nada podía sucederles. En el fondo, los discípulos creían esto. Creían que la salvación estaba en Jesús, y por tanto, fueron donde Jesús a pedirle que los salvara.
Los discípulos, en lo profundo, sabían que ahí estaba la salvación. Pero sólo cuando el miedo tuvo poder en ellos, sólo en ese momento, se acercaron a Jesús.
Repasemos esa frase. Ellos sabían que su salvación estaba en Jesús, mas solamente cuando los problemas estuvieron demasiado graves, acudieron a Él. ¿No será eso lo mismo que nos sucede a nosotros? ¿Que sabemos que la salvación está en Jesús, pero sólo vamos a Él cuando los problemas ya realmente nos asustan?
Es el momento en que sí le buscamos, y en ese sentido, encontramos un primer parecido entre lo que hicieron los discípulos y lo que hacemos nosotros. Fueron a Jesús, porque sabían que ahí estaba su salvación. Pero fueron sólo cuando el miedo ya tuvo poder en ellos.
Acudieron sólo cuando los problemas ya les parecieron demasiado grandes. Jesús los llama "cobardes" (véase San Mateo 8,26), porque lo que tuvo poder en ellos fue el miedo, y los critica por la falta de fe.
Usualmente, se dice que Jesús calmó la tempestad. Pero hace un tiempo, se me ocurrió que se podía decir de otra manera. Jesús no simplemente calmó la tempestad. Jesús les metió la tempestad ahora en el corazón a ellos. Porque en ese instante, ellos empiezan a preguntarse: "¿Pero, y Éste quién es?" (véase San Mateo 8,27).
Cuando ya todo se calmó afuera, entonces la pregunta y la inquietud quedó fue adentro. "¿Y Éste quién es? ¡Hasta el viento y el mar le obedecen!" (véase San Mateo 8,27).
La tormenta de afuera no había producido frutos, sino sólo miedo. Esa tormenta de adentro, esa inquietud por quién es este Jesucristo, esa otra tormenta, ésa sí produce un gran fruto.
Y lo mejor que le puede pasar a uno en la vida, es quedar con esa inquietud. Hay una canción que lo dice: "Jesucristo me dejó inquieto...". ¡Es lo mejor que le puede pasar a uno! Que Jesús nos deje en tormenta por dentro. Es decir, es un modo figurado de hablar. Que nos deje inquietos, que nos deje cuestionados, que nos deje preguntados: "¿Pero, quién es este Jesús?" (véase San Mateo 8,27).
¿Quién es este Hombre maravilloso? ¿Quién es Él, ante el cual el viento y el mar tienen que obedecer? ¿Quién es este Jesús? Esa tormenta trae bendición.
Aquí tenemos el otro punto en el que nosotros nos parecemos a los discípulos. Porque seguramente, hemos pasado muchos años desinteresados de Dios. Pero cuando nos llega esta tormenta, cuando se aplica la canción, cuando Jesús nos deja inquietos, entonces empezamos a averiguar: "¿Pero, quién es Él? ¿Pero, cómo es Él?"
Y esta búsqueda es una cosa maravillosa, porque Jesús mismo dice en el evangelio: "Nadie viene a mí si el Padre no le atrae" (véase San Juan 6,44).
Fíjate; los discípulos empezaron a buscar a Jesús por el miedo de las olas: "La barca desaparecía entre las olas" (véase San Mateo 8,24). Esa manera de buscar a Jesús, porque uno está emproblemado, porque uno está asustado, porque el agua le llegó al cuello, como se dice, no le gusta tanto a Él. La recibe, pero no es lo que más le gusta.
La que Él quiere producir en nosotros, es la otra manera, la inquietud interior, ir a Jesús por una inquietud interior. "¿Pero, quién es Éste?" (véase San Mateo 8,27).
Los discípulos, primero buscaron a Jesús por un miedo que venía de las circunstancias exteriores. Luego, se preguntaron quién era Jesús por una admiración que provenía de su corazón, que provenía de adentro. Son dos maneras de buscarlo.
Y esta segunda manera es preciosa, porque ésa viene del Padre Celestial. Jesús dice: "Es que nadie viene a mí si el Padre no le atrae" (véase San juan 6,44).
¿Qué conclusión sacamos? Que cuando uno busca a Jesús solamente porque está emproblemado, es una búsqueda muy imperfecta. Jesús la rcibe, como tanta gente que llegó cargada de enfermedades, cargada de dolencias. ¡Jesús recibe! Al fin y al cabo, Él es amoroso, es misericordioso y Él recibe.