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Vivimos en un tiempo en el que prácticamente se ha canonizado al orgullo, y eso como que tiene sus ventajas hasta cierto punto, porque si una persona se siente orgullosa de lo que está haciendo, seguramente lo hace con más cariño, lo hace con más ganas. Hay un país muy grande que queda al norte de nosotros y que se llama Estados Unidos. | Vivimos en un tiempo en el que prácticamente se ha canonizado al orgullo, y eso como que tiene sus ventajas hasta cierto punto, porque si una persona se siente orgullosa de lo que está haciendo, seguramente lo hace con más cariño, lo hace con más ganas. Hay un país muy grande que queda al norte de nosotros y que se llama Estados Unidos. | ||
| − | Estados Unidos es un país que ha canonizado el orgullo, en el sentido de inculcarle a las personas que se sientan felices de lo que hacen, se sientan , así lo dicen, orgullosas de su trabajo. | + | Estados Unidos es un país que ha canonizado el orgullo, en el sentido de inculcarle a las personas que se sientan felices de lo que hacen, se sientan, así lo dicen, orgullosas de su trabajo. De manera que una persona puede estar atendiendo una pizzería en un chucito de mala muerte en un pueblito perdido del estado más chiquito, pero se siente feliz y siente que es el mejor hacedor de pizzas del mundo, y hace su trabajo con ganas. |
Revisión del 15:24 10 jun 2008
Fecha: 20020707
Título: La humildad es estar en la verdad
Original en audio: 7 min. 58 seg.
Podemos decir, queridos hermanos, que el tema de las lecturas de hoy es la humildad; y desde luego, también su contraria, que es la soberbia.
Jesús nos invita a seguir su ejemplo de mansedumbre y de humildad. Y la lectura del profeta Zacarías, ya miraba con anticipación a Jesús como el rey humilde que escoge para entrar en la Ciudad Santa no el ruido ni la imponencia de un gran corcel, un caballo de guerra, sino la sencillez de un burrito, un animal de carga. Un hombre cercano a la casa y a la historia de los los pobres.
Así pues, tenemos que hablar de la humildad. Y lo primero que uno se pregunta es si uno está autorizado para hablar de humildad. Cuántas veces nosotros los sacerdotes nos desautorizamos para hablar de las virtudes, por ejemplo, para hablar de la humildad. ¿Cuántas veces habré contradicho yo esta virtud tan santa y tan necesaria? Por otra parte, ¿cómo enseñar, cómo predicar la humildad?
Vivimos en un tiempo en el que prácticamente se ha canonizado al orgullo, y eso como que tiene sus ventajas hasta cierto punto, porque si una persona se siente orgullosa de lo que está haciendo, seguramente lo hace con más cariño, lo hace con más ganas. Hay un país muy grande que queda al norte de nosotros y que se llama Estados Unidos.
Estados Unidos es un país que ha canonizado el orgullo, en el sentido de inculcarle a las personas que se sientan felices de lo que hacen, se sientan, así lo dicen, orgullosas de su trabajo. De manera que una persona puede estar atendiendo una pizzería en un chucito de mala muerte en un pueblito perdido del estado más chiquito, pero se siente feliz y siente que es el mejor hacedor de pizzas del mundo, y hace su trabajo con ganas.