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''Cuando nos reconocemos distintos y diferentes de nuestra enfermedad, entonces Cristo viene al enfermo para luchar con el enfermo contra ella. Cristo es el aliado que llega a nuestra vida para asociarse con nosotros, los enfermos, en contra de nuestras enfermedades.''
 
''Cuando nos reconocemos distintos y diferentes de nuestra enfermedad, entonces Cristo viene al enfermo para luchar con el enfermo contra ella. Cristo es el aliado que llega a nuestra vida para asociarse con nosotros, los enfermos, en contra de nuestras enfermedades.''
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El amigo del médico es el enfermo y el enemigo del médico es la enfermedad. El médico se asocia con el enfermo, se hace uno con el enfermo, para luchar contra la enfermedad.
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''Eso es lo que hace Cristo con nosotros. Este es el modo supremo de la justicia, la justicia que no consiste en destruir en un solo paquete, en un solo conjunto, al enfermo y a la enfermedad. Una justicia elemental, una justicia simple, quiere la destrucción, la cancelación del culpable. Una justicia alta, sublime, como la que trae Cristo, viene a destruir, no al culpable, sino a la culpa, y no al pecador, sino al pecado.''
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Cristo mostró esto, no solamente con sus palabras, sino según vemos en el evangelio, con su manera de obrar. Por eso le critican la forma de obrar: "Oye, mira, come con pecadores" (''véase'' San Mateo 9,11). ¡Claro! Porque en su modo de obrar, en su manera de actuar, Nuestro Señor Jesucristo manifiesta la cercanía, manifiesta el amor que ese enfermo necesita para hacerse uno con su médico.
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''Las señales de amor que nos da Jesucristo a través de sus sanaciones, a través de su mansedumbre, a través de su bondad, son señales que nos invitan a unirnos a Él, ser uno con Él, para luchar contra el enemigo de Él, que es también enemigo de nosotros, es decir, contra la enfermedad, especialmente la enfermedad del pecado. Y este es el modo como Jesucristo nos recupera para Dios.''

Revisión del 00:50 25 may 2008

Fecha: 20020609

Título: Jesucristo nos invita a ser uno con Él para luchar contra la enfermedad

Original en audio: 7 min. 28 seg.


Hermanos:

En el evangelio que escuchamos, Jesucristo se da a sí mismo el título de médico, aquel que trae la salud, aquel que trae la sanación. "No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos" (véase San Mateo 9,12).

Se da a sí mismo el nombre de médico, y nos da a nosotros el nombre de enfermos. Dos palabras que se complementan, que en cierto sentido se reclaman la una a la otra. Y tan bello es reconocerle a Él como médico, como bello es reconocernos nosotros como enfermos; aunque es triste reconocerse enfermo cuando no hay médico.

Pero deja de ser triste, si la verdad de nuestra enfermedad se va a encontrar y va a ser vencida por la verdad de la ciencia, del poder y de la bondad de este Médico Divino, que ha llegado a nuestra tierra. Presentándose a sí mismo como médico, Jesucristo nos invita a que nos presentemos ante Él como enfermos.

Y de verdad estoy convencido, que éste es el comienzo de todo proceso de sanación, de todo proceso de recuperación, de todo proceso de perdón y de conversión. "¡Reconócete enfermo!" Porque cuando el enfermo reconoce que está enfermo, es decir, cuando reconoce su enfermedad, se distancia y se diferencia de ella. Y esto es lo primero para poder luchar contra la enfermedad.

Cuando el enfermo y la enfermedad son uno solo, entonces destruir la enfermedad sería destruir al enfermo. Pero cuando el enfermo se distancia, se diferencia de ella, entonces puede separarse la enfermedad del enfermo, como puede separarse el pecado del pecador.

Viene Cristo Médico a nuestras vidas, para éso, mis hermanos, para que nosotros nos descubramos enfermos, no en el sentido de disminuidos, ni en el sentido de humillados, sino más bien en el sentido de distintos de nuestra enfermedad, diferentes de nuestra enfermedad.

Cuando nos reconocemos distintos y diferentes de nuestra enfermedad, entonces Cristo viene al enfermo para luchar con el enfermo contra ella. Cristo es el aliado que llega a nuestra vida para asociarse con nosotros, los enfermos, en contra de nuestras enfermedades.

El amigo del médico es el enfermo y el enemigo del médico es la enfermedad. El médico se asocia con el enfermo, se hace uno con el enfermo, para luchar contra la enfermedad.

Eso es lo que hace Cristo con nosotros. Este es el modo supremo de la justicia, la justicia que no consiste en destruir en un solo paquete, en un solo conjunto, al enfermo y a la enfermedad. Una justicia elemental, una justicia simple, quiere la destrucción, la cancelación del culpable. Una justicia alta, sublime, como la que trae Cristo, viene a destruir, no al culpable, sino a la culpa, y no al pecador, sino al pecado.

Cristo mostró esto, no solamente con sus palabras, sino según vemos en el evangelio, con su manera de obrar. Por eso le critican la forma de obrar: "Oye, mira, come con pecadores" (véase San Mateo 9,11). ¡Claro! Porque en su modo de obrar, en su manera de actuar, Nuestro Señor Jesucristo manifiesta la cercanía, manifiesta el amor que ese enfermo necesita para hacerse uno con su médico.

Las señales de amor que nos da Jesucristo a través de sus sanaciones, a través de su mansedumbre, a través de su bondad, son señales que nos invitan a unirnos a Él, ser uno con Él, para luchar contra el enemigo de Él, que es también enemigo de nosotros, es decir, contra la enfermedad, especialmente la enfermedad del pecado. Y este es el modo como Jesucristo nos recupera para Dios.