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El problema no es formarse una opinión. Porque formarse una opinión sobre lo bueno y sobre lo malo, siempre es necesario. La Bilbia nos invita a que tengamos una claridad sobre lo bueno y lo malo. Por ejemplo, el profeta Isaías dice: "Ay de aquellos que llaman bien al mal, y mal al bien" (''véase'' Isaías 5,20). Es decir, que la Biblia quiere que tengamos conceptos claros sobre lo bueno y lo malo. Ese no es el problema.
 
El problema no es formarse una opinión. Porque formarse una opinión sobre lo bueno y sobre lo malo, siempre es necesario. La Bilbia nos invita a que tengamos una claridad sobre lo bueno y lo malo. Por ejemplo, el profeta Isaías dice: "Ay de aquellos que llaman bien al mal, y mal al bien" (''véase'' Isaías 5,20). Es decir, que la Biblia quiere que tengamos conceptos claros sobre lo bueno y lo malo. Ese no es el problema.
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Si una persona trafica con droga, si una persona aborta, si una persona blasfema, si una persona comete sacrilegio, yo tengo que tener la suficiente claridad de mente, para saber que éso está mal. Ese no es un problema, ni hay pecado en formarse ese criterio.
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''¿En dónde empieza el pecado? El pecado empieza cuando yo, en una actitud de quejumbre, por medio de una actitud de censura, por medio de una actitud de superioridad, hundo a la otra persona, quiero hundir al pecador con el pecado. Esa es la falta de la que quiere corregirnos Cristo, y esa es la falta de la que quiere corregirnos el Apóstol Santiago en este texto.''
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''Quejarse de otra persona, es mirar a esa persona como una fuente de mal. La persona no es una fuente de mal. Cuando yo trato al otro como una fuente de maldad, estoy uniendo al pecador y al pecado. Esa es una ofensa grave contra Dios, porque: "Vio Dios todo lo que había hecho, y Dios vio que era bueno" (''véase'' Génesis 1,31).''
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''El ser humano es una fuente de bien; fue hecho bueno, y en la Sangre de Cristo podrá ser renovado en bondad. Yo no puedo unir al pecador con el pecado sin ofender al Dios que lo creó, y sin ofender al Dios que lo redimió.''
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Por eso, cuando me quejo del hermano, cuando lo miro como una fuente de mal, estoy despreciando al Dios que lo creó, y estoy despreciando al Dios que lo redimió. Porque estoy diciendo: "No hay nada bueno en esta persona", y eso contradice al Dios creador.  Estoy diciendo: "No saldrá nada bueno de esa persona", y estoy contradiciendo con eso al Dios que lo redimió. Es que el poder de la Sangre de Cristo puede sacar bienes de esa persona cuando se convierta.
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Se tiene entonces el peligro grave de juzgar a los demás, juzgar en el sentido de condenar, de hundir; se tiene el peligro grave de quejarse de los demás. Quejarse del otro es mirarlo como una fuente de maldad, lo que no se puede hacer sin ofender a Dios, que es Creador y es Redentor.
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"Perdón que interrumpa, padre, pero oyendo tantas noticias malas, por ejemplo: que la guerrilla puso una bomba, que murieron tantos niños, que el uno perdió una mano, que el otro un pie, que murieron hartos, que hay muchos heridos; cuando uno dice, "¿por qué esa gente hará tanto mal?", ¿ahí puede uno estar ofendiendo al Señor, de pronto al quejarse en esas preguntas, quejarse en el sentido de qué hacen, por qué, por qué son tan malos, qué maldad?"

Revisión del 07:02 10 may 2008

Fecha: 20020524

Título: Quejarse de los otros es hacer un juicio de condenacion

Original en audio: 12 min. 32 seg.


En la lectura que hemos escuchado de Santiago, aparecen claramente dos temas. Lo primero que nos dice el Apóstol, es sobre aquello de quejarse unos de otros, la quejadera, la quejumbre. Y lo segundo, es el tema del juzgar.

Realmente, yo creo con toda sencillez y con toda franqueza, que simplemente esos dos temas quedaron ahí, porque los que prepararon las lecturas de la Misa, no quisieron que quedara tan cortico el texto, o quisieron acomodarlo de esa manera. Pero son dos temas diferentes.

Yo quiero dedicar un momento de reflexión al primero, al de la quejumbre. Sobre todo me llama la atención lo que dice Santiago. Dice: "No os quejéis, hermanos, unos de otros, para no ser condenados" (véase Santiago 5,9). Es una frase como drástica. En esta Carta, ya nos hemos acostumbrado a que hay muchas afirmaciones así, muy fuertes.

Es una afirmación drástica: "No os quejéis unos de otros, hermanos, para no ser condenados" (véase Santiago 5,9). ¿Por qué dirá eso el Apóstol Santiago? ¿En qué está pensando él? Meditando sobre esa frase, quiero ofrecerles algunos elementos.

Lo primero es, que una queja no es tanto una expresión de mi dolor, cuanto un juicio sobre lo que otro está haciendo. Lo malo de la queja no es mi debilidad, sino la actitud condenatoria del otro.

Por eso dice él: "No os quejéis unos de otros" (véase Santiago 5,9). No dice simplemente: "No os quejéis", como quien dice: "Que nadie se queje; aguanten sin chistar". ¡No! A lo que está refiriéndose el Apóstol, es al quejarse de otra persona.

El quejarse, simplemente, el sentirse uno agobiado por el dolor, o por el cansancio, es algo muy humano, por una parte, y por otra, es algo que lo autoriza la Escritura, que muchas veces a través de los Salmos, incluso, nos da palabras para quejarnos ante Dios.

El problema no está en quejarse. El problema está en quejarse de los otros. Ahí es donde está el problema, porque quejándose de los otros, realmente se está mostrando, se está diciendo, que el otro es una causa de mi mal. Es un juicio sobre el otro. En el fondo, es una condenación.

Cuando se dice en los Evangelios o en la Carta de Santiago, que no juzguemos, lo que se quiere decir, es: "No censures, no condenes". No es cualquier juicio; es el juicio de condenación.

Cuando Cristo dice, por ejemplo: "No juzguéis para no ser juzgados" (véase San Mateo 7,1; San Lucas 6,37), no es cualquier juicio. Porque juzgar significa muchas cosas. Juzgar significa, por ejemplo, formarse una opinión. Eso es juzgar. Cuando uno pondera una situación y se forma una opinión, ahí uno está haciendo un juicio. Ese juicio no es el que aparece en el Evangelio.

No nos está hablando de ese juicio Jesucristo, ni nos está hablando de ese juicio Santiago acá. El juicio por el cual yo me hago una opinión sobre una situación, ése no es el problema.

El problema es el juicio que encierra a una persona en su culpabilidad, el juicio que envuelve a una persona con el mal que ha cometido, el juicio que une al pecador y al pecado, y los casa, los encadena. Ese es el juicio del que nos quiere corregir Jesucristo, y esa es la quejumbre de la que nos quiere corregir el Apóstol Santiago.

El problema no es formarse una opinión. Porque formarse una opinión sobre lo bueno y sobre lo malo, siempre es necesario. La Bilbia nos invita a que tengamos una claridad sobre lo bueno y lo malo. Por ejemplo, el profeta Isaías dice: "Ay de aquellos que llaman bien al mal, y mal al bien" (véase Isaías 5,20). Es decir, que la Biblia quiere que tengamos conceptos claros sobre lo bueno y lo malo. Ese no es el problema.

Si una persona trafica con droga, si una persona aborta, si una persona blasfema, si una persona comete sacrilegio, yo tengo que tener la suficiente claridad de mente, para saber que éso está mal. Ese no es un problema, ni hay pecado en formarse ese criterio.

¿En dónde empieza el pecado? El pecado empieza cuando yo, en una actitud de quejumbre, por medio de una actitud de censura, por medio de una actitud de superioridad, hundo a la otra persona, quiero hundir al pecador con el pecado. Esa es la falta de la que quiere corregirnos Cristo, y esa es la falta de la que quiere corregirnos el Apóstol Santiago en este texto.

Quejarse de otra persona, es mirar a esa persona como una fuente de mal. La persona no es una fuente de mal. Cuando yo trato al otro como una fuente de maldad, estoy uniendo al pecador y al pecado. Esa es una ofensa grave contra Dios, porque: "Vio Dios todo lo que había hecho, y Dios vio que era bueno" (véase Génesis 1,31).

El ser humano es una fuente de bien; fue hecho bueno, y en la Sangre de Cristo podrá ser renovado en bondad. Yo no puedo unir al pecador con el pecado sin ofender al Dios que lo creó, y sin ofender al Dios que lo redimió.

Por eso, cuando me quejo del hermano, cuando lo miro como una fuente de mal, estoy despreciando al Dios que lo creó, y estoy despreciando al Dios que lo redimió. Porque estoy diciendo: "No hay nada bueno en esta persona", y eso contradice al Dios creador. Estoy diciendo: "No saldrá nada bueno de esa persona", y estoy contradiciendo con eso al Dios que lo redimió. Es que el poder de la Sangre de Cristo puede sacar bienes de esa persona cuando se convierta.

Se tiene entonces el peligro grave de juzgar a los demás, juzgar en el sentido de condenar, de hundir; se tiene el peligro grave de quejarse de los demás. Quejarse del otro es mirarlo como una fuente de maldad, lo que no se puede hacer sin ofender a Dios, que es Creador y es Redentor.

"Perdón que interrumpa, padre, pero oyendo tantas noticias malas, por ejemplo: que la guerrilla puso una bomba, que murieron tantos niños, que el uno perdió una mano, que el otro un pie, que murieron hartos, que hay muchos heridos; cuando uno dice, "¿por qué esa gente hará tanto mal?", ¿ahí puede uno estar ofendiendo al Señor, de pronto al quejarse en esas preguntas, quejarse en el sentido de qué hacen, por qué, por qué son tan malos, qué maldad?"