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La lectura de los Hechos de los Apóstoles nos presenta el martírio de Esteban como fruto de la Pascua de Jesús. Jesús no le ahorró la muerte a Esteban; puede decirse que no lo protegió de morir, y sin embargo su muerte lleva un sello distinto al de las otras muertes. Lleva el sello del mismo Cristo; así como Cristo oraba por sus perseguidores diciendo: perdónalos porque no saben lo que hacen, asi Esteban ora diciendo: Señor no les tengas en cuenta este pecado. Y así como Jesús muere ofreciéndose al Padre: a tus manos encomiendo mi espíritu, le dice, así tambien Esteban muere encomendándose a Jesús: Señor Jesús, le dice, recibe mi espíritu. | La lectura de los Hechos de los Apóstoles nos presenta el martírio de Esteban como fruto de la Pascua de Jesús. Jesús no le ahorró la muerte a Esteban; puede decirse que no lo protegió de morir, y sin embargo su muerte lleva un sello distinto al de las otras muertes. Lleva el sello del mismo Cristo; así como Cristo oraba por sus perseguidores diciendo: perdónalos porque no saben lo que hacen, asi Esteban ora diciendo: Señor no les tengas en cuenta este pecado. Y así como Jesús muere ofreciéndose al Padre: a tus manos encomiendo mi espíritu, le dice, así tambien Esteban muere encomendándose a Jesús: Señor Jesús, le dice, recibe mi espíritu. | ||
Revisión del 02:25 22 abr 2007
La lectura de los Hechos de los Apóstoles nos presenta el martírio de Esteban como fruto de la Pascua de Jesús. Jesús no le ahorró la muerte a Esteban; puede decirse que no lo protegió de morir, y sin embargo su muerte lleva un sello distinto al de las otras muertes. Lleva el sello del mismo Cristo; así como Cristo oraba por sus perseguidores diciendo: perdónalos porque no saben lo que hacen, asi Esteban ora diciendo: Señor no les tengas en cuenta este pecado. Y así como Jesús muere ofreciéndose al Padre: a tus manos encomiendo mi espíritu, le dice, así tambien Esteban muere encomendándose a Jesús: Señor Jesús, le dice, recibe mi espíritu.
Esteban, como sabemos, es el primer mártir de la iglesia; hoy lo recordamos no estrictamente por su martírio que fue celebrado el 26 de diciembre, sino por lo que significa el martírio como fruto de la pascua. La pascua, que de tal manera nos colma de vida, nos permite enfrentar de otra manera la muerte. Ya habían aparecido desgracias que acechan a la Iglesia en el tiempo presente, persecusiones exteriores, incluída la cárcel y los azotes, dificultades interiores, por ejemplo el episodio de Ananías o las discusiones entre los de lengua griega y los de lengua hebrea.
Pues bien, la iglesia que en el tiempo presente padece esos sufrimientos está configurándose con Jesucristo; y la Iglesia que durante su vida en esta tierra se configura con Cristo, en el momento de la muerte se une estrechísimamente con Él y ése es el martírio. De esta manera la muerte del cristiano es simplemente la conclusión de esa historia de amor y de salvación que ha llevado él en su vida, mientras va de camino en esta tierra va aprendiendo de su maestro y va recibiendo luz y gracia de su Señor y de su Esposo. Cuando llega la hora de la muerte han llegado también las bodas, ha llegado también el tiempo de la configuración decisiva con Jesucristo.
De manera que esta lectura de los Hechos de los Apóstoles nos invita a caminar con Cristo, a vivir con Cristo para morir con Él y para resucitar con Él. Las dificultades, las tensiones, las tentaciones, incluso el pecado, estarán en la Iglesia, acompañaran a la iglesia, pero la victoria de la gracia, la esperanza de la resurrección, y el triunfo del perdón estarán también y sobrerabundarán en la misma Iglesia.