Diferencia entre revisiones de «Ap04003a»

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Revisión del 03:53 11 abr 2008

Fecha: 20020421

Título: Jesucristo nos ofrece el verdadero sabor del amor

Original en audio: 14 min. 49 seg.


Uno de los salmos más conocidos de la Biblia, es el Salmo 23, que hemos proclamado a manera responsorial en el día de hoy.

La numeración difiere. Si usted lo busca en la Biblia, es el 23. En la numeración que se utiliza para la liturgia, hay un descuadre de un número para casi todos los salmos. Así que en la hoja que se ha repartido, aparece como número 22. Y este no es el momento de aclarar esa diferencia numérica, pues no tiene mucha importancia para lo que vamos a decir.

"El Señor es mi Pastor; nada me falta" (véase Salmo 23,1). Estas palabras del Salmo 23, se atribuyen al rey David. Él era pastor, como seguramente recordamos por el primer libro de Samuel. Él sabía lo que era cuidar a las ovejas.

Pero es maravilloso que este hombre, que sabía cuidar, también se sentía protegido, se sentía cuidado, resguardado, dirigido, alimentado por Dios. David sabía lo que significaba ser pastor.

Mas no era tan pastor, que se le olvidara ser oveja. Sabía lo que era cuidar a otros, pero no se colocaba él en el primer puesto, sino que se sabía necesitado de ser protegido, de ser custodiado, de ser guiado.

Estas dos experiencias, la experiencia de cuidar a otros, y la experiencia de ser cuidado, alimentado, guiado, protegido, defendido, éstas son las dos experiencias tal vez más profundas del corazón, las dos experiencias que nos pueden llevar a sentir el sabor del amor, a qué sabe el amor.

El amor sabe a cuidado. El amor sabe a protección, ayuda, alimento, guía, defensa. Cuando se dice que Dios es nuestro Pastor, es porque en los cuidados de este Pastor, hemos sentido el sabor del amor.

Primera cosa que aprendemos en el día de hoy: ¿A qué sabe el amor? El amor sabe a cuidado. Cuidar es otorgar, es prodigar, es ofrecer el sabor del amor.

Por eso, cuando preguntamos quiénes saben amar en nuestro mundo, cuando preguntamos en dónde encontramos señales de amor, casi siempre los ejemplos son las mamás, la mamá. Porque la mamá ofrece eso, ofrece cuidado, ofrece acogida, guía, defensa, alimento.

Fueron momentos muy dulces, fueron momentos muy bellos, seguramente, los que vivimos en el regazo de nuestras madres, abrazados por la mamá. Sentíamos el sabor del amor.

El amor sabe a cuidado. ¿Por qué es importante esto? Porque a uno el paladar le sirve para muchas cosas, por ejemplo, para detectar cuando una cosa está dañada.

El otro día en mi casa íbamos a comer un pescado en el tiempo de Cuaresma, y los que estábamos a la mesa empezamos a sentir: "Esto sabe como raro. Este pescado está como raro. ¡Cuidado!"

A través del paladar reconocemos si las cosas están dañadas o no. El paladar nos ayuda. El alma también tiene su paladar. Cuando se hable de amor, el paladar del alma tiene que averiguar, si ese amor está bueno o está rancio, si está bueno o se cortó, si está bueno o se fermentó.

Precisamente, en este clima más bien calientico que tenemos, es muy fácil que las cosas se dañen. Un jugo se puede dañar en unas horas, o de un día para otro; depende de cómo estaba la fruta. Y uno prueba e inmediatamente siente: "¡Uy! Se fermentó este jugo. No me sirva más. ¡Qué pesar! Se perdió el jugo".

Y se veía bien; se veía delicioso, fresquecito, rico. Pero el paladar dice: "Este no está bien. Esto ya como que se fermentó. ¡Espere! No me sirva más. ¡Qué pena! Yo no me tomo este jugo".

Hay que tener despierto el paladar del alma así también. Cuando a usted le digan: "Amor de mi vida, luz de mis ojos, lucero de mi corazón", y todas esas otras cosas bellas, el paladar del alma tiene que estar despierto, para ver si eso tiene el sabor, o si es un amor que ya se dañó, un amor que ya se pudrió.

Por eso nos hace un gran favor Jesucristo, porque Jesucristo nos ofrece el verdadero sabor del amor. Jesucristo nos regala el verdadero sabor del amor en su propio Cuerpo y en su propia Sangre, en su manera de cuidarnos, defendernos, alimentarnos, acogernos, guiarnos. Cristo, con sus cuidados, nos da el sabor del amor.