Diferencia entre revisiones de «Ap05004a»

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Y había muchos judíos que hablaban principalmente o únicamente la lengua griega, y recibían distinto trato. Discriminaciones, preferencias, roscas, problemas, que también encontramos en nuestro tiempo.
 
Y había muchos judíos que hablaban principalmente o únicamente la lengua griega, y recibían distinto trato. Discriminaciones, preferencias, roscas, problemas, que también encontramos en nuestro tiempo.
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Entonces la enseñanza es doble. Primero: no idealicemos esa época de los primeros cristianos; y segundo: no nos desesperemos si encontramos en nuestro tiempo debilidades semejantes a las que hemos oído hoy.
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Intervienen los Apóstoles de una manera sabia, de lo que se trata es de resolver el problema. Pero aquí viene otra enseñanza: los problemas de cada día no nos pueden absorber toda la atención. Por encima de la administración, por encima de los problemas, las intrigas, los celos, los chismes; por encima de todo eso, los pastores de la Iglesia tiene que saber mirar más alto y más amplio.
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Y por eso los Apóstoles se reservan la misión suprema: la oración y la predicación; la cercanía con el Señor, y la proclamación de la Palabra del señor.
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Otra enseñanza para nosotros,porque aquí nos podemos preguntar qué tanto peso tienen en nosotros los problemas de cada día. He visto acabarse grupos de oración, he visto acabarse grupos juveniles pr asuntos de celos, de chismes, de intrigas, de roscas, ¿qué les pasa a esos grupos y por qué se acaban?
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Porque le dan tanta importancia a esos problemas, que se olvidan de lo fundamental: pase lo que pase, tenemos que garantizar la oración; pase lo que pase, tenemos que garantizar la predicación. Esas dos cosas no las podemos permitir.
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Porque, a veces, es una estrategia del demonio ponernos a dar vueltas sobre los problemas, para que nosotros, en medio de nuestros celos, envidias, intrigas, nos mareemos y no le prestemos atención a lo principal y primero que es la Palabra del Señor y la búsqueda de la gloria divina.

Revisión del 14:26 9 abr 2008

Fecha: 20020428

Título:

Original en audio: 12 min. 28 seg.


Con la ayuda del Señor, vamos a tomar algunas enseñanzas de las lecturas que acabamos de oír. Estas enseñanzas no agotan la Palabra de Dios, porque la palabra es como una fuente inagotable, es más, posiblemente el Espíritu Santo le puede indicar a usted en el corazón otras aplicaciones, otras enseñanzas que ni siquiera se dicen en la Iglesia. El Espíritu, que nos inspiró esta palabra, es el mismo Espíritu que nos ayuda a explicarla y que nos ayuda a entenderla.

En la primera lectura hemos oído sobre algunos problemas que tenía la Iglesia. A veces podemos imaginar el tiempo de los primeros cristianos como una especie de sueño maravilloso en el que no había ningún problema, en que nadie discutía con nadie, en el que no había conflictos, fricciones, envidias, el paraíso, mejor dicho.


La primera lectura nos baja de esa nube. Donde hay humanos, hay humanidad, y aunque haya habido maravillosas experiencias del amor de Dios, persiste en la carne humanan la tendencia al egoísmo, a compararse con los otros, a sacar ventaja, a quejarse más de la cuenta.

No idealicemos el tiempo de los primeros cristianos; hubo discusiones entre ellos, porque los que eran de origen judío recibían un trato distinto de los que tenían origen menos judío. Eran también judíos pero de lengua griega, porque a partir de la dispersión que tuvieron cuando lo de Babilonia, los judíos ya no estuvieron confinados en la tierra de Palestina.

Y había muchos judíos que hablaban principalmente o únicamente la lengua griega, y recibían distinto trato. Discriminaciones, preferencias, roscas, problemas, que también encontramos en nuestro tiempo.

Entonces la enseñanza es doble. Primero: no idealicemos esa época de los primeros cristianos; y segundo: no nos desesperemos si encontramos en nuestro tiempo debilidades semejantes a las que hemos oído hoy.

Intervienen los Apóstoles de una manera sabia, de lo que se trata es de resolver el problema. Pero aquí viene otra enseñanza: los problemas de cada día no nos pueden absorber toda la atención. Por encima de la administración, por encima de los problemas, las intrigas, los celos, los chismes; por encima de todo eso, los pastores de la Iglesia tiene que saber mirar más alto y más amplio.

Y por eso los Apóstoles se reservan la misión suprema: la oración y la predicación; la cercanía con el Señor, y la proclamación de la Palabra del señor.

Otra enseñanza para nosotros,porque aquí nos podemos preguntar qué tanto peso tienen en nosotros los problemas de cada día. He visto acabarse grupos de oración, he visto acabarse grupos juveniles pr asuntos de celos, de chismes, de intrigas, de roscas, ¿qué les pasa a esos grupos y por qué se acaban?

Porque le dan tanta importancia a esos problemas, que se olvidan de lo fundamental: pase lo que pase, tenemos que garantizar la oración; pase lo que pase, tenemos que garantizar la predicación. Esas dos cosas no las podemos permitir.

Porque, a veces, es una estrategia del demonio ponernos a dar vueltas sobre los problemas, para que nosotros, en medio de nuestros celos, envidias, intrigas, nos mareemos y no le prestemos atención a lo principal y primero que es la Palabra del Señor y la búsqueda de la gloria divina.