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Desde el principio de la Pasión Jesús se muestra como aquel que se regala a sí mismo; ya lo había dicho Él: "A mí nadie me quita la vida; yo la entrego" (''véase'' San Juan 10,17). "Ya os dije que yo soy" (''véase'' San juan 18,8), dice Jesucristo. "Si me buscáis a mí, dejad que éstos se vayan( (''véase'' San Juan 18,8). | Desde el principio de la Pasión Jesús se muestra como aquel que se regala a sí mismo; ya lo había dicho Él: "A mí nadie me quita la vida; yo la entrego" (''véase'' San Juan 10,17). "Ya os dije que yo soy" (''véase'' San juan 18,8), dice Jesucristo. "Si me buscáis a mí, dejad que éstos se vayan( (''véase'' San Juan 18,8). | ||
| − | ¡Qué admirable amor de amigo! En ese momento, en que estaba siendo traicionado por uno de sus discípulos, tiene un corazón, y cabeza y amor para pensar en lo que va a ser de ellos, y por eso dice: "Si me buscáis a mí, dejad que éstos se vayan" (''véase'' San Juan 18,8).Y así se queda Él solo en manos de sus enemigos. | + | ¡Qué admirable amor de amigo! En ese momento, en que estaba siendo traicionado por uno de sus discípulos, tiene un corazón, y cabeza y amor para pensar en lo que va a ser de ellos, y por eso dice: "Si me buscáis a mí, dejad que éstos se vayan" (''véase'' San Juan 18,8). Y así se queda Él solo en manos de sus enemigos. |
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| + | Le pregunta el sumo sacerdote, más adelante sobre qué es lo que Él enseña, sobre cuál es su doctrina. Y la palabra de Cristo trae una nueva enseñanza a nosotros. Mira lo que dice: "He hablado en público delante de todo el mundo; yo siempre enseñé en la sinagoga y en el Templo. ¿Por qué me preguntas a mí? Interroga a los que han escuchado mis palabras" (''véase'' San Juan 18,20-21). | ||
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| + | ¡Qué bello esto! "Interroga a los que han escuchado mis palabras" (''véase'' San Juan 18,21). ¿Tú quieres saber qué ha dicho Jesús? Pregúntale a los discípulos de Jesús. El Evangelista Juan trae aquí una preciosa enseñanza para nosotros: ¿Dónde están las palabras de Jesús? ¿Están acaso en alguna grabadora, en algún video, o en los apuntes de alguien? No. El lugar de la palabra de Cristo es el discípulo de Cristo. Ser discípulo de Cristo es custodiar su palabra, es llevar su palabra. | ||
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| + | Esa respuesta no le gustó a los soldados que estaban ahí en el sanedrín, que era como el senado de los judíos. Y uno de esos, quizá por quedar bien con el sumo sacerdote, da unos pasos y le larga una bofetada a Cristo: "¿Así respondes al sumo sacerdote?" (''véase'' San Juan 18,22). | ||
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| + | Cristo le responde: "Si he hablado mal, dime en qué; si he hablado bien, ¿por qué me pegas?" (''véase'' San Juan 18,23). Esta pregunta no es tanto una manera de defenderse... min. 13. | ||
Revisión del 20:16 20 mar 2008
Fecha: 19970328
Título:
Original en audio: 30 min. 24 seg.
Queridos Hermanos:
Precisamente los puedo llamar hermanos, porque hoy nos hermana el amor de Jesucristo; es ese amor el que hace que nosotros seamos hermanos; nos podemos llamar hermanos, aunque venimos de distintas familias, porque una misma gracia y un mismo bautismo nos han hecho nacer.
Nosotros no estamos aquí ni por colombianos, ni por barranquilleros, ni por ser hombres, ni por ser mujeres, ni por tener muchos o muy poquitos estudios; no estamos aquí porque tengamos una afición en común, un coloquio interesante, lo único que tenemos en común todos nosotros es una misma gracia, un mismo regalo, un mismo amor ha venido de Dios para nosotros.
Y ese regalo que todos nosotros hemos recibido, es precisamente el que aparece en la Cruz redentora de nuestro Salvador, en la Cruz de Jesucristo. Pero es necesario meditar la Palabra de Dios para desenvolver ese regalo. Es como si le llegara a uno un paquete que viene bien envuelto, uno sabe que es un regalo, pero para poder destaparlo se necesita, qué sé yo, una cuchilla, unas tijeras, o algo.
Este regalo, que es Cristo en la Cruz, nos invita a ser meditado; necesitamos asomarnos a la Palabra de Dios, darle la interpretación a esta Palabra para descubrir a Dios, lo que Dios nos regaló; porque es un regalo un poco extraño. ¿Cómo ha sido este regalo para nosotros, tanta debilidad, tanto dolor, tanta traición tanta sangre como la que aparece aquí? Yo puedo decir que, sin la Palabra de Dios, lo único que se ve en la Cruz es mugre y sangre, eso es lo único que se ve en la Cruz.
Y yo creo que hay muchas personas que no quieren la Cruz de Cristo, porque si les parece indiferente que haya o que no haya cruz es por eso, porque no han abierto el regalo, porque no saben lo que contiene ese don maravilloso de la Cruz de Jesucristo y como no saben lo que contiene, con frecuencia pasan por encima de ella y ahí, donde está nuestra salvación, ahí se queda, y no llega hasta el corazón, porque al corazón no puede llegar si nosotros no desempacamos el regalo meditando en la Palabra de Dios.
Y eso es lo que vamos a hacer ahora, con la ayuda de Dios nuestro Señor. Yo pediré de ustedes un corazón orante, mientras deseo que, con la ayuda del Espíritu Santo, yo pueda hablar cómo es un corazón en oración, un corazón que quiera y sepa recibir la Palabra de Dios; porque este día es precisamente único en el año, y por eso me alegro de ustedes que están aquí y me da pesar con los que no quisieron venir.
Y me alegro apenas a medias por los que están apenas a medias aquí en la iglesia, porque hay personas que vienen y traen todo su corazón, pero hay personas que vienen pero dejan el corazón afuera, están aquí de cuerpo presente pero su corazón está distraído en otros pensamientos; por esos que vienen a medias, me alegro solamente a medias; y por aquellos otros que han venido con todo su amor y con toda su oración, con esos me alegro con todo mi amor y con todo mi corazón.
Porque en este día totalmente único, en este día completamente singular, Dios tiene para dar y para repartir a cada uno de nosotros, a cada uno de los aquí presentes. Yo quisiera, hermanos, que en esta ocasión dirigiéramos nuestra meditación diciendo las palabras que dice Cristo en su Pasión según San Juan.
La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo se lee sólo dos veces al año, es una lectura larga, incluso algunos de nosotros nos hemos fatigado y algunos se sentaron porque les pareció que estaba demasiado larga la lectura; esa lectura que se hace sólo dos veces al año, en el Domingo de Ramos, que fue el Domingo pasado, el Domingo en que se conmemora la entrada de Cristo en Jerusalén y en el Viernes Santo, precisamente en el día en que nos encontramos.
La Pasión de Cristo se lee cada año por un Evangelista distinto, este año se leyó según San Marcos, el próximo año se lee según San Lucas y luego según San Mateo, y luego de nuevo Marcos, y así sucesivamente. En cambio el Viernes Santo siempre se lee la Pasión de Cristo de acuerdo con este mismo Evangelista, de acuerdo con San Juan. De manera que los tres primeros Evangelistas se van rotando en el de Domingo de Ramos, y el cuarto Evangelista, Juan, se lee todos los años en el Viernes Santo.
Porque en realidad, el evangelio según San Juan es bastante diferente de los otros evangelios. San Juan, que fue testigo presencial de los acontecimientos, nos ayuda con su mirada creyente, con su mirada limpia a escrutar, a conocer un poco mejor el misterio de la Cruz de Cristo; los otros Evangelista cuentan cosas que oyeron.
Mateo era Apóstol, pero no estuvo ahí presente en el momento de la Cruz; Marcos recibió el testimonio de la comunidad que había formado el Apóstol Pedro, una de las comunidades que había formado el Apóstol pedro; Lucas fue discípulo del Apóstol San Pablo; el único que estuvo ahí en el momento de la Cruz fue Juan.
Y por eso la lectura que hemos escuchado es la de un testigo presencial, la de alguien que estuvo allí, que vio el dolor, que vio el sufrimiento pero sobretodo que vio el amor, que comprendió la majestad en la humillación, que descubrió la pureza en medio de los insultos y que vio nacer el sol de la gracia, en las nubes, y en las tormentas, y en las tinieblas de tanta iniquidad y de tanto pecado.
Puede decirse que San Juan es el testigo por excelencia, el que tuvo ojos, el que tuvo fe, el que tuvo valor para mirar, para asomarse a la gloria de Cristo en medio del escarnio, de la humillación de la Cruz; y las palabras del evangelio que hemos escuchado son las palabras de una persona que descubrió en su corazón este misterio que estaba ante sus ojos.
Decía un gran hombre, un gran predicador, San León Magno, Papa, decía: "Para mirar bien la Cruz de Cristo, para amar la Cruz de Cristo, para comprender la Cruz de Cristo, decía San León Magno, hay que mirarla reconociendo la propia carne en la Carne de Jesucristo".
Mientras leemos la Pasión de Cristo como algo que le sucedió a Él, "pobrecito Él que le pasaron esas cosas", no nos apropiaremos del regalo; cuando entendemos que es algo nuestro, que es carne nuestra, que es vida nuestra la que esta ahí colgada de la Cruz, entonces empezamos a percibir el regalo maravilloso de la Cruz. Jesucristo, de acuerdo con el testimonio de San Juan, Jesucristo vive su Pasión dueño de sí mismo.
Examinemos sus palabras. Empieza la Pasión de Cristo, por la búsqueda que hacen de Él en el huerto; se busca a Cristo, esa debería ser una buena noticia, pero en este caso se busca a Cristo para condenarlo a muerte, y preguntan, tienen que preguntar porque es de noche, acordémonos que a Cristo lo encuentran el huerto de los Olivos y mucha de la gente que iba detrás de Cristo para aprenderlo y para llevarlo a la Cruz ni siquiera le conocía personalmente, sólo habían oído hablar de Él.
Por eso el traidor tiene que darles una señal: "Aquel a quien yo bese, es ése" (véase San Juan 18), y en medio de la penumbra no sabían quien era Él. Cristo opone al tropel de la gente que entra al huerto y pregunta: "¿A quién buscáis?" (véase San Juan 18,4), y le responden: "A Jesús de Nazareth" (véase San Juan 18,5), y Él se les presenta de cuerpo entero, con valor, sin engaño, no rehuye la muerte, no rehuye la tortura; "yo soy" (véase San Juan 18,5), responde Él.
Esta respuesta, respuesta que en toda apariencia los deja desconcertados. Porque ellos esperarían, seguramente, que aquel a quien buscaban, saliera a pagar escondederos de a peso; saliera corriendo---------------.
Desde el principio de la Pasión Jesús se muestra como aquel que se regala a sí mismo; ya lo había dicho Él: "A mí nadie me quita la vida; yo la entrego" (véase San Juan 10,17). "Ya os dije que yo soy" (véase San juan 18,8), dice Jesucristo. "Si me buscáis a mí, dejad que éstos se vayan( (véase San Juan 18,8).
¡Qué admirable amor de amigo! En ese momento, en que estaba siendo traicionado por uno de sus discípulos, tiene un corazón, y cabeza y amor para pensar en lo que va a ser de ellos, y por eso dice: "Si me buscáis a mí, dejad que éstos se vayan" (véase San Juan 18,8). Y así se queda Él solo en manos de sus enemigos.
Le pregunta el sumo sacerdote, más adelante sobre qué es lo que Él enseña, sobre cuál es su doctrina. Y la palabra de Cristo trae una nueva enseñanza a nosotros. Mira lo que dice: "He hablado en público delante de todo el mundo; yo siempre enseñé en la sinagoga y en el Templo. ¿Por qué me preguntas a mí? Interroga a los que han escuchado mis palabras" (véase San Juan 18,20-21).
¡Qué bello esto! "Interroga a los que han escuchado mis palabras" (véase San Juan 18,21). ¿Tú quieres saber qué ha dicho Jesús? Pregúntale a los discípulos de Jesús. El Evangelista Juan trae aquí una preciosa enseñanza para nosotros: ¿Dónde están las palabras de Jesús? ¿Están acaso en alguna grabadora, en algún video, o en los apuntes de alguien? No. El lugar de la palabra de Cristo es el discípulo de Cristo. Ser discípulo de Cristo es custodiar su palabra, es llevar su palabra.
Esa respuesta no le gustó a los soldados que estaban ahí en el sanedrín, que era como el senado de los judíos. Y uno de esos, quizá por quedar bien con el sumo sacerdote, da unos pasos y le larga una bofetada a Cristo: "¿Así respondes al sumo sacerdote?" (véase San Juan 18,22).
Cristo le responde: "Si he hablado mal, dime en qué; si he hablado bien, ¿por qué me pegas?" (véase San Juan 18,23). Esta pregunta no es tanto una manera de defenderse... min. 13.