Diferencia entre revisiones de «K024003a»
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Al Profeta Jeremías le tocó vivir uno de los tiempos más duros del pueblo de Dios, ya sólo quedaba el reino del sur, porque hay que recordar que según nos cuenta el Antiguo Testamento, se dividieron los hebreos. El reino del norte y el reino del sur. Pero ya el reino del norte se había acabado y sólo quedaba el reino del sur que tenía su capital en Jerusalén. | Al Profeta Jeremías le tocó vivir uno de los tiempos más duros del pueblo de Dios, ya sólo quedaba el reino del sur, porque hay que recordar que según nos cuenta el Antiguo Testamento, se dividieron los hebreos. El reino del norte y el reino del sur. Pero ya el reino del norte se había acabado y sólo quedaba el reino del sur que tenía su capital en Jerusalén. | ||
| − | Pero fue desastroso lo que tuvo que vivir Jeremías, porque le tocó anunciar y luego le tocó padecer el destierro. Vino un pueblo cruel, el pueblo de los caldeos, y se llevó al destierro a los habitantes del reino del sur, también | + | Pero fue desastroso lo que tuvo que vivir Jeremías, porque le tocó anunciar y luego le tocó padecer el destierro. Vino un pueblo cruel, el pueblo de los caldeos, y se llevó al destierro a los habitantes del reino del sur, también llamado reino de judá. De ahí viene la palabra “judío”. |
Incendiaron, saquearon, violaron y se llevaron al destierro lo mejor de la raza de Judá y Jeremías tuvo que ver que este terrible drama venía encima. Tuvo que anunciarlo, tuvo que ver la terquedad de la gente que no se convertía y luego le tocó padecer los efectos de semejante desastre. | Incendiaron, saquearon, violaron y se llevaron al destierro lo mejor de la raza de Judá y Jeremías tuvo que ver que este terrible drama venía encima. Tuvo que anunciarlo, tuvo que ver la terquedad de la gente que no se convertía y luego le tocó padecer los efectos de semejante desastre. | ||
Revisión del 23:35 21 feb 2008
Fecha: 20010315
Título: Bendito quien confia en el SeNor a pesar de las calamidades
Original en audio: 13 min. 16 seg.
Al Profeta Jeremías le tocó vivir uno de los tiempos más duros del pueblo de Dios, ya sólo quedaba el reino del sur, porque hay que recordar que según nos cuenta el Antiguo Testamento, se dividieron los hebreos. El reino del norte y el reino del sur. Pero ya el reino del norte se había acabado y sólo quedaba el reino del sur que tenía su capital en Jerusalén.
Pero fue desastroso lo que tuvo que vivir Jeremías, porque le tocó anunciar y luego le tocó padecer el destierro. Vino un pueblo cruel, el pueblo de los caldeos, y se llevó al destierro a los habitantes del reino del sur, también llamado reino de judá. De ahí viene la palabra “judío”.
Incendiaron, saquearon, violaron y se llevaron al destierro lo mejor de la raza de Judá y Jeremías tuvo que ver que este terrible drama venía encima. Tuvo que anunciarlo, tuvo que ver la terquedad de la gente que no se convertía y luego le tocó padecer los efectos de semejante desastre.
Fue muy dura la vida de Jeremías, muy dura. Se atribuye Jeremías un libro de la Biblia, además del que lleva su nombre, el reconocido Libro de las Lamentaciones, porque Jeremías de muchos modos expresó la tristeza, el dolor por ese acontecimiento del destierro que fue lo más humillante, lo más triste, lo más duro que tuvo que vivir el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento. Este destierro tuvo lugar en el siglo VI, antes de Cristo.
¿Qué sacó Jeremías de ese desastre, de esa calamidad? A parte de las lamentaciones, a parte de las lágrimas, ¿qué sacó Jeremías de ahí? Esta pregunta nos interesa mucho, porque también en nuestros pueblos y también entre nosotros ha habido tragedias muy dolorosas y es necesario saber aprovechar, con la mirada hacia Dios, también las tragedias, también los dolores, también las calamidades.
Que Dios no deja de ser Dios porque haya dolor, porque haya tragedia, porque haya calamidad.
Jeremías nos va enseñar entonces cómo tenemos que aprovechar el dolor, la tragedia y la calamidad. Es lo que nos indica el texto de hoy que está tomado del Libro de Jeremías, capítulo 17. Las palabras de Jeremías son duras porque lo que le había tocado vivir fue muy duro.
“Maldito quien confía en el hombre y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor” (véase Jeremías 17,5) . Qué palabra tan dura la palabra de maldición: "Maldito quien confía en el hombre apartando del Señor su confianza" (véase Jeremías 17,5), Peor, repito, Jeremías tuvo que hablar así por que la vida le llevó a hablar así.
Y él se dio cuenta de que aquellas personas que se apartan de Dios y creen que porque tienen amigos o porque pertenecen a este grupo o a este otro grupo, a este partido o a este otro partido, a este reino o a este otro reino, que ya con eso tienen, esas personas traen la peores calamidades para ellas mismas y para su pueblo.
Pero Jeremías no se queda maldiciendo. Si dijo esa palabra tan dura es porque había visto que todos los causantes de la tragedia de su pueblo, habían sido gente que habían apartado su corazón de Dios y que habían buscado solamente alianzas con los seres humanos.
Y el ser humano es débil, se cansa, miente, traiciona, es infiel. Jeremías no se queda en la palabra de maldición, tiene una palabra de bendición: “Bendito quien confía en el Señor” (véase Jeremías 17,7). Estas palabras valen mucho porque salieron de un corazón que pasó por la violencia, por la barbarie, por la crueldad, por las lágrimas, por el hambre, por la sangre.
Que una persona diga cosas bonitas porque ha tenido una vida de muñeca, pues sí, esa es una vida de algodón, una vida de burbujas, una vida de mentiras. Pero la vida de Jeremías no tuvo nada de eso. Fue vida de dolor y de dolor hasta el extremo, de ver las cosas más horripilantes a causa del hambre, de la guerra y del odio. Y este hombre que pasó por todas esas cosas, tiene una bendición en el corazón.
Bendito, bendito quien confía en el Señor; bendito quien confía en el Señor. Así como el metal se acrisola en el fuego, así también el corazón humano se vuelve oro puro cuando ha pasado por el sufrimiento y conserva su confianza en Dios.
Entonces, ese metal es oro puro, entonces esa persona es verdaderamente fiel, es verdaderamente amiga de Dios. Y eso fue lo que vivió Jeremías.
Y en este tiempo de Cuaresma, la iglesia que es Madre, quiere que nosotros nos alimentemos con los ejemplos que valen la pena, la Iglesia que es Madre, quiere que nosotros nos corrijamos, nos sanemos y nos alimentemos con el testimonio de estos hombres verdaderamente grandes.
Y la grandeza de Jeremías fue mantenerse agarrado a Dios, abrazado a Dios, poniendo su confianza en Dios, aunque todo se derrumbara.
"Bendito quien confía en el Señor" (véase Jeremías 17,7), nos dice Jeremías. Fíjate que el pecado siempre es darle la espalda a Dios. Pecar es darle la espalda a Dios, es no creerle a Dios, es apartarse de Dios, porque el demonio, en últimas, nos hace creer que nuestra felicidad, que nuestro poder, que nuestra vida no nos la va a dar Dios, y por eso andamos buscando los ídolos de esta tierra, porque no le creemos a Dios.
Hoy la Iglesia nos llama: "Vamos a creerle a Dios, vamos a poner nuestra confianza en Dios, a traer nuestro corazón y a traer los corazones de nuestros hermanos para que se depositen en Dios".
Porque estoy convencido de que toda persona cuando descarga su corazón en Dios, descubre que hay vida, que hay gracia, que hay perdón.
Si la persona descarga su corazón en Dios siente la amistad, la sonrisa, el abrazo, el cuidado, el amor de Dios y cada persona que sienta eso se convierte en una fuente de amor, en una raíz de paz, en el comienzo de un mundo nuevo según la voluntad del Señor.
Sigamos nuestra celebración y sigamos el camino de la Cuaresma. Si antes le hemos puesto nuestro corazón a las criaturas, la iglesia nos llama hoy: "Trae tu corazón, ponlo en el altar junto al corazón de Cristo, que es corazón de fiar".
Trae tu corazón, invita a otros, trae el corazón de este pueblo, ponlo sobre el altar, que allí junto al corazón de Jesucristo, y lleno de amor, recibiremos Espíritu de Dios que nos transforme y que haga nacer de nosotros un tiempo nuevo.
Así lo va a hacer Dios, si nosotros ponemos totalmente nuestra confianza en Él, porque Él es fiel.