Diferencia entre revisiones de «Staq002a»

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar
(Nueva página: '''Fecha: 19970128''' '''Título: Misioneros de la inteligencia''' '''Original en audio: 10 min. 8seg.''' El mensaje central del Nuevo Testamento se puede resumir en la expresión...)
 
m (Protegió Staq002a: transcribiendo [edit=sysop:move=sysop])
(Sin diferencias)

Revisión del 21:36 24 ene 2008

Fecha: 19970128

Título: Misioneros de la inteligencia

Original en audio: 10 min. 8seg.


El mensaje central del Nuevo Testamento se puede resumir en la expresión: "Jesús es el Señor" (véase Hechos de los Apóstoles 10,36), sabiendo que en este nombre, Jesús, estamos resumiendo todo aquello que nos cuentan de Jesús de Nazareth, su nacimiento, su vida oculta, sus milagros, su predicación, pero sobre todo la espantosa humillación de la Cruz, el frío del sepulcro, el fuego del Espíritu, la gloria de la resurrección y la comunicación de ese mismo Espíritu a los creyentes.

Afirmar que el Crucificado ha resucitado y que en Él está la manifestación perfecta y sublime del amor de Dios, eso es ser cristiano. y eso es lo que decimos cuando profesamos que Jesús es el Señor.

Que Él es el Señor, significa que Él es el que tiene potestad y autoridad sobre nosotros y a través de nosotros, sobre el universo entero. Potestad, que no es la de un tirano que aplasta, sino la de aquel amable agricultor, que sabe sacar del corazón humano la mala hierba, y que sabe regarlo con abundante y cristalina agua para que pueda florecer, para que cada uno alcance su propia meta. Jesús es el Señor, porque es el que más nos ha amado, y Él amó todo en nosotros.

Qué madre, mirando a su bebito, diría: "Yo quiero mucho a mi bebé, pero los bracitos no los quiero. Yo quiero la cabeza, el tronco, las piernas, pero los brazos no. Esa porquería de brazos que tiene mi hijo, yo no la quiero". Ninguna mamá habla así. Al contrario, si sucediera que el niño tiene algún defecto en sus bracitos, serán esos brazos los que más quiera la mamá.

O qué madre diría, por ejemplo: "A mí me parece muy hermoso mi hijo; yo lo quiero mucho, pero mientras esté callado. Porque si mi hijo me va a hablar, ahí sí le cojo fastidio". Esa no sería una madre. Si quiere al niño, lo quiere en todo su cuerpo, lo quiere en todo su ser, en toda su historia, en sus palabras, en sus pensamientos.

Infinitamente mayor es el amor de Dios, y el amor de Dios quiere todo en nosotros. Él ha amado, ha redimido y ha transformado todo en nosotros.

Entonces, cuando Dios nos quiere, no es que diga: "Yo a ustedes los quiero mucho en su cuerpo, en su corazón, en su voluntad, pero no se pongan a pensar. ¡No piensen! Porque apenas se pongan a pensar, van a empezar a decir barbaridades, y por tanto ya no los voy a querer".

Dios nos quiere a nosotros y quiere en nosotros nuestra inteligencia. Dios quiere santificar y evangelizar todo nuestro ser. Por esa razón, Él quiere también purificar, consagrar y poner al servicio del Reinado de Cristo nuestra inteligencia.

Y esta es la grandeza de un Santo como Tomás de Aquino. En él, en Santo Tomás de Aquino, brilla lo que significa una inteligencia evangelizada desde las dificultades en los racionalistas de los siglos dieciocho y diecinueve, especialmente.