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Revisión del 01:20 22 ene 2008

Fecha: 20020217

Título: La Cuaresma, un peregrinar junto a Jesucristo

Original en audio: 11 min. 41 seg.


Hermanos:

Acabamos de empezar el tiempo de la Cuaresma, y en la Cuaresma se cumple lo que es verdad en toda nuestra vida cristiana: es una vida para vivirla con Cristo. La Cuaresma adquiere todo su sentido y tiene toda su gracia en la Persona de Jesucristo.

La Cuaresma es aquella peregrinación, no en el espacio, sino en el corazón humano, que la Iglesia realiza junto a Jesús. Fue Cristo, mis hermanos, el que santificó este tiempo con su ayuno, con su oración y con su victoria sobre el demonio, como hemos escuchado en el evangelio de hoy.

Jesucristo es nuestra Cuaresma, así como Jesucristo es nuestra Navidad, así como Jesucristo es nuestra Pascua. Él es la fuente, la raíz, el principio, el cimiento de todo lo que somos como cristianos.

Por eso, si un propósito tenemos que hacernos en este momento, es vivir la Cuaresma con Jesús, estar con Él, y desde luego, esto implica participar de esa primera y santísima Cuaresma, con la que Cristo inauguró su ministerio público.

Porque el Señor Jesús, nos cuenta la Biblia, después de ser bautizado en el Jordán, después de ser ungido por el Espíritu Santo, fue movido, fue empujado por ese mismo Espíritu hacia el desierto. Y allí, en un retiro, podemos hablar así, en un nuevo éxodo que une a Nuestro Señor con la historia de Israel, en ese retiro y en ese éxodo, Jesús resume las luchas, las tentaciones, la dureza del camino de Israel y de toda la humanidad, y tomando victoria, es el testigo de la grandeza, de la gracia que viene.

Porque fue en el desierto, donde Israel se rebeló contra Dios. Fue en el desierto, donde Israel desconfió y preguntó: "¿Está Dios en medio de nosotros?" (véase Éxodo 17,7). Es allí, donde todo parece vacío, donde todo parece fallar; es allí, donde el corazón humano se siente inseguro y por lo tanto es allí, donde surge con fuerza, con altanera fuerza, la tentación que pretende derribarnos.

Pues miremos a Jesús, descubramos a nuestro Campeón, admiremos a nuestro Héroe, alegrémonos por el que va delante de nosotros. Él es Jesús, el que viene a rehacer la historia de Israel sobre su propio Cuerpo, y el que viene a tomar la historia de la humanidad sobre su propia Carne, acercándose al borde de la muerte con un ayuno sobrehumano.

Acercándose al borde de la muerte, en esa soledad y en esa desprotección absoluta del desierto, Jesús está tomando victoria allí, donde nosotros sólo hemos reportado derrota. Vamos a mirarle a Él, vamos a vivir la Cuaresma con Él.

También en nuestra vida, claro que sí, abundan los desiertos. También nosotros nos sentimos desprotegidos; también nosotros sentimos que las fuerzas se nos agotan y que el hambre de seguridad, de bienestar, de placer, se adueña de nosotros. En esos momentos, mirar a Jesús es la gran escuela en la que quiere matricularnos la Santa Iglesia en este primer domingo de Cuaresma.