Diferencia entre revisiones de «Jdes001a»
(Nueva página: '''Fecha: 19960213 ''' '''Título: El perfume de los santos tiene algo del perfume de Cristo''' '''Original en audio: 4 min. 51 seg.''' Con la vida humana pasa probablemente lo m...) |
|||
| Línea 15: | Línea 15: | ||
Se trata de un perfume de sencillez, de alegría, de humildad, de fraternidad, de confianza en la Providencia. Confiado en la Providencia de Dios, apenas había cumplido un poco más de treinta años, cuando ya se le encarga el gobierno de una Orden que estaba creciendo vertiginosamente y que bajo la guía sabia, prudente y entusiasta del mismo Jordán, aumentó muchísimo más su número y la calidad de su vida secular. | Se trata de un perfume de sencillez, de alegría, de humildad, de fraternidad, de confianza en la Providencia. Confiado en la Providencia de Dios, apenas había cumplido un poco más de treinta años, cuando ya se le encarga el gobierno de una Orden que estaba creciendo vertiginosamente y que bajo la guía sabia, prudente y entusiasta del mismo Jordán, aumentó muchísimo más su número y la calidad de su vida secular. | ||
| − | Pero | + | Pero este progreso no significó para Él motivo de orgullo ni de distancia, sino de una inmensa sencillez en la búsqueda de la gloria de Dios y en la búsqueda de la gloria de su amigo y admirado Domingo de Guzmán. |
Brilla la pureza en la vida de Jordán, si pensamos en el trato tan cariñoso y al mismo tiempo tan equilibrado que tuvo con sus amigas de los monasterios, especialmente con la beata Diana de Andalò. | Brilla la pureza en la vida de Jordán, si pensamos en el trato tan cariñoso y al mismo tiempo tan equilibrado que tuvo con sus amigas de los monasterios, especialmente con la beata Diana de Andalò. | ||
| Línea 27: | Línea 27: | ||
La muerte, como sabemos, lo pescó trabajando duramente en la viña del Señor; estaba ocupado en las cosas de su Padre Dios. | La muerte, como sabemos, lo pescó trabajando duramente en la viña del Señor; estaba ocupado en las cosas de su Padre Dios. | ||
| − | El ejemplo de Jordán, en su intercesión, aliente nuestra propia vocación que nos | + | El ejemplo de Jordán, en su intercesión, aliente nuestra propia vocación, que nos lleve a preguntar qué clase de perfume nos echamos cada mañana para enfrentar el mundo, y nos ayuden a preguntarnos qué sentirá la Iglesia cuando nosotros partamos, y qué de Cristo quedará una vez que nos hayamos ido. |
Revisión del 23:28 20 dic 2007
Fecha: 19960213
Título: El perfume de los santos tiene algo del perfume de Cristo
Original en audio: 4 min. 51 seg.
Con la vida humana pasa probablemente lo mismo que con las lociones y perfumes. Cuando una persona está perfumada y pasa a nuestro lado o se retira de nuestra presencia, queda ese aroma, queda ese olor, queda ese humor, bueno o malo.
Así pasa con las vidas de las personas o también con las vidas de los santos. La diferencia es que los santos, al partir, han dejado aroma de Cristo, mientras que otras vidas dejan aroma de tristeza, o aroma de mentira, o aroma de impureza, o aroma de soberbia.
Predicar sobre la vida de un santo, en cierto modo es preguntarnos cuál fue el perfume, qué aspecto del perfume de Cristo ha dejado él a su paso por esta tierra, y en el caso de nuestro querido y bienaventurado Jordán, sucesor de Santo Domingo en el gobierno de la Orden, pues son muchas las dimensiones, todas gratas, todas provechosas de este perfume de Cristo, del que estuvo tan llena la vida de Jordán.
Se trata de un perfume de sencillez, de alegría, de humildad, de fraternidad, de confianza en la Providencia. Confiado en la Providencia de Dios, apenas había cumplido un poco más de treinta años, cuando ya se le encarga el gobierno de una Orden que estaba creciendo vertiginosamente y que bajo la guía sabia, prudente y entusiasta del mismo Jordán, aumentó muchísimo más su número y la calidad de su vida secular.
Pero este progreso no significó para Él motivo de orgullo ni de distancia, sino de una inmensa sencillez en la búsqueda de la gloria de Dios y en la búsqueda de la gloria de su amigo y admirado Domingo de Guzmán.
Brilla la pureza en la vida de Jordán, si pensamos en el trato tan cariñoso y al mismo tiempo tan equilibrado que tuvo con sus amigas de los monasterios, especialmente con la beata Diana de Andalò.
Brilla su naturalidad y su alegría, en ese continuo trato con la juventud de su época. Es muy difícil engañar a un joven. Si no descubre transparencia, si no descubre genuino gozo, alegría en nuestra mirada, difícilmente le convenceremos de que hay un Evangelio.
El primer lugar donde él quiere leer esa buena noticia es en nuestros ojos, y si nuestros ojos no llevan escritas las palabras de gracia de las páginas del Evangelio, difícilmente podremos, a fuerza de puras palabras o de otros esfuerzos, convencerlos.
Se trata, pues, de un santo alegre y fraterno, pero al mismo tiempo profundo en su búsqueda de Dios; se trata de un hombre sosegado y optimista, pero también de un gran trabajador.
La muerte, como sabemos, lo pescó trabajando duramente en la viña del Señor; estaba ocupado en las cosas de su Padre Dios.
El ejemplo de Jordán, en su intercesión, aliente nuestra propia vocación, que nos lleve a preguntar qué clase de perfume nos echamos cada mañana para enfrentar el mundo, y nos ayuden a preguntarnos qué sentirá la Iglesia cuando nosotros partamos, y qué de Cristo quedará una vez que nos hayamos ido.