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A algunas personas no les gustó que se hablara de esa manera; pero el obispo, Nestorio, creyó que esa era la manera correcta de hablar; y de hecho, desde ese momento y de ahí en adelante, cada vez más insistió en una enseñanza, ¿cuál? que uno era el Hiojo de Dios, que es Dios como el Padre, y otra era el hijo de María.
 
A algunas personas no les gustó que se hablara de esa manera; pero el obispo, Nestorio, creyó que esa era la manera correcta de hablar; y de hecho, desde ese momento y de ahí en adelante, cada vez más insistió en una enseñanza, ¿cuál? que uno era el Hiojo de Dios, que es Dios como el Padre, y otra era el hijo de María.
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Nestorio enseñaba que Aquel que murió en la cruz, Aquel que padeció, Aquel que derramó su sangre, Ése era el Hijo e María, pero que no debíamos considerar a Ése como el Hijo de Dios, porque el Hijo de Dios era el Verbo de Dios, la Palabra de Dios, y él veía en la Palabra de Dios como aquella inteligencia suprema, sublime que no cabe que esté humillada y despreciada, vilipendiada, ofendida y muerta en un madero.

Revisión del 16:42 16 dic 2007

Fecha: 19980101

Título:

Original en audio: 7 min. 48 seg.


Queridos Hermanos:

Este día termina la Octava de la Navidad. Porque la Liturgia de la Iglesia Católica, lo mismo que la música, tiene sus octavas. Y así como las octavas en la música sirven para interpretar las melodías, y en una octava están los sonidos llamados naturales de la escala musical, así también en las octavas de la liturgia nosotros recorremos las melodías de Dios.

La Iglesia tiene dos Octavas: la Octava de la Pascua, que comienza en el Domingo de Resurrección y se prolonga hasta el siguiente domingo, y la Octava de la Navidad, que comienza con la celebración de la Natividad del Señor el veinticinco de diciembre y termina en el primero de enero, es decir, en este día.

La Octava de Navidad empieza contándonos que Jesús, el Hijo de Dios, es el Hijo de María; y termina contándonos que María es la Madre de Jesús. Es casi lo mismo con otras palabras.

El veinticinco celebrábamos que Jesús es Hijo de María, y al final de la Octava, primero de enero, afirmamos que María es la Madre de Jesús. Sí, esa es la celebración de hoy: María Madre de Dios.

Ese título que en griego se dice Theotokos, tiene una historia conflictiva. Resulta que siendo obispo un señor llamado Nestorio, en la ciudad de Constantinopla, muy importante para la fe cristiana en los primeros siglos, algún sacerdote predicó sobre en la catedral de Constantinopla, hoy se llama Estambul, diciendo que a María la podíamos considerar Madre de de Cristo, pero no deberíamos llamarla Madre de Dios.

A algunas personas no les gustó que se hablara de esa manera; pero el obispo, Nestorio, creyó que esa era la manera correcta de hablar; y de hecho, desde ese momento y de ahí en adelante, cada vez más insistió en una enseñanza, ¿cuál? que uno era el Hiojo de Dios, que es Dios como el Padre, y otra era el hijo de María.

Nestorio enseñaba que Aquel que murió en la cruz, Aquel que padeció, Aquel que derramó su sangre, Ése era el Hijo e María, pero que no debíamos considerar a Ése como el Hijo de Dios, porque el Hijo de Dios era el Verbo de Dios, la Palabra de Dios, y él veía en la Palabra de Dios como aquella inteligencia suprema, sublime que no cabe que esté humillada y despreciada, vilipendiada, ofendida y muerta en un madero.