Diferencia entre revisiones de «Co34004a»

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar
(Nueva página: '''Fecha: 20041121''' '''Título: Jesucristo, Nuestro Rey''' '''Original en audio: 31 min. 43 seg.''' Queridos Hermanos: Este año nos congregamos, como tantas veces en estas fec...)
 
m (Protegió Co34004a: transcribiendo [edit=sysop:move=sysop])
(Sin diferencias)

Revisión del 06:24 19 nov 2007

Fecha: 20041121

Título: Jesucristo, Nuestro Rey

Original en audio: 31 min. 43 seg.


Queridos Hermanos:

Este año nos congregamos, como tantas veces en estas fechas, en el encuentro del Nuevo Pentecostés, porque estamos convencidos, que el don del Espíritu Santo es la vida misma de la Iglesia.

Esto significa, que cuanto más Espíritu hay en nosotros, más vida hay en la Iglesia. Y son ya veinticinco años de este encuentro. El corazón se me conmueve, porque el primer encuentro del Nuevo Pentecostés en La Mansión fue en el año 1980.

Es correcto, 1980: Esa cifra, ese año significa mucho también para mi vida, porque el quince de agosto de 1980 nació mi vocación sacerdotal. Yo nací el mismo año en que nacieron los encuentros de La Mansión.

Mi vocación al sacerdocio de Jesús, que no merezco, que nadie puede merecer,nació en este mismo año. Y esta mañana en la inauguración del encuentro, los ojos se me llenaban de lágrimas y el corazón de gratitud, pensando que cuando el Padre Daniel y el Padre Cris en Santa Cruz, Bolivia, se esforzaban con amor preparando un encuentro para una gran efusión del Espíritu en esta amada tierra boliviana, a muchos kilómetros, un toque, una caricia del Espíritu, estaba transformando para siempre mi vida. Ese es el amor que desde esa época nos une.

Y ciertamente, le debo mucho a la Renovación Carismática Católica, porque he aprendido que se necesita no sólo la luz; se necesita el calor. Nuestro Padre Fundador Santo Domingo de Guzmán ha sido comparado con un perrito que lleva una antorcha. Y esa antorcha representa luz, pero también representa calor.

No se pueden cambiar las vidas sin el calor. Se necesita fuego, y ese fuego se ha hecho particularmente presente en esta experiencia de Iglesia, en esta experiencia de amor, en esta corriente de gracia, en este viento impetuoso de conversión, en este terremoto de maravillas que se llama la Renovación Carismática.

Hemos visto, hermanos, a lo largo de veinticinco años, estas paredes, este Pahuichi, ser testigos de cómo se han derrumbado orgullos, mentiras, pecados. Este lugar ha escuchado la predicación de apóstoles maravillosos y convencidos, ha escuchado alabanzas potentes que han alejado el imperio de las tinieblas, y que han atraído coros de Ángeles, para que nosotros aprendamos ya en la tierra a hacer el ejercicio de los Cielos.

Porque hay una cosa que es muy cierta, hermanos. Cuando lleguemos a los Cielos, cuando lleguemos a la Casa del Padre Celestial, un ejercicio sobre todo será importante: amar, poder amar, deshacernos en amor, entregarnos en amor, derretirnos en amor, disolvernos en amor, porque el fuego nos derrite, nos transforma, nos deifica. Ese es el ejercicio que vamos haciendo cada vez que aprendemos a amar, a alabar, y a cantar; eso es lo que hacemos.

Para mí La Mansión, como tantos otros lugares de oración, que bendito sea Dios existen en el mundo, ha sido como una escuela de Cielo. Cuando vine aquí hace cinco años, porque estos queridos hermanos me invitaron también para un encuentro, eran los veinte años de estos encuentros del Nuevo Pentecostés.

Estaba nuestro querido, siempre bien recordado Padre Walter, y cuando supe que el Padre Walter había dejado esta tierra, el primer pensamiento que vino a mi mente fue: "Ese hombre iba bien entrenado para el Cielo". Porque ese hombre sabía cantar, sabía entregar toda la potencia, la altura, la fuerza, y el peso de su cuerpo y su alma, en gozosa alabanza al Señor.

Tenemos también el testimonio del Padre Cris, un hombre que supo consumirse hasta el último momento para la gloria de Dios. Son ejercicios de Cielo, es una escuela de Cielo lo que tenemos acá.

Hermanos míos, y con estos sentimientos de una gratitud inmensa por el sacerdocio, de una gratitud inmensa por la Renovación Carismática, por el ejemplo de buenos sacerdotes, buenos predicadores que yo he conocido, hoy nos hemos reunido para celebrar a Jesucristo como Rey.

¡Jesucristo como Rey! Yo voy a empezar contando una historia. Hace poco, una joven amiga me decía, que ella estaba un poco confundida en la fe católica, porque una amiguita de ella que no es católica sino evangélica, es protestante, le decía a la chica católica: "Si tú quisieras conservar una foto, por ejemplo de tu papá o de tu abuelito, tú conservarías la foto más bonita de él; tú no conservarías la foto del momento en el que está agonizando, en el que está seguramente con el rostro demacrado, pálido, los ojos hundidos. Tú conservarías la mejor foto de tu abuelito."

Con esas palabras, esta niña evangélica intentaba desanimar a la católica, para que ella no venerara la Cruz, y no venerara la imagen de Cristo Crucificado. Y entonces le comentaba mi pequeña amiga católica; le decía: "Mira, ¿cuál es el momento en el que Jesús nos ha amado más?" Y la respuesta de ella fue acertada, como podría darla cualquiera de ustedes.

¿En dónde nos amó más Cristo? En la Cruz. ¿En dónde? En la Cruz. Ahí nos amó más. La Cruz es el retrato del amor poderoso y del amor victorioso. El amor poderoso, victorioso, el amor invencible de Jesucristo nunca se mostró tanto, como se mostró en el momento y en la hora de la Cruz.