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Revisión del 14:31 22 oct 2007

Fecha: 19961115

Título: Los frutos del aporte de San Alberto Magno

Original en audio: 15 min. 32 seg.


Alberto, llamado Magno, es decir, grande, realmente es un regalo de Dios a la Iglesia y a la Orden de Predicadores. Difícil encontrar a otra persona tan universal en sus conocimientos, tan amplia en su caridad; difícil encontrar a otra persona, que al mismo tiempo haya sido todo lo que fue, y todo lo que significa Alberto Magno.

Pero para que no nos quedemos sólo con la idea de las grandezas, y para que no parezca simplemente un panegírico esta predicación, yo quiero recordar que Alberto Magno, dos o tres veces, intentó salirse de la Orden.

De acuerdo con el resumen biográfico que leíamos al principio, él entró muy jovencito a la Comunidad, de unos diciséis o diecisiete años. Y en dos o tres oportunidades, se sintió como desbordado por el ideal de los predicadores, sintió que le quedaba grande, y porque le quedaba grande, se iba a ir.

Se cuenta que fue la Virgen María, la que le habló y le detuvo. Había una imagencita de Ella que estaba cerca de la puerta del convento, y esa imagen, en esas dos o tres crisis, le habló; la voz de María animó a Alberto a seguir en la Comunidad.

Esta anécdota es muy poco conocida. Nos revela la debilidad en un hombre que parece sólo fortaleza, nos muestra un detalle pequeño de un hombre muy grande. Porque efectivamente, la santidad sucede en medio de la pequeñez, y aquello que la Iglesia dice de los mártires, vale también para los demás santos: que Dios muestra su fortaleza valiéndose de la misma fragilidad humana.

Alberto fue al mismo tiempo, un hombre de estudio, un investigador de Ciencias Naturales, un teólogo, un místico, un predicador, un obispo, un hombre que trabajó por la paz, un provincial. Ayudó a organizar el plan de estudios, primero la llamada "Ratio Studiorum" de la Orden de Predicadores. Estuvo en un concilio ecuménico, era inventor; hizo de todo realmente.

Y su aporte en medio de la Iglesia, dio fruto con el tiempo. Casi se puede decir, que de cada uno de estos aspectos, de cada una de estas facetas de la vida de Alberto, fueron saliendo como generaciones de santos. Vamos a mencionar algunos.

Alberto fue teólogo y profesor de teología de Santo Tomás de Aquino. En esa línea teológica tiene entonces como discípulo y como eximio continuador, porque en muchos aspectos Tomás supera a Alberto, a un teólogo como el Doctor Angélico, Tomás de Aquino.

Pero fue también un místico, como he dicho, y aquellos místicos del siglo catorce, como Enrique Seuze, o el maestro Eckhart, tienen su inspiración en el mismo Alberto. Fue además provincial de la provincia de Teutonia, de Alemania, y esta provincia debe en parte su estilo y su florecimiento al mismo Alberto, un hombre de paz.

Y entre sus sucesores en este ministerio de la reconciliación, pues hay también hombres de bien, siervos de Dios, gente de paz. Nos encontramos así con un predicador del que nacen muchos otros predicadores.

Aquí vale la pena recordar otra anécdota. En nuestro Convento de Santo Domingo en Bogotá, tenemos ediciones de las obras de Alberto, cerca de treinta volúmenes gruesos, porque desde luego también era escritor.

Y hablaba Alberto Magno en el siglo trece, de la posibilidad de que una especie animal o vegetal, se transformara en alguna otra especie animal o vegetal, respectivamente. En el siglo trece Alberto Magno hablaba de la evolución de las especies.

En el siglo trece el método científico de Alberto Magno anticipó lo que después parecería el gran descubrimiento para hombres como Galileo, o para naturistas como Darwin. Lamentablemente, en este aspecto de su investigación natural y científica, no hubo oportuna y pronta continuación en la Iglesia.

Y esto hizo, dolor de mi alma, que cuando hiciera su aparición la llamada Ciencia Moderna con el Renacimiento, fuera una ciencia, en parte, de espaldas a la teología, y sólo débilmente relacionada con la filosofía.