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A San Juan se le ha comparado desde hace muchos siglos con un águila, porque levanta su vuelo y porque nos permite entrar en el misterio del Señor, en el misterio de la Encarnación, en el misterio de la vida que nos comparte, en el misterio mismo de Dios con una profundidad única.
 
A San Juan se le ha comparado desde hace muchos siglos con un águila, porque levanta su vuelo y porque nos permite entrar en el misterio del Señor, en el misterio de la Encarnación, en el misterio de la vida que nos comparte, en el misterio mismo de Dios con una profundidad única.
  
Hoy por ejemplo, aunque el pasaje es breve, -seguimos en la conversación entre Jesús y Nicodemo-, hay por lo menos tres palabras que son muy importantes: la palabra "cielo", la palabra "testigo" y la palabra "vida". Porque lo que le dice Jesús a Nicodemo es que Él, que Jesús viene del cielo, y "el que viene del cielo está por encima de todos", dice. Y luego asegura que "Él ha venido para dar testimonio", y luego asegura que "quien acepta ese testimonio tiene vida, vida eterna" Juan 3,15.
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Hoy por ejemplo, aunque el pasaje es breve, -seguimos en la conversación entre Jesús y Nicodemo-, hay por lo menos tres palabras que son muy importantes: la palabra "cielo", la palabra "testigo" y la palabra "vida". Porque lo que le dice Jesús a Nicodemo es que Él, que Jesús viene del cielo, y "el que viene del cielo está por encima de todos", dice. Y luego asegura que "Él ha venido para dar testimonio", y luego asegura que "quien acepta ese testimonio tiene vida, vida eterna" [[:Categoría:Juan 003_016|San Juan 3,16.
  
 
Fíjate como estas tres palabras vienen a formar como una especie de círculo: el que viene del cielo ofrece su testimonio para que quien acoja el testimonio tenga una vida que no muere, una vida que es vida de cielo, una vida que empieza en esta tierra pero que tiene su consumación y que florece plenamente en el cielo, es como un ciclo.
 
Fíjate como estas tres palabras vienen a formar como una especie de círculo: el que viene del cielo ofrece su testimonio para que quien acoja el testimonio tenga una vida que no muere, una vida que es vida de cielo, una vida que empieza en esta tierra pero que tiene su consumación y que florece plenamente en el cielo, es como un ciclo.

Revisión del 18:49 18 abr 2012

Fecha:20120419

Título: Necesitabamos un Mesias que viniera del cielo

Original en audio: 4 min. 34 seg.


Una de las características más notables del evangelio según San Juan es que utiliza las palabras con una densidad muy particular; palabras como "vida", "luz", "creer", "cielo", "juicio", "salvación", son palabras como columnas en las que se apoya este Apóstol y Evangelista para levantar una enorme construcción, por supuesto muy firme, que toca cimentarla bien porque llega bien alto.

A San Juan se le ha comparado desde hace muchos siglos con un águila, porque levanta su vuelo y porque nos permite entrar en el misterio del Señor, en el misterio de la Encarnación, en el misterio de la vida que nos comparte, en el misterio mismo de Dios con una profundidad única.

Hoy por ejemplo, aunque el pasaje es breve, -seguimos en la conversación entre Jesús y Nicodemo-, hay por lo menos tres palabras que son muy importantes: la palabra "cielo", la palabra "testigo" y la palabra "vida". Porque lo que le dice Jesús a Nicodemo es que Él, que Jesús viene del cielo, y "el que viene del cielo está por encima de todos", dice. Y luego asegura que "Él ha venido para dar testimonio", y luego asegura que "quien acepta ese testimonio tiene vida, vida eterna" [[Categoría:Juan 003_016|San Juan 3,16.

Fíjate como estas tres palabras vienen a formar como una especie de círculo: el que viene del cielo ofrece su testimonio para que quien acoja el testimonio tenga una vida que no muere, una vida que es vida de cielo, una vida que empieza en esta tierra pero que tiene su consumación y que florece plenamente en el cielo, es como un ciclo.

Y hay que anotar aquí el peso que tiene la palabra "cielo". Porque hay algunos que creen que humanizar a Dios es sobre todo asunto de sacarlo del cielo, ponerlo en la tierra. Una versión cantada del Padrenuestro, según la melodía de "Los Sonidos del Silencio", dice precisamente: "Padre nuestro, tú que estás en lo que aman la verdad"; ya los que "aman la verdad" es algo aquí bastante cercano, bastante terreno. Y en la época en que había cierto furor por la "Teología de la Liberación", también se hablaba mucho del "Dios que está aquí", el "Dios que está en la tierra".

Pero Jesús muestra la importancia de hablar de ese Dios del cielo, y no es un escapismo espiritualista, no es una desatención, no es una cobardía, no es una complicidad tampoco con los poderes que dominan en esta tierra dejándoles el campo libre mientras nosotros nos vamos a una tierra imaginada; no es una huida hacia el sueño, la fantasía, o la utopía. Ese cielo del que viene Cristo es la manera de presentar un señorío que no depende los imperios de esta tierra y que no está sujeto a los vaivenes, a los intereses, a las componendas, a las trampas de los poderes de esta tierra.

Qué bueno recoger el día de hoy esa enseñanza: necesitábamos un Mesías del cielo, porque eso significa que no está sometido a todas la presiones, los temores, los sobornos, las mentiras que suelen plagar a los imperios y gobiernos que hemos conocido.

¡Bendito Cristo! ¡Bendito el que viene del cielo, y que desde ahí nos puede mostrar un camino para que no seamos presa de los ídolos de esta tierra!