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En efecto, Cristo empezó la predicación de la Buena Noticia llamando a todos a la conversión, y ese es el llamado del que se hace eco nuestra Iglesia cada Miércoles de Ceniza. Iniciamos con esta fecha el camino de la Cuaresma, es decir, acompañamos a Jesucristo en el desierto, porque después de su Bautismo Nuestro Señor fue como una especie de retiro espiritual, y ese tiempo que estuvo en el desierto fue el tiempo para escuchar más profundamente la voluntad del Padre y para iniciar, a través del ayuno y del sacrificio, la ofrenda de sí mismo en favor de todos nosotros. | En efecto, Cristo empezó la predicación de la Buena Noticia llamando a todos a la conversión, y ese es el llamado del que se hace eco nuestra Iglesia cada Miércoles de Ceniza. Iniciamos con esta fecha el camino de la Cuaresma, es decir, acompañamos a Jesucristo en el desierto, porque después de su Bautismo Nuestro Señor fue como una especie de retiro espiritual, y ese tiempo que estuvo en el desierto fue el tiempo para escuchar más profundamente la voluntad del Padre y para iniciar, a través del ayuno y del sacrificio, la ofrenda de sí mismo en favor de todos nosotros. | ||
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| + | Pues nosotros, recibido ese regalo de Jesús, nos unimos a Él mismo para volvernos también regalo nosotros: regalo de amor, regalo de gratitud al Padre Celestial, instrumentos que puedan anunciar idóneamente, creíblemente, la salvación de Dios. | ||
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| + | Las lecturas de hoy en la Misa nos hablan, por supuesto, de conversión; y hay una dimensión que se insiste, y es que la conversión es algo interior. Necesitamos, ciertamente, de prácticas exteriores, como el ayuno, como la limosna, como las oraciones públicas que hacemos. Pero mal haríamos quedándonos únicamente en ese aspecto exterior. Por eso nos dice el profeta Joel en el capítulo segundo de su libro: "Rasgad vuestros corazones, no las vestiduras" Joel 2,13. | ||
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| + | Es allá, en el misterio de nuestra propia conciencia, en el santuario más íntimo de nuestro propio ser donde tenemos que darle el sí a Dios; es allá, en el lugar más propio, más secreto, más profundo de nuestro ser donde nosotros nos resolvemos por Dios o lo rechazamos. ¿Qué importa lo demás? Lo demás muchas veces puede ser apariencia, puede ser engaño, pero no se podrá engañar a Dios. | ||
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| + | Y por eso, Joel nos dice que es el el corazón el que tiene que rasgarse, un signo de dolor, pero también una puerta que se abre; el corazón contrito, el corazón rasgado es el corazón abierto para recibir el bálsamo del consuelo divino y también la fuerza del Espíritu que nos hará nuevos. | ||
Revisión del 00:26 21 feb 2012
Fecha: 20110309
Título:
Original en audio: 4 min. 3 seg.
El Miércoles de Ceniza es una de esas fechas que muy pronto desde niños hemos aprendido a identificar como parte de nuestra fe cristiana y católica.
En efecto, Cristo empezó la predicación de la Buena Noticia llamando a todos a la conversión, y ese es el llamado del que se hace eco nuestra Iglesia cada Miércoles de Ceniza. Iniciamos con esta fecha el camino de la Cuaresma, es decir, acompañamos a Jesucristo en el desierto, porque después de su Bautismo Nuestro Señor fue como una especie de retiro espiritual, y ese tiempo que estuvo en el desierto fue el tiempo para escuchar más profundamente la voluntad del Padre y para iniciar, a través del ayuno y del sacrificio, la ofrenda de sí mismo en favor de todos nosotros.
Pues nosotros, recibido ese regalo de Jesús, nos unimos a Él mismo para volvernos también regalo nosotros: regalo de amor, regalo de gratitud al Padre Celestial, instrumentos que puedan anunciar idóneamente, creíblemente, la salvación de Dios.
Las lecturas de hoy en la Misa nos hablan, por supuesto, de conversión; y hay una dimensión que se insiste, y es que la conversión es algo interior. Necesitamos, ciertamente, de prácticas exteriores, como el ayuno, como la limosna, como las oraciones públicas que hacemos. Pero mal haríamos quedándonos únicamente en ese aspecto exterior. Por eso nos dice el profeta Joel en el capítulo segundo de su libro: "Rasgad vuestros corazones, no las vestiduras" Joel 2,13.
Es allá, en el misterio de nuestra propia conciencia, en el santuario más íntimo de nuestro propio ser donde tenemos que darle el sí a Dios; es allá, en el lugar más propio, más secreto, más profundo de nuestro ser donde nosotros nos resolvemos por Dios o lo rechazamos. ¿Qué importa lo demás? Lo demás muchas veces puede ser apariencia, puede ser engaño, pero no se podrá engañar a Dios.
Y por eso, Joel nos dice que es el el corazón el que tiene que rasgarse, un signo de dolor, pero también una puerta que se abre; el corazón contrito, el corazón rasgado es el corazón abierto para recibir el bálsamo del consuelo divino y también la fuerza del Espíritu que nos hará nuevos.