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Para los que estamos acostumbrados a acercarnos al Evangelio, no tiene nada de extraño que Jesús haga una curación, pero la manera como sucede este milagro en el pasaje de hoy es toda una enseñanza.
 
Para los que estamos acostumbrados a acercarnos al Evangelio, no tiene nada de extraño que Jesús haga una curación, pero la manera como sucede este milagro en el pasaje de hoy es toda una enseñanza.
  
Jesús está predicado, se encuentra en una casa, sin duda, un lugar amplio, pero todavía insuficiente para la multitud que quiere escucharle. Se acercan unos hombres que traen un paralítico en una camilla; como no encuentran manera de acercarlo a Jesús,entonces levantan una parte del techo y bajan al paralítico para que quede enfrente del Maestro.
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Jesús está predicado, se encuentra en una casa, sin duda, un lugar amplio, pero todavía insuficiente para la multitud que quiere escucharle. Se acercan unos hombres que traen un paralítico en una camilla; como no encuentran manera de acercarlo a Jesús, entonces levantan una parte del techo y bajan al paralítico para que quede enfrente del Maestro.
  
 
Primera cosa para subrayar: Como bien lo dice el evangelio, Jesús ve la fe de ellos. Qué hermoso saber que nuestra fe puede ayudar a otros, qué hermoso saber que poniendo a nuestros hermanos y hermanas a los pies de Cristo estamos ejerciendo nuestra fe y estamos dando ocasión para que ellos experimenten esa sanación, esa transformación, ese amor que de otra manera no conocerían.
 
Primera cosa para subrayar: Como bien lo dice el evangelio, Jesús ve la fe de ellos. Qué hermoso saber que nuestra fe puede ayudar a otros, qué hermoso saber que poniendo a nuestros hermanos y hermanas a los pies de Cristo estamos ejerciendo nuestra fe y estamos dando ocasión para que ellos experimenten esa sanación, esa transformación, ese amor que de otra manera no conocerían.
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Así que la primera lección es: pon a trabajar tu fe. Y poner a trabajar la fe es ponerla a cargar a tu hermano, cárgalo en el nombre del Señor para ponerlo a los pies del Señor.
 
Así que la primera lección es: pon a trabajar tu fe. Y poner a trabajar la fe es ponerla a cargar a tu hermano, cárgalo en el nombre del Señor para ponerlo a los pies del Señor.
  
Segunda cosa que llama la atención: el paralítico queda junto a Cristo
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Segunda cosa que llama la atención: el paralítico queda junto a Cristo. La parálisis de este hombre es visible a todos los que se encuentran en la casa; pero este señor, este hombre no sólo tiene esa parálisis, esa, la podía ver todo el mundo, pero hay otra que sólo la ve Cristo y es la parálisis del corazón, es la parálisis a la que nos lleva el pecado.
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Porque efectivamente, lo que hace el pecado es frenarnos, el pecado frena nuestra capacidad de amor, el pecado frena nuestra capacidad de entender, el pecado frena nuestra capacidad de perdonar, el pecado nos va atando y de tanto amarrarnos nos paraliza.
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Pues Jesús se da cuenta de que existe esa otra parálisis en este hombre, y entonces aquí viene la segunda enseñanza: Cristo y solo Cristo conoce el verdadero estado de cada corazón; Cristo y solo Cristo sabe cuál es la parálisis que hay que curar en primer lugar en cada persona; Cristo y solo Cristo tiene poder para liberarnos de esa parálisis.
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Y con esto nos está enseñando cómo la verdadera caridad siempre tiene que tocar ese interior del corazón

Revisión del 20:14 18 feb 2012

Fecha: 20120219

Título:

Original en audio: 4 min. 17 seg.


El evangelio de hoy nos trae un pasaje que manifiesta, a la vez, la misericordia y el poder de Cristo.

Para los que estamos acostumbrados a acercarnos al Evangelio, no tiene nada de extraño que Jesús haga una curación, pero la manera como sucede este milagro en el pasaje de hoy es toda una enseñanza.

Jesús está predicado, se encuentra en una casa, sin duda, un lugar amplio, pero todavía insuficiente para la multitud que quiere escucharle. Se acercan unos hombres que traen un paralítico en una camilla; como no encuentran manera de acercarlo a Jesús, entonces levantan una parte del techo y bajan al paralítico para que quede enfrente del Maestro.

Primera cosa para subrayar: Como bien lo dice el evangelio, Jesús ve la fe de ellos. Qué hermoso saber que nuestra fe puede ayudar a otros, qué hermoso saber que poniendo a nuestros hermanos y hermanas a los pies de Cristo estamos ejerciendo nuestra fe y estamos dando ocasión para que ellos experimenten esa sanación, esa transformación, ese amor que de otra manera no conocerían.

Así que la primera lección es: pon a trabajar tu fe. Y poner a trabajar la fe es ponerla a cargar a tu hermano, cárgalo en el nombre del Señor para ponerlo a los pies del Señor.

Segunda cosa que llama la atención: el paralítico queda junto a Cristo. La parálisis de este hombre es visible a todos los que se encuentran en la casa; pero este señor, este hombre no sólo tiene esa parálisis, esa, la podía ver todo el mundo, pero hay otra que sólo la ve Cristo y es la parálisis del corazón, es la parálisis a la que nos lleva el pecado.

Porque efectivamente, lo que hace el pecado es frenarnos, el pecado frena nuestra capacidad de amor, el pecado frena nuestra capacidad de entender, el pecado frena nuestra capacidad de perdonar, el pecado nos va atando y de tanto amarrarnos nos paraliza.

Pues Jesús se da cuenta de que existe esa otra parálisis en este hombre, y entonces aquí viene la segunda enseñanza: Cristo y solo Cristo conoce el verdadero estado de cada corazón; Cristo y solo Cristo sabe cuál es la parálisis que hay que curar en primer lugar en cada persona; Cristo y solo Cristo tiene poder para liberarnos de esa parálisis.

Y con esto nos está enseñando cómo la verdadera caridad siempre tiene que tocar ese interior del corazón