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Revisión actual del 16:00 16 ene 2012

Fecha: 20120120

Título: La mente humana se vuelve inconstante cuando no se apega al unico que es roca firme: a Dios

Original en audio: 4 min. 57 seg.


Para la primera lectura de la Santa Misa hemos tomado en el tiempo Ordinario, es decir, terminado el tiempo de Navidad, hemos tomado una serie de pasajes del Primer libro de Samuel. Como explicamos en su momento, esta serie de textos nos ayuda a mirar, desde un ángulo suficientemente amplio,los inicios de la monarquía en Israel. Esa es la razón por la que tomamos el Primer libro de Samuel, y ya estamos en el capítulo veinticuatro.

Lo que encontramos a estas alturas es uno de los períodos más densos pero también más tristes de esos comienzos dela monarquía. El primero de los reyes, llamado Saúl, ha ido desbancándose, ha ido rodando por una pendiente cada vez más pronunciada de desobediencia, de amargura y de fracaso.

Quizás Dios, en su providencia, ha querido que quede ese testimonio en la Biblia para que nosotros sepamos cuáles son las consecuencias de darle la espalda a Dios como le sucedió a Saúl. Y no fue simplemente una caída como el que se va a un abismo, se parece más a lo que acabo de decir: como el que va rodando por una pendiente y cada vez adquiere más velocidad y se hace más daño.

Porque Saúl en medio de su caída se da cuenta, alcanza a percibir que las cosas andan mal, alcanza a darse cuenta que se está volviendo un monstruo; lo que sucede en este capítulo veinticuatro es que en medio de esa tensión suscitada por la persecución del rey Saúl a David, una persecución demencial, obsesiva, cruel, en medio de esa persecución se presenta una escena en la que David tiene oportunidad de desquitarse y tiene oportunidad de matar a su enemigo, es decir, a Saúl.

Incluso algunos de los consejeros de David le dice: "Mira, Dios ha puesto en tus manos a tu enemigo, esta es la hora para matar a Saúl y acabar con el problema. Pero el rey David tiene otro criterio, el rey David tiene una profunda sensibilidad para la obra de Dios, incluso está fracturada, está ensuciada por la obra posterior del pecado.

Yo creo que esta es una gran lección que nos da David, porque en muchas circunstancia podemos encontrar personas que merecen nuestro respeto, pero que lamentablemente han caído en tantas faltas, en tantos errores que estamos tentados de simplemente olvidar lo que ellos han recibido. Tómese el caso de un sacerdote que cae en desgracia, un sacerdote que comete graves crímenes. Es muy fácil entrar a despreciar a ese ser humano y hacer completamente caso omiso de su condición de sacerdote.

David, por el contrario, se da cuenta de que hay una unción de Dios, y esa unción de Dios está en el rey, en Saúl; es decir, David es capaz de distinguir la obra de Dios de la obra de Saúl, y se da cuenta de que la obra de Dios es permanente, mientras que el comportamiento de Saúl es variable, de hecho, demasiado variable. Este Saúl un día persigue a David, y otro día le pide perdón, y otro día le pide ayuda, y otro día lo vuelve a perseguir.

Saúl sufre de la espantosa inconstancia que tiene la mente humana cuando no se apega al único que es sólido, al único que es roca firme, es decir, a Dios. Cuando nos desprendemos de esa roca firme nuestra mente da tumbos y a veces creemos que somos gran cosa y otras veces que no valemos nada; a veces miramos al prójimo como cómplice, o queremos utilizarlo, o queremos despreciarlo, o que no se meta con nosotros, o que nos acompañe. Esa variabilidad, ese carrusel de la mente humana demuestra a dónde lleva el pecado.

Dios nos libre y en cambio nos dé esa sensibilidad de David para reconocer la unción de Dios.