Diferencia entre revisiones de «Navd011a»
| (No se muestra una edición intermedia del mismo usuario) | |||
| Línea 1: | Línea 1: | ||
'''Fecha: 20081225''' | '''Fecha: 20081225''' | ||
| − | '''Título: La Ley ilumina, pero sin la gracia de Cristo | + | '''Título: La Ley ilumina, pero sin la gracia de Cristo no resuelve todo''' |
'''Original en audio: 11 min. 23 seg.''' | '''Original en audio: 11 min. 23 seg.''' | ||
| Línea 86: | Línea 86: | ||
Dice que: "Trajo la gracia y la verdad" [[:Categoría:Juan 001_017|San Juan 1,17]], y "la verdad" es responder a esta preguntita, a esta sola preguntita, como dicen los argentinos. | Dice que: "Trajo la gracia y la verdad" [[:Categoría:Juan 001_017|San Juan 1,17]], y "la verdad" es responder a esta preguntita, a esta sola preguntita, como dicen los argentinos. | ||
| − | Responder a esta preguntita, y la preguntita es: "¿En dónde necesito yo a Jesús? ¿En dónde? ¿En qué área de mi vida?" | + | Responder a esta preguntita, y la preguntita es: "¿En dónde necesito yo a Jesús? ¿En dónde? ¿En qué área de mi vida?" Si no descubres ningún área de tu vida, creo que estás en un grave problema. |
Pero, todos necesitamos a Jesús: "¿En dónde necesito yo a Jesús?" Y segundo, que podamos recibir, que podamos encontrar esa visita de Él, o mejor dicho, que Él nos pueda encontrar. | Pero, todos necesitamos a Jesús: "¿En dónde necesito yo a Jesús?" Y segundo, que podamos recibir, que podamos encontrar esa visita de Él, o mejor dicho, que Él nos pueda encontrar. | ||
Revisión actual del 12:37 23 dic 2011
Fecha: 20081225
Título: La Ley ilumina, pero sin la gracia de Cristo no resuelve todo
Original en audio: 11 min. 23 seg.
Voy a destacar una frase del evangelio que acabamos de oír. Casi al final del texto que leímos, dice: "Por Moisés recibimos la Ley; por Jesucristo la gracia y la verdad" San Juan 1,17. Y ése creo yo que es un buen modo de resumir, por qué nos alegramos en Navidad.
¿Qué es lo nuevo que trae Jesucristo? Todo niño trae una novedad. Los niños están llenos de sorpresas porque miran el mundo según su propia forma. Y los hijos, los niños, son siempre como un principio nuevo, un nuevo comienzo.
Pues bien, ¿cuál es la novedad que trae el Niño que estamos recordando, que estamos celebrando hoy? Eso es lo que dice esa frase: "Moisés nos trajo la Ley; Jesucristo nos trajo la gracia" San Juan 1,17.
¿Y qué quieren decir esas palabras? Con la ayuda del Espíritu Santo, vamos a ver qué quieren decir y cómo se relacionan también con nuestra vida.
La Ley de Moisés tenía un papel muy claro: despertar la conciencia; que uno pueda reconocer lo que es bueno y lo que es malo, que a uno le importen las cosas. Esto no es un logro pequeño; esto es un logro grande, y es un logro imprescindible en todas las épocas.
Por ejemplo, en nuestro país, en nuestra realidad, éso es muy necesario. La formación de un niño o de una niña, en buena parte es: que la niña descubra que no da lo mismo decir la verdad que decir mentira. ¡No es lo mismo!
Es importante que un niño que se está educando, descubra que no es lo mismo usar las cosas de uno que robárselas al vecino. Es necesario que todos descubramos, que no es lo mismo apoyarnos y ayudarnos, que envidiarnos y criticarnos con amargura.
Hacer esa diferencia, aprender de qué lado está lo bueno y de qué lado está lo malo, y aprender que uno tiene que decidir, éso es lo que quiere decir la palabra ley. Descubrir la ley, es descubrir esas cosas.
Pero, descubrirlas no simplemente porque algo está allá, porque alguien lo mandó, sino descubrirlas profundamente, descubrirlas en la vida de uno.
Por poner un caso, cuando uno hace trampa, le sale mal y uno queda en ridículo frente a todo el mundo, ese mandamiento, vamos a llamarlo así, no hacer trampa, no mentir, no engañar, pues, ya no es un mandamiento que está afuera, sino que uno ya lo ha experimentado.
La Ley de Moisés se puede resumir en los Diez Mandamientos, la mayor parte de la Ley de Moisés, que son como un pozo infinito de sensatez. Varias veces en esta misma casa, Chicho nos ha dicho: "Todos los códigos que tú te puedas imaginar, todo éso para reglamentar los Diez Mandamientos".
Entonces, la Ley es un gran don, es un regalo maravilloso. Es la capacidad que uno va adquiriendo de un modo, llamémoslo así, personal, interior, la convicción que uno va adquiriendo: hay cosas que se deben hacer y hay cosas que no se deben hacer.
Y en ese sentido hay una expresión que se ha puesto de moda aquí en Colombia, que está muy bien: los famosos "principios no negociables".
Una persona tiene valor, una persona adquiere valor como persona, cuando tiene unos principios que no va a negociar: "No importa el dinero que me den; yo esto no lo hago". Esa clase de personas, decimos, tienen principios, tienen una conciencia. Esas personas saben el valor de una ley.
Pero, el proyecto, vamos a denominarlo así, ese proyecto de la Ley de Moisés, también tiene límites. El problema que acarrea la Ley, es que la Ley es como un faro: le muestra a uno lo que es blanco y lo que es negro; ilumina. La Ley ilumina.
Mas, a la Ley le hace falta un elemento, y ese elemento es: "¿Cómo hago para que me den ganas? ¿Cómo hago para que me guste hacer el bien? ¿Cómo hago para preferir lo bueno?"
Esa parte ya no es tan fácil, porque muchas veces uno se da cuenta de cosas que son buenas, pero no las hace; y uno se da cuenta de cosas que son malas, pero las sigue haciendo.
El ejemplo más sencillo está en todas las adicciones. La persona que se envenena progresivamente con el cigarrillo, esa persona sabe lo que está haciendo, pero está como presa y no puede dejar de hacerlo.
En un plano distinto, una persona puede sentir que tiene un resentimiento, y en su conciencia sabe: "Este resentimiento no sirve para nada sino para envenenarme, para comer de mis hígados", como dicen otros. Y sin embargo, no puede desprenderse de ese sentimiento de odio, de fastidio.
Una persona puede darse cuenta de que es una caja de egoísmo, que su vida es estéril, que está encerrada en cuatro o cinco intereses. Se da cuenta de que su mundo es chiquito, fatuo, y no obstante, no logra dar el paso.
Siempre tiene un pretexto para no darse a otras personas y para seguir encerrado en su círculo, llámese sus amigos, su familia, o lo que sea.
Entonces, la Ley es una gran cosa, pero la Ley no resuelve todo, porque la Ley no produce ese cambio interior. Ese cambio interior, esa conquista de nuestro corazón, éso es lo que ha venido a traer Jesucristo.
La palabra con que la Iglesia, la palabra con que la Biblia llama a ese regalo, a esa visita interior de Dios que hace que uno empiece a desear y a preferir lo bueno, esa acción divina es lo que llamamos la gracia, y es lo que Jesús ha venido a traernos.
Nos dice el texto que hemos oído: "La Ley nos vino por Moisés" San Juan 1,17. Pero, la Ley no podía resolver todo. La Ley únicamente ilumina la condición de uno y sirve hasta para que uno descubra: "Estoy mal"; mas no resuelve el problema.
Jesucristo, Éste que estamos celebrando, nacido hoy, lo que viene a traer es esa otra fuerza, ese otro elemento. Y dice uno: "Bueno, ¿y cómo aplico ese texto a mi vida?" Porque, oír estas cosas, asistir a Misa por asistir a Misa, tampoco tiene mucha gracia.
Pero, uno sólo puede aplicarlo de acuerdo con el perfil que uno mismo tiene. Porque los seres humanos somos muy diferentes. Hay cosas que pueden ser muy sencillas para ti y demasiado difíciles para mí.
Dios nos hizo tan distintos, que hay cosas que nos resultan muy trabajosas y otra gente las hace con mucha sencillez. Por eso, las distintas virtudes se dan en distintos grados en las distintas personas.
Por ejemplo, una persona puede tener una gran dificultad para vencer su pereza, y sabe que ha perdido magníficas oportunidades por flojo, por perezoso, por pusilánime, por corto; se ha quedado corto.
Otra persona quisiera poder controlar la ira; sabe que la ira le está arruinando la vida. Otra persona puede encontrar otros vicios, qué sé yo, la envidia, o la lujuria, la mentira, lo que sea.
Como cada uno de nosotros es distinto, encontrar a Jesucristo sólo sirve cuando uno se encuentra con la realidad, con la verdad de uno.
Dicho de otra forma, esto no es como esas piezas de ropa que dicen: una talla para todo el mundo, que son única talla, o talla única. Jesucristo es talla única en cierto sentido. Pero, tú tienes que descubrir cuál es tu propia talla, y tienes que descubrir también, en dónde te talla, en dónde te talla la Ley, cuál es la parte difícil para ti.
La parte difícil, ¿cuál es? ¿Un perdón que nunca has dado? ¿Un egoísmo que no vences? ¿Una soberbia que te echa a perder todo? ¿Arrogancia? ¿Venganza? Cada persona, cada uno de nosotros tiene que mirar, y eso se mira descubriendo qué es lo que tiene poder en uno. A ver: "¿Qué es lo que tiene poder en mí? ¿Qué es lo que me gana a mí?"
Eso que me gana a mí, éso es lo que necesita ser vencido por Jesucristo. Así es como uno se encuentra con Cristo, cuando uno ve, "lo que a mí me gana, lo que a mí me cuesta, lo que tiene poder sobre mí". Y cuando uno dice: "Yo no quiero que esto tenga más poder sobre mí", entonces uno se acerca a Jesucristo.
¿Y por qué uno se acerca en particular a Jesucristo? Bueno, porque este Niño no se quedó chiquito. Este Niño creció y a lo largo de su vida manifestó amor: un amor inconmensurable, un amor inmenso, un amor arrollador, un amor hacia los que no se merecían ser amados. Eso es lo que nos convence de Cristo.
¿Por qué yo prefiero acercarme a Cristo a acercarme a Buda? ¿Acercarme a Cristo a acercarme al Islam? ¿Solamente porque mis papás fueron católicos o son católicos? ¡No! Lo que yo encuentro en Jesucristo es un amor arrollador hacia gente que no se lo merecía. Eso me da a mí una tremenda esperanza.
Porque, precisamente, la parte fea, por no decir repugnante de mi vida, es la que necesita ser tocada por Cristo. Entonces, si yo veo que Cristo tiene suficiente Corazón como para amar a gente que no se lo merece, yo digo: "Ese tipo me interesa, Ése es el que me interesa a mí".
Porque, yo necesito que Cristo llegue a las partes y áreas de mi vida que están echadas a perder. La parte de mi vida que no es de mostrar, la parte que no es elegante, ésa es la parte que necesito que Cristo visite.
Y Cristo la visita, y Cristo derrama sobre nosotros su gracia. Dice aquí el texto: "Él vino a traer la gracia y vino a traer la verdad" San Juan 1,17.
Sigamos celebrando la Santa Misa. Siempre está Cristo presente en la Misa. Pero, hoy en particular, le pedimos a Él dos cosas.
Dice que: "Trajo la gracia y la verdad" San Juan 1,17, y "la verdad" es responder a esta preguntita, a esta sola preguntita, como dicen los argentinos.
Responder a esta preguntita, y la preguntita es: "¿En dónde necesito yo a Jesús? ¿En dónde? ¿En qué área de mi vida?" Si no descubres ningún área de tu vida, creo que estás en un grave problema.
Pero, todos necesitamos a Jesús: "¿En dónde necesito yo a Jesús?" Y segundo, que podamos recibir, que podamos encontrar esa visita de Él, o mejor dicho, que Él nos pueda encontrar.