Diferencia entre revisiones de «I292001a»

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Revisión del 13:56 24 sep 2007

Fecha:19971021

Título: Es mayor la gracia que el pecado

Original en audio: 6 min. 58 seg.


Queridos Hermanos:

San Pablo nos presenta, en este capítulo quinto de la Carta a los Romanos, una imagen del alcance pavoroso del pecado. Refiriéndose a Adán, del primero de los vivientes, nos está declarando a todos como sometidos al pecado.

El pecado se transmite no en cuanto a la culpa sino en cuanto a la pena. Yo creo que esta distinción, que la hemos mencionado varias veces, vale la pena repetirla también aquí. En cada pecado o en los pecados hay dos aspectos: la culpa y la pena.

La culpa es el torcimiento de la voluntad, la desfiguración de nuestro corazón, de nuestra alma que se rebela contra Dios, esta es la culpa. La pena es la consecuencia que la culpa trae, es decir, el efecto que tiene, en primer, lugar en la misma persona dañándola, y luego en su relación con Dios, con sus hermanos, con la naturaleza, con el mundo.

El pecado de Adán no se transmite en cuanto culpa. Algunas veces, las mamás mirando su pequeño bebecito dice: “¡Pero qué culpa ha tenido mi chinito para que digan que ya tiene el pecado original! ¿Cómo así que toca bautizarlo para librarlo del pecado? ¿Qué pecado puede tener este criaturo, que no sabe sino llorar y mostrar las encías muecas, qué culpa puede tener?.”

Efectivamente ahí no estamos hablando, la Iglesia no enseña que tenga culpa, sino que tiene la participación en las consecuencias del pecado, ese es el punto.

Yo creo que el desastre que ha sucedido, el desastre ecológico y administrativo que ha sucedido en nuestra ciudad con el famoso botadero de doña Juana, tristemente famoso, muestra eso.

Si un niño, por ejemplo, va a nacer en aquella región allí en el sur de nuestra capital, si un niño va a nacer allí, ¿qué aire va a respirar? El aire picho, por efecto de toda esa basura que se ha regado. Eso es lo que queremos decir con el pecado original, no que el niño cuando nace, ya el primer mes o al segundo mes, ya tenga pecados, nO.

El pecado requiere que haya voluntad y la voluntad sólo se desarrolla cuando se desarrolla progresivamente el uso de razón; pero la pena del pecado sí se experimenta desde el primer momento. Así como a los pulmones de estos pequeños recién nacido ya les toca respirar aire picho por las consecuencias de la ineficiencia, de la burocratización, del mal empleo de los dineros o por lo que sea; así como a esos niños ya les toca respirar aire podrido, así también el recién nacido llega a una humanidad, que en muchos aspectos, apesta.

Porque el egoísmo, la envidia, el maltrato, la falta de amor, la falta de oración, la falta de unión con Dios, son lamentablemente el ambiente espiritual, así como es el aire para los pulmones el aire espiritual con el que nosotros llegamos a esta tierra.

Así que lo que se transmite del pecado original es esa pena, es decir, la consecuencia del pecado de nuestros primeros padres, pero también la consecuencia de los pecados de la humanidad.

Podemos decir que en ese sentido, este mundo es como un inmenso “doña Juana”, en el cual las faltas de amor, las faltas de solidaridad, las faltas de sinceridad, las faltas de generosidad de cada uno de nosotros, han ido añadiéndole basurita a ese inmenso botadero y con todo eso que le hemos añadido y con todo eso que hemos botado, pues el mundo se vuelve casi irrespirable.

Pero lo maravilloso de esta lectura de San Pablo, es que si así esta el mundo y si tal es la situación en la que se encuentra el ser humano cuando llega a esta tierra, por otra parte hay que decir que nosotros en Cristo tenemos una victoria mayor; este es el pasaje en el que San Pablo dice: "Si abundó el pecado, mayor será la gracia" (véase Carta a los Romanos 5,20).

Con ese desastre de “doña Juana” ¿qué fue lo que se pudo hacer finalmente? Echar un poquito de desinfectante y un poquito de ambientador, vamos a llamarlo, para que no apestara tanto.

Pero no tiene el ser humano capacidad para tomar un desastre ecológico higiénico tan tenaz como ese y convertirlo en salud y convertirlo en vida. Eso en cambio, esa maravillosa conversión fue la que logró Cristo Jesús con el sacrificio redentor.

¿Por que decimos que fue mayor la gracia que el pecado?, porque incluso la herida del pecado se convirtió en testimonio de gracia. Esta es la grandeza del amor de Dios.

Que así como las llagas de Cristo, son llagas de nuestro egoísmo, de nuestra crueldad, pero son llagas que testimonian la belleza del amor de Dios, así también todo pecado, también tu pecado y mi pecado, así también asumido en la redención de Jesucristo, grita y clama piedad, poder, amor de Dios.

Por eso es mayor la gracia que el pecado, porque la gracia es tal que convierte al pecado en un lenguaje de misericordia, ¿y por que? Porque cada corazón perdonado se convierte en un himno a la piedad de Dios; porque cada corazón arrepentido, cada corazón sanado, se convierte en una poesía que describe cómo fue bueno Dios, por esto es mayor la gracia que el pecado.

Y aquí es donde se queda uno boquiabierto, porque si hemos quedado espantados del terrible desastre del pecado, pues espantémonos de la incalculable fuerza del amor de Dios.

Reservemos lo mejor de nuestra admiración para el poder de ese amor que sabe sacar bienes incluso de esos males.