Diferencia entre revisiones de «Stje001a»
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En el siglo en el que vivió Santa Teresa de Jesús, el siglo dieciséis, se estaba levantando el conocimiento de toda esta región del planeta tierra, que hoy llamamos América. La pequeña Europa, pequeña en extensión geográfica frente a este continente, vino a descubrir todo un mundo; se abrió un nuevo mundo. | En el siglo en el que vivió Santa Teresa de Jesús, el siglo dieciséis, se estaba levantando el conocimiento de toda esta región del planeta tierra, que hoy llamamos América. La pequeña Europa, pequeña en extensión geográfica frente a este continente, vino a descubrir todo un mundo; se abrió un nuevo mundo. | ||
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Algo semejante podemos decir que no había acontecido antes, y probablemente no va a volver a acontecer: descubrir de repente, que el mundo es mucho más amplio, y encontrar interlocutores al otro lado del mar, que parecía una barrera infranqueable. | Algo semejante podemos decir que no había acontecido antes, y probablemente no va a volver a acontecer: descubrir de repente, que el mundo es mucho más amplio, y encontrar interlocutores al otro lado del mar, que parecía una barrera infranqueable. | ||
| − | En ese siglo en el que se descubrió este, que luego se llamó el | + | En ese siglo en el que se descubrió este, que luego se llamó el Nuevo Mundo, hubo otros exploradores, que a la manera de Cristóbal Colón, navegaron por otros mares no menos peligrosos, y encontraron otros continentes; es decir, abrieron otros universos. |
| − | Y entre todos esos pioneros, tenemos que contar a esta Santa, a esta | + | Y entre todos esos pioneros, tenemos que contar a esta Santa, a esta mística del día de hoy, Teresa de Jesús. Teresa no fue solamente una mujer llena de amor, llena de oración, sino que ella abrió para el mundo un nuevo continente, incluso me atrevo a decir, abrió un nuevo mundo. |
Fue tanta la luz que Dios le regaló, fue tanto lo que sucedió en ella, que a través de sus escritos descubrimos las sendas de un universo que está, no delante de nuestros ojos, sino detrás de nuestros ojos. | Fue tanta la luz que Dios le regaló, fue tanto lo que sucedió en ella, que a través de sus escritos descubrimos las sendas de un universo que está, no delante de nuestros ojos, sino detrás de nuestros ojos. | ||
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Fue disposición y obediencia que provino de sus confesores y directores espirituales. Oyéndola, encontraron en ella no sólo a una mujer de muy buen sentido, de mucho equilibrio humano, de una gran sensatez, de una profunda cordura, sino una amiga de Dios, alguien de quien se puede decir es amigo de Dios. | Fue disposición y obediencia que provino de sus confesores y directores espirituales. Oyéndola, encontraron en ella no sólo a una mujer de muy buen sentido, de mucho equilibrio humano, de una gran sensatez, de una profunda cordura, sino una amiga de Dios, alguien de quien se puede decir es amigo de Dios. | ||
| − | ''Y fue expresión de Santa Teresa hablar de los santos como amigos fuertes de Dios, gente que se le puede creer que ha estado con Dios.'' | + | ''Y fue expresión de Santa Teresa hablar de los santos como "amigos fuertes de Dios", gente que se le puede creer que ha estado con Dios.'' |
Si usted dice: "Soy amigo de Carlos Vives", lo menos que se le puede pedir es que usted haya estado con Carlos Vives, que sepa qué le gusta a Carlos Vives, que sepa qué le preocupa a Carlos Vives, y cuáles son los proyectos de Carlos Vives. | Si usted dice: "Soy amigo de Carlos Vives", lo menos que se le puede pedir es que usted haya estado con Carlos Vives, que sepa qué le gusta a Carlos Vives, que sepa qué le preocupa a Carlos Vives, y cuáles son los proyectos de Carlos Vives. | ||
| − | ''Si usted quiere ser un amigo fuerte de Dios, usted tiene que saber esas cosas de Dios, saber qué le gusta a Dios, saber cuáles son las alegrías de Dios, cuáles son los próximos proyectos que Dios tiene; saber qué entristece a Dios, conocer por experiencia, conocer como dice la Primera Carta de Juan al comienzo: "Lo que hemos visto, lo que hemos oído, lo que tocaron nuestras manos" ( ''véase'' 1 San Juan 1,1 ).'' | + | ''Si usted quiere ser un amigo fuerte de Dios, usted tiene que saber esas cosas de Dios, saber qué le gusta a Dios, saber cuáles son las alegrías de Dios, cuáles son los próximos proyectos que Dios tiene; saber qué entristece a Dios, conocer por experiencia, conocer como dice la Primera Carta de Juan al comienzo: "Lo que hemos visto, lo que hemos oído, lo que tocaron nuestras manos" ( ''véase'' 1 San Juan 1,1).'' |
Aparentemente, una monja contemplativa, como fue Teresa de Jesús, es lo más inútil que ha dado esta tierra. Alguien podría pensar: "vida egoísta y estéril la de esas mujeres por allá encerradas". | Aparentemente, una monja contemplativa, como fue Teresa de Jesús, es lo más inútil que ha dado esta tierra. Alguien podría pensar: "vida egoísta y estéril la de esas mujeres por allá encerradas". | ||
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Teresa de Jesús tuvo mucho de ese fuego, muchísimo. Vivió de tal modo, que quienes la conocieron sintieron, y quienes la leemos sentimos, que esta mujer ha estado con Dios. ¿De cuántas personas se puede decir eso? No de muchas. | Teresa de Jesús tuvo mucho de ese fuego, muchísimo. Vivió de tal modo, que quienes la conocieron sintieron, y quienes la leemos sentimos, que esta mujer ha estado con Dios. ¿De cuántas personas se puede decir eso? No de muchas. | ||
| − | Esta persona sabe de lo que está hablando; ella no está hablando de oídas. Esto me hace acordar del libro de Job. El libro de Job nos cuenta que Job tenía una gran prosperidad, pero luego tuvo un gran desastre. Vinieron unos amigos a aconsejarlo, pero los consejos de los amigos como que no tenían mucho sentido, porque prácticamente todo el tiempo lo único que le dijeron es: "Si a usted le está | + | Esta persona sabe de lo que está hablando; ella no está hablando de oídas. Esto me hace acordar del libro de Job. El libro de Job nos cuenta que Job tenía una gran prosperidad, pero luego tuvo un gran desastre. Vinieron unos amigos a aconsejarlo, pero los consejos de los amigos como que no tenían mucho sentido, porque prácticamente todo el tiempo lo único que le dijeron es: "Si a usted le está yendo mal, es porque usted se portó mal". |
Y Job, durante todo el recorrido de ese libro que lleva su nombre, lo único que hace es repetir: "No señor, yo no me he portado mal, y ustedes no tienen por qué tratar de convencerme de eso". Y en esa discusión se pasan capítulos, y capítulos. | Y Job, durante todo el recorrido de ese libro que lleva su nombre, lo único que hace es repetir: "No señor, yo no me he portado mal, y ustedes no tienen por qué tratar de convencerme de eso". Y en esa discusión se pasan capítulos, y capítulos. | ||
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Job, finalmente, va perdiendo la paciencia, manda a sus amigos a freír espárragos, y dice: "Yo lo que quiero es encararme con Dios, y preguntarle, qué es lo que tiene conmigo, que hagamos un juicio justo, que venga, que me hable". | Job, finalmente, va perdiendo la paciencia, manda a sus amigos a freír espárragos, y dice: "Yo lo que quiero es encararme con Dios, y preguntarle, qué es lo que tiene conmigo, que hagamos un juicio justo, que venga, que me hable". | ||
| − | Y entonces Dios le habla, y le hace una serie de preguntas que dejan a Job fuera de lugar. Le hace preguntas sobre la creación: "¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra con el aplauso de todos los Ángeles?" ( ''véase'' Job 38,1-7 ). Y entonces Job se queda callado, y luego dice: "Yo no sé" ( ''véase'' Job 42,1-3 ). | + | Y entonces Dios le habla, y le hace una serie de preguntas que dejan a Job fuera de lugar. Le hace preguntas sobre la creación: "¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra con el aplauso de todos los Ángeles?" (''véase'' Job 38,1-7). Y entonces Job se queda callado, y luego dice: "Yo no sé" (''véase'' Job 42,1-3). |
| − | Job no sabe. Se encuentra con la majestad de Dios, con la sabiduría infinita de Dios, con el poder de Dios, queda estupefacto, y al final dice: "Yo te conocía de oídas, pero ahora sí te han visto mis ojos". ( ''véase'' Job 42,5 ). Y habló como un insensato: "Perdón, perdón, mano a la boca, me retracto. ¿Qué hice? ¡Dios mío!" ( ''véase'' Job 42,6 ). Es un hombre que se encontró con Dios. | + | Job no sabe. Se encuentra con la majestad de Dios, con la sabiduría infinita de Dios, con el poder de Dios, queda estupefacto, y al final dice: "Yo te conocía de oídas, pero ahora sí te han visto mis ojos". (''véase'' Job 42,5). Y habló como un insensato: "Perdón, perdón, mano a la boca, me retracto. ¿Qué hice? ¡Dios mío!" (''véase'' Job 42,6). Es un hombre que se encontró con Dios. |
''Afortunadamente para nosotros, esto es lo que se puede decir de Teresa de Jesús: se encontró con Dios. Ella no está hablando de oídas, no está repitiendo lo que otros dijeron; ha tenido, como decimos hoy, la experiencia de Dios. ¡Y vaya experiencia!'' | ''Afortunadamente para nosotros, esto es lo que se puede decir de Teresa de Jesús: se encontró con Dios. Ella no está hablando de oídas, no está repitiendo lo que otros dijeron; ha tenido, como decimos hoy, la experiencia de Dios. ¡Y vaya experiencia!'' | ||
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Hay una mujer, parece que es una gran mística, vive aún, escribe bajo el seudónimo de Margarita, y como que ha tenido una serie de visiones y locuciones con Nuestro Señor Jesucristo. Ella cuenta la historia de su vida, y dice con mucha simpatía, que empezó, vamos a ponerlo en este lenguaje, como amateur, empezó como aficionada. | Hay una mujer, parece que es una gran mística, vive aún, escribe bajo el seudónimo de Margarita, y como que ha tenido una serie de visiones y locuciones con Nuestro Señor Jesucristo. Ella cuenta la historia de su vida, y dice con mucha simpatía, que empezó, vamos a ponerlo en este lenguaje, como amateur, empezó como aficionada. | ||
| − | Es decir, más o menos como el que le gusta el fútbol: " | + | Es decir, más o menos como el que le gusta el fútbol: "Cuando puedo voy; si surge otro programa, pues no voy"; punto. El que colecciona estampillas, o el que está haciendo la colección de todos los conciertos de Bach: donde ve un concierto de Bach, echa la mano, y va completando su colección. |
Ella empezó como amateur en las cosas de Dios. Pero se encontró con un director espiritual, un sacerdote muy santo, quien parece tuvo una muerte espantosa por una enfermedad terrible que le fue llevando a una complicación diabética, a perder las piernas, a quedarse ciego; mejor dicho, fue todo un martirio este sacerdote. | Ella empezó como amateur en las cosas de Dios. Pero se encontró con un director espiritual, un sacerdote muy santo, quien parece tuvo una muerte espantosa por una enfermedad terrible que le fue llevando a una complicación diabética, a perder las piernas, a quedarse ciego; mejor dicho, fue todo un martirio este sacerdote. | ||
| − | + | Pues este sacerdote, pegado de Dios, resultó un verdadero director espiritual para Margarita. Y uno de los favores que le hizo a ella, fue como confrontarla un poco, como ponerla ante la pared, y decirle: "Bueno, si usted no se va a resolver por Dios, no tenemos mucho que hacer; mejor dicho, nada que hacer". | |
Esta era una mujer que había crecido en un ambiente muy diplomático, en un ambiente muy delicado, en un ambiente de mucho respeto, de mucha tolerancia, y podríamos decir también, de esa especie de falsedad que a veces envuelve las relaciones humanas. | Esta era una mujer que había crecido en un ambiente muy diplomático, en un ambiente muy delicado, en un ambiente de mucho respeto, de mucha tolerancia, y podríamos decir también, de esa especie de falsedad que a veces envuelve las relaciones humanas. | ||
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Pues Teresa de Jesús es una mujer de esas, una mujer que no dio más vueltas, una mujer que se dejó de historias, y que dijo: "Yo como que ya puedo pasar de amateur a profesional; yo como que no voy a seguir indefinidamente de aficionada en este cuento del cristianismo; yo no voy a ser un perpetuo visitante de la Casa de Dios". | Pues Teresa de Jesús es una mujer de esas, una mujer que no dio más vueltas, una mujer que se dejó de historias, y que dijo: "Yo como que ya puedo pasar de amateur a profesional; yo como que no voy a seguir indefinidamente de aficionada en este cuento del cristianismo; yo no voy a ser un perpetuo visitante de la Casa de Dios". | ||
| − | ''Los hijos de Dios no son visitantes, son hijos. El Señor Jesús dice una expresión impresionante: "El esclavo no se queda en la casa para siempre; el hijo se queda para siempre" ( ''véase'' San Juan 8,35 ). Pues si un esclavo no se queda para siempre, mucho menos un visitante.'' | + | ''Los hijos de Dios no son visitantes, son hijos. El Señor Jesús dice una expresión impresionante: "El esclavo no se queda en la casa para siempre; el hijo se queda para siempre" (''véase'' San Juan 8,35). Pues si un esclavo no se queda para siempre, mucho menos un visitante.'' |
Nosotros, los aficionados, nosotros, los amateur, nos asomamos en la Casa de Dios, miramos a ver qué está pasando en ella, y luego nos devolvemos a nuestros intereses. Después le damos otra vueltecita a ver qué pinta la Casa de Dios, y la Casa de Dios pintó otra cosa, y dice uno: "¡No! Eso está muy aburrido por allá; me devuelvo a mis intereses". | Nosotros, los aficionados, nosotros, los amateur, nos asomamos en la Casa de Dios, miramos a ver qué está pasando en ella, y luego nos devolvemos a nuestros intereses. Después le damos otra vueltecita a ver qué pinta la Casa de Dios, y la Casa de Dios pintó otra cosa, y dice uno: "¡No! Eso está muy aburrido por allá; me devuelvo a mis intereses". | ||
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Pero no contenta con esto, Teresa recibió una bendición muy grande de Dios, la bendición de orientar todas sus fuerzas hacia una tarea particular. No cabe duda de que la Iglesia Católica le debe mucho a estos Santos que se orientaron una tarea particular. | Pero no contenta con esto, Teresa recibió una bendición muy grande de Dios, la bendición de orientar todas sus fuerzas hacia una tarea particular. No cabe duda de que la Iglesia Católica le debe mucho a estos Santos que se orientaron una tarea particular. | ||
| − | Por ejemplo, San Juan Bautista: sabía que su misión en la vida era anunciar a Jesucristo. Apareció Jesucristo, se alegró hasta las lágrimas, y dijo: "Ahora que crezca Él, y que yo disminuya" ( ''véase'' San Juan 3,30 ). "Mátenme, y hagan conmigo lo que quieran. Ya resolví mi problema". ¡Qué bella esa vida! | + | Por ejemplo, San Juan Bautista: sabía que su misión en la vida era anunciar a Jesucristo. Apareció Jesucristo, se alegró hasta las lágrimas, y dijo: "Ahora que crezca Él, y que yo disminuya" (''véase'' San Juan 3,30). "Mátenme, y hagan conmigo lo que quieran. Ya resolví mi problema". ¡Qué bella esa vida! |
Desde luego, la Princesa entre todos estos Santos, es la Virgen María: hizo lo que tenía que hacer, pero lo hizo perfectamente. Y lo mismo podemos decir de San Pablo, Santo Tomás de Aquino, San Martín de Porres: todos estos Santos descubrieron como un camino particular. | Desde luego, la Princesa entre todos estos Santos, es la Virgen María: hizo lo que tenía que hacer, pero lo hizo perfectamente. Y lo mismo podemos decir de San Pablo, Santo Tomás de Aquino, San Martín de Porres: todos estos Santos descubrieron como un camino particular. | ||
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Es la primera comprobación que uno hace cuando lee a Teresa. La segunda comprobación es un poco dolorosa, y para mi caso particular, vergonzosa. Cuando uno empieza a leer lo que es oración en la vida de Teresa, uno ve que ella siempre habla de un proceso. Por ejemplo, habla del castillo interior que tiene moradas, o habla del camino de perfección, o cuenta su propia vida; siempre es algo procesal, dinámico. | Es la primera comprobación que uno hace cuando lee a Teresa. La segunda comprobación es un poco dolorosa, y para mi caso particular, vergonzosa. Cuando uno empieza a leer lo que es oración en la vida de Teresa, uno ve que ella siempre habla de un proceso. Por ejemplo, habla del castillo interior que tiene moradas, o habla del camino de perfección, o cuenta su propia vida; siempre es algo procesal, dinámico. | ||
| − | Y cuando yo leo Teresa de Jesús, -y no he leído lo que debo leer de Teresa, | + | Y cuando yo leo Teresa de Jesús, -y no he leído lo que debo leer de Teresa, ¡mea culpa!-, lo que me encuentro, ¿qué es? Que en todo ese proceso, lo que ha hecho uno, es rasguñar; uno ha rasguñado lo del comienzo. |
Es como una persona que llegara a una casa que tiene una puerta magnífica, y uno se quedara mirando la puerta; se le hace noche mirando la puerta, hace frío, uno pide una ruana para seguir mirando la puerta, y se convierte en celador de la Casa de Dios. | Es como una persona que llegara a una casa que tiene una puerta magnífica, y uno se quedara mirando la puerta; se le hace noche mirando la puerta, hace frío, uno pide una ruana para seguir mirando la puerta, y se convierte en celador de la Casa de Dios. | ||
Esos somos la mayoría de nosotros, celadores de la puerta de la Casa de Dios, y no terminamos de entrar en ella. | Esos somos la mayoría de nosotros, celadores de la puerta de la Casa de Dios, y no terminamos de entrar en ella. | ||
Revisión del 17:39 21 sep 2007
Fecha: 19991015
Título: Santa Teresa de Jesus, pionera de un nuevo mundo interior
Original en audio: 15 min. 12 seg.
Mis Amados Amigos:
En el siglo en el que vivió Santa Teresa de Jesús, el siglo dieciséis, se estaba levantando el conocimiento de toda esta región del planeta tierra, que hoy llamamos América. La pequeña Europa, pequeña en extensión geográfica frente a este continente, vino a descubrir todo un mundo; se abrió un nuevo mundo.
Algo semejante podemos decir que no había acontecido antes, y probablemente no va a volver a acontecer: descubrir de repente, que el mundo es mucho más amplio, y encontrar interlocutores al otro lado del mar, que parecía una barrera infranqueable.
En ese siglo en el que se descubrió este, que luego se llamó el Nuevo Mundo, hubo otros exploradores, que a la manera de Cristóbal Colón, navegaron por otros mares no menos peligrosos, y encontraron otros continentes; es decir, abrieron otros universos.
Y entre todos esos pioneros, tenemos que contar a esta Santa, a esta mística del día de hoy, Teresa de Jesús. Teresa no fue solamente una mujer llena de amor, llena de oración, sino que ella abrió para el mundo un nuevo continente, incluso me atrevo a decir, abrió un nuevo mundo.
Fue tanta la luz que Dios le regaló, fue tanto lo que sucedió en ella, que a través de sus escritos descubrimos las sendas de un universo que está, no delante de nuestros ojos, sino detrás de nuestros ojos.
Porque si hay un mundo que está delante de nosotros, y que aparece cuando abrimos los ojos, hay también un mundo que está detrás de nuestros ojos, adentro de nosotros, y que muchas veces sólo aparece cuando los cerramos al mundo exterior, y estamos dispuestos a encontrarnos con ese mundo interior.
Y esos son los maravillosos escritos de Teresa de Jesús: son excursiones por un mundo nuevo, recorridos, exploraciones por un mundo interior. Alguien podría decir: "Introspecciones de una mujer desocupada"; pero resulta que el Espíritu Santo obró de tal modo en ella, que ni siquiera fue intención de ella poner por escrito sus experiencias.
Fue disposición y obediencia que provino de sus confesores y directores espirituales. Oyéndola, encontraron en ella no sólo a una mujer de muy buen sentido, de mucho equilibrio humano, de una gran sensatez, de una profunda cordura, sino una amiga de Dios, alguien de quien se puede decir es amigo de Dios.
Y fue expresión de Santa Teresa hablar de los santos como "amigos fuertes de Dios", gente que se le puede creer que ha estado con Dios.
Si usted dice: "Soy amigo de Carlos Vives", lo menos que se le puede pedir es que usted haya estado con Carlos Vives, que sepa qué le gusta a Carlos Vives, que sepa qué le preocupa a Carlos Vives, y cuáles son los proyectos de Carlos Vives.
Si usted quiere ser un amigo fuerte de Dios, usted tiene que saber esas cosas de Dios, saber qué le gusta a Dios, saber cuáles son las alegrías de Dios, cuáles son los próximos proyectos que Dios tiene; saber qué entristece a Dios, conocer por experiencia, conocer como dice la Primera Carta de Juan al comienzo: "Lo que hemos visto, lo que hemos oído, lo que tocaron nuestras manos" ( véase 1 San Juan 1,1).
Aparentemente, una monja contemplativa, como fue Teresa de Jesús, es lo más inútil que ha dado esta tierra. Alguien podría pensar: "vida egoísta y estéril la de esas mujeres por allá encerradas".
Pero en realidad, ellas son las conquistadoras de ese mundo que continuamente se escapa de nuestras manos. Y además, de esas hogueras y de esos fuegos, se alimenta la verdadera predicación para que este mundo no perezca de frío.
Teresa de Jesús tuvo mucho de ese fuego, muchísimo. Vivió de tal modo, que quienes la conocieron sintieron, y quienes la leemos sentimos, que esta mujer ha estado con Dios. ¿De cuántas personas se puede decir eso? No de muchas.
Esta persona sabe de lo que está hablando; ella no está hablando de oídas. Esto me hace acordar del libro de Job. El libro de Job nos cuenta que Job tenía una gran prosperidad, pero luego tuvo un gran desastre. Vinieron unos amigos a aconsejarlo, pero los consejos de los amigos como que no tenían mucho sentido, porque prácticamente todo el tiempo lo único que le dijeron es: "Si a usted le está yendo mal, es porque usted se portó mal".
Y Job, durante todo el recorrido de ese libro que lleva su nombre, lo único que hace es repetir: "No señor, yo no me he portado mal, y ustedes no tienen por qué tratar de convencerme de eso". Y en esa discusión se pasan capítulos, y capítulos.
Job, finalmente, va perdiendo la paciencia, manda a sus amigos a freír espárragos, y dice: "Yo lo que quiero es encararme con Dios, y preguntarle, qué es lo que tiene conmigo, que hagamos un juicio justo, que venga, que me hable".
Y entonces Dios le habla, y le hace una serie de preguntas que dejan a Job fuera de lugar. Le hace preguntas sobre la creación: "¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra con el aplauso de todos los Ángeles?" (véase Job 38,1-7). Y entonces Job se queda callado, y luego dice: "Yo no sé" (véase Job 42,1-3).
Job no sabe. Se encuentra con la majestad de Dios, con la sabiduría infinita de Dios, con el poder de Dios, queda estupefacto, y al final dice: "Yo te conocía de oídas, pero ahora sí te han visto mis ojos". (véase Job 42,5). Y habló como un insensato: "Perdón, perdón, mano a la boca, me retracto. ¿Qué hice? ¡Dios mío!" (véase Job 42,6). Es un hombre que se encontró con Dios.
Afortunadamente para nosotros, esto es lo que se puede decir de Teresa de Jesús: se encontró con Dios. Ella no está hablando de oídas, no está repitiendo lo que otros dijeron; ha tenido, como decimos hoy, la experiencia de Dios. ¡Y vaya experiencia!
Cuando nosotros tomamos los libros de Santa Teresa de Jesús, descubrimos dos cosas: Lo primero que descubrimos, es que Teresa de Jesús orientó toda su existencia por un sólo Amor. Yo ya llegué a la conclusión de que los Santos son gente que se resolvió por un sólo Amor. Esa es la gente que sirve para santa. El que está vacilando, está cojeando de las dos piernas. Como decía Elías de sus contemporáneos, los israelitas: "Ustedes cojean de ambas piernas" ( véase 1 Reyes 18,20).
Hay una mujer, parece que es una gran mística, vive aún, escribe bajo el seudónimo de Margarita, y como que ha tenido una serie de visiones y locuciones con Nuestro Señor Jesucristo. Ella cuenta la historia de su vida, y dice con mucha simpatía, que empezó, vamos a ponerlo en este lenguaje, como amateur, empezó como aficionada.
Es decir, más o menos como el que le gusta el fútbol: "Cuando puedo voy; si surge otro programa, pues no voy"; punto. El que colecciona estampillas, o el que está haciendo la colección de todos los conciertos de Bach: donde ve un concierto de Bach, echa la mano, y va completando su colección.
Ella empezó como amateur en las cosas de Dios. Pero se encontró con un director espiritual, un sacerdote muy santo, quien parece tuvo una muerte espantosa por una enfermedad terrible que le fue llevando a una complicación diabética, a perder las piernas, a quedarse ciego; mejor dicho, fue todo un martirio este sacerdote.
Pues este sacerdote, pegado de Dios, resultó un verdadero director espiritual para Margarita. Y uno de los favores que le hizo a ella, fue como confrontarla un poco, como ponerla ante la pared, y decirle: "Bueno, si usted no se va a resolver por Dios, no tenemos mucho que hacer; mejor dicho, nada que hacer".
Esta era una mujer que había crecido en un ambiente muy diplomático, en un ambiente muy delicado, en un ambiente de mucho respeto, de mucha tolerancia, y podríamos decir también, de esa especie de falsedad que a veces envuelve las relaciones humanas.
Ella no estaba como muy preparada para que se le hablara así, tan drásticamente. Pero el padre, sin ser violento, fue demasiado claro: "O te resuelves por Dios, o no haces nada". Y entonces Margarita sacó la conclusión de su vida: "Sí, me resuelvo por Dios, voy a apostarle a Dios".
Pues Teresa de Jesús es una mujer de esas, una mujer que no dio más vueltas, una mujer que se dejó de historias, y que dijo: "Yo como que ya puedo pasar de amateur a profesional; yo como que no voy a seguir indefinidamente de aficionada en este cuento del cristianismo; yo no voy a ser un perpetuo visitante de la Casa de Dios".
Los hijos de Dios no son visitantes, son hijos. El Señor Jesús dice una expresión impresionante: "El esclavo no se queda en la casa para siempre; el hijo se queda para siempre" (véase San Juan 8,35). Pues si un esclavo no se queda para siempre, mucho menos un visitante.
Nosotros, los aficionados, nosotros, los amateur, nos asomamos en la Casa de Dios, miramos a ver qué está pasando en ella, y luego nos devolvemos a nuestros intereses. Después le damos otra vueltecita a ver qué pinta la Casa de Dios, y la Casa de Dios pintó otra cosa, y dice uno: "¡No! Eso está muy aburrido por allá; me devuelvo a mis intereses".
De pronto otro día voy, y ahí sí está la Casa de Dios, y digo: "¡Aleluya! Este sí es mi lugar". Y después doy otra vuelta, y vuelvo, y ya está en otro tema, y ya no me gusta. Ese es el aficionado: va y vuelve; ese no está en la Casa de Dios, ese no se queda para siempre.
Teresa duró de aficionada muchos años. Su verdadera, su radical conversión estuvo hacia los 37, o 38 años de edad. A los 38 años de edad, Teresa, no por decisión de su magnífica personalidad, sino por una obra particular del Espíritu Santo que ustedes conocerán repasando la biografía de ella, movida por el Espíritu, dijo: "De hoy en adelante salgo del equipo aficionado; de hoy en adelante, me voy a matricular en el equipo profesional, y me resuelvo por Dios". Fue lo mejor que pudo haber hecho: Dios nos permite una decisión semejante.
Pero no contenta con esto, Teresa recibió una bendición muy grande de Dios, la bendición de orientar todas sus fuerzas hacia una tarea particular. No cabe duda de que la Iglesia Católica le debe mucho a estos Santos que se orientaron una tarea particular.
Por ejemplo, San Juan Bautista: sabía que su misión en la vida era anunciar a Jesucristo. Apareció Jesucristo, se alegró hasta las lágrimas, y dijo: "Ahora que crezca Él, y que yo disminuya" (véase San Juan 3,30). "Mátenme, y hagan conmigo lo que quieran. Ya resolví mi problema". ¡Qué bella esa vida!
Desde luego, la Princesa entre todos estos Santos, es la Virgen María: hizo lo que tenía que hacer, pero lo hizo perfectamente. Y lo mismo podemos decir de San Pablo, Santo Tomás de Aquino, San Martín de Porres: todos estos Santos descubrieron como un camino particular.
El camino particular de Teresa se llama oración. Teresa sintió la pasión, la necesidad, la urgencia, la importancia de orar. Su modo de amar a Dios, su modo de servir a la Iglesia, su modo de conocer, su modo de realizarse, todo en ella se volvió oración. ¡Orar! ¡Orar!
Es la primera comprobación que uno hace cuando lee a Teresa. La segunda comprobación es un poco dolorosa, y para mi caso particular, vergonzosa. Cuando uno empieza a leer lo que es oración en la vida de Teresa, uno ve que ella siempre habla de un proceso. Por ejemplo, habla del castillo interior que tiene moradas, o habla del camino de perfección, o cuenta su propia vida; siempre es algo procesal, dinámico.
Y cuando yo leo Teresa de Jesús, -y no he leído lo que debo leer de Teresa, ¡mea culpa!-, lo que me encuentro, ¿qué es? Que en todo ese proceso, lo que ha hecho uno, es rasguñar; uno ha rasguñado lo del comienzo.
Es como una persona que llegara a una casa que tiene una puerta magnífica, y uno se quedara mirando la puerta; se le hace noche mirando la puerta, hace frío, uno pide una ruana para seguir mirando la puerta, y se convierte en celador de la Casa de Dios.
Esos somos la mayoría de nosotros, celadores de la puerta de la Casa de Dios, y no terminamos de entrar en ella.