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| − | Esas palabras que dice Dios por el profeta Isaías, bien meditadas, nos llevan a un sentimiento profundo de dolor y de conversión, y luego también de esperanza: " | + | Esas palabras que dice Dios por el profeta Isaías, bien meditadas, nos llevan a un sentimiento profundo de dolor y de conversión, y luego también de esperanza: "¡Si hubieras atendido a mis mandatos!" [[:Categoría:Isaías 048_018|Isaías 48,18]]. |
Yo creo que hay una manera de aplicarse estas palabras cuando uno piensa en la vida de la gracia y en la historia que Dios ha ido construyendo en uno. | Yo creo que hay una manera de aplicarse estas palabras cuando uno piensa en la vida de la gracia y en la historia que Dios ha ido construyendo en uno. | ||
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Al contrario, hay otras "obras", que tal vez pueden ser tu vida o mi vida, en que pudo haber una gran idea, un gran proyecto, pero es un proyecto con manchones, con borrones, y hay algunos casos, podemos temerlo, en que casi parece que la obra entera se hubiera echado a perder. | Al contrario, hay otras "obras", que tal vez pueden ser tu vida o mi vida, en que pudo haber una gran idea, un gran proyecto, pero es un proyecto con manchones, con borrones, y hay algunos casos, podemos temerlo, en que casi parece que la obra entera se hubiera echado a perder. | ||
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Yo asocio estas palabras, por ejemplo, con mi llamado vocacional. Si yo me pongo a repasar mi vida, me doy cuenta que Dios estaba buscándome, y si digo más, me ha seguido buscando toda mi vida. | Yo asocio estas palabras, por ejemplo, con mi llamado vocacional. Si yo me pongo a repasar mi vida, me doy cuenta que Dios estaba buscándome, y si digo más, me ha seguido buscando toda mi vida. | ||
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Y me duele encontrar en el recorrido de mi vida tantas veces en que he dicho que no, tantas veces en que he manchado o emborronado el "cuadro". | Y me duele encontrar en el recorrido de mi vida tantas veces en que he dicho que no, tantas veces en que he manchado o emborronado el "cuadro". | ||
| − | Soy la figura, soy el resultado de todo eso. Es verdad que que hay cosas buenas que Dios ha hecho en mí, pero no puedo negar esas opciones en las cuales me pesa la Palabra de Dios: " | + | Soy la figura, soy el resultado de todo eso. Es verdad que que hay cosas buenas que Dios ha hecho en mí, pero no puedo negar esas opciones en las cuales me pesa la Palabra de Dios: "¡Si hubieras atendido a mis mandatos!" [[:Categoría:Isaías 048_018|Isaías 48,18]]. |
Mi primer llamado fuerte hacia el sacerdocio sucedió cuando yo tenía quince años, pero bastó el éxito académico, a través sobre todo de la física, de las matemáticas, bastaron las vanidades, las lisonjas, los halagos de este mundo para que ese primer llamado de Dios, el único Señor, quedara por allá archivado. | Mi primer llamado fuerte hacia el sacerdocio sucedió cuando yo tenía quince años, pero bastó el éxito académico, a través sobre todo de la física, de las matemáticas, bastaron las vanidades, las lisonjas, los halagos de este mundo para que ese primer llamado de Dios, el único Señor, quedara por allá archivado. | ||
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Por eso, el Adviento, no lo olvidemos, es tiempo de conversión también. Se le pide a Cristo que venga, pero no que venga como un huesped más, que venga como Rey y Señor; se le pide a Él que venga a tomar posesión entera de nuestro ser, y por eso, tomando las palabras que la Santa Iglesia dice en la fiesta de San Luis Gonzaga: "Los que no hemos podido imitar en la inocencia, pues imitemos en la penitencia". | Por eso, el Adviento, no lo olvidemos, es tiempo de conversión también. Se le pide a Cristo que venga, pero no que venga como un huesped más, que venga como Rey y Señor; se le pide a Él que venga a tomar posesión entera de nuestro ser, y por eso, tomando las palabras que la Santa Iglesia dice en la fiesta de San Luis Gonzaga: "Los que no hemos podido imitar en la inocencia, pues imitemos en la penitencia". | ||
| − | ''Que sea el arrepentimiento humilde de nuestros pecados, que sean estas palabras de Isaías: " | + | ''Que sea el arrepentimiento humilde de nuestros pecados, que sean estas palabras de Isaías: "¡Si hubieras atendido....!"'' [[:Categoría:Isaías 048_018|Isaías 48,18]], ''las que nos muevan a arrepentimiento.'' |
| − | ''Yo ya no podré ser ese santo que Dios quería cuando le dije que no desde la infancia, la adolescencia, la juventud, ése no voy a poder ser | + | ''Yo ya no podré ser ese santo que Dios quería cuando le dije que no desde la infancia, la adolescencia, la juventud, ése no voy a poder ser; pero tal vez Dios tiene para mí otro plan, y ese otro plan supone que se integre dentro de mi historia el recuento de esos antiguos pecados.'' |
Y a través de la confesión, el arrepentimiento, la penitencia y el anhelo de servir y de amar resultará otra figura, no la que Él había pensado en ese primer momento, pero resultará otra figura y esa otra figura también será obra de Él y también le agradará a Él, porque Él tiene entre los suyos no sólo a los inocentes, sino también a los convertidos, a los penitentes.'' | Y a través de la confesión, el arrepentimiento, la penitencia y el anhelo de servir y de amar resultará otra figura, no la que Él había pensado en ese primer momento, pero resultará otra figura y esa otra figura también será obra de Él y también le agradará a Él, porque Él tiene entre los suyos no sólo a los inocentes, sino también a los convertidos, a los penitentes.'' | ||
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Revisión actual del 16:35 6 dic 2011
Fecha: 19981211
Título: "¡Si hubieras atendido a mis mandatos!"
Original en audio: 8 min. 28 seg.
Esas palabras que dice Dios por el profeta Isaías, bien meditadas, nos llevan a un sentimiento profundo de dolor y de conversión, y luego también de esperanza: "¡Si hubieras atendido a mis mandatos!" Isaías 48,18.
Yo creo que hay una manera de aplicarse estas palabras cuando uno piensa en la vida de la gracia y en la historia que Dios ha ido construyendo en uno.
La vida humana va tomando su figura por las opciones que uno va haciendo. Cuando un pintor hace su trabajo, al escoger cada color, al al trazar cada pincelada, al dar énfasis o difuminar un rasgo está tomando una opción y el resultado final, el cuadro que queda es el resultado de todas las opciones, tal vez millones de opciones que el pintor ha tomado.
Nosotros somos como pintores o como escultores, como artistas de nuestra propia vida, y a lo largo de nuestra vida se nos presentan muchas opciones.
De una tribulación podemos hacer un motivo de desesperación, o podemos hacer un motivo de unión con la Cruz de Jesucristo; una alegría puede ser ocasión de una acción de gracias, o una gran prepotencia; las cualidades que tenemos pueden ser instrumento de evangelización, o razones para humillar a nuestros hermanos; los pecados mismos que hemos cometido pueden ser una razón para volvernos mediocres, o pueden ser un motivo para emprender con mayor empeño el camino.
Osea que uno está tomando decisiones, uno está tomando opciones, y la figura de uno, incluso en su rostro, me atrevería a decir, pero la figura de uno ante Dios, lo que es uno ante Dios, eso que se alude con la palabra "alma", el alma toma la figura de todas las opciones que uno ha tenido.
Y por eso hay almas que son bellas, y hay almas que son muy bellas, y hay almas que son bellísimas, porque el conjunto de las opciones de ese "artista" o de esa "artista" le ha dado ese esplendor a esa obra.
Al contrario, hay otras "obras", que tal vez pueden ser tu vida o mi vida, en que pudo haber una gran idea, un gran proyecto, pero es un proyecto con manchones, con borrones, y hay algunos casos, podemos temerlo, en que casi parece que la obra entera se hubiera echado a perder.
"¡Si hubieras atendido a mis mandatos!" Isaías 48,18, dice Dios por boca de Isaías. Y yo creo que uno tiene que volverse sobre sí mismo y pensar en cuantas veces uno, habiendo podido tomar una respuesta, tomó otra.
Yo asocio estas palabras, por ejemplo, con mi llamado vocacional. Si yo me pongo a repasar mi vida, me doy cuenta que Dios estaba buscándome, y si digo más, me ha seguido buscando toda mi vida.
Y me duele encontrar en el recorrido de mi vida tantas veces en que he dicho que no, tantas veces en que he manchado o emborronado el "cuadro".
Soy la figura, soy el resultado de todo eso. Es verdad que que hay cosas buenas que Dios ha hecho en mí, pero no puedo negar esas opciones en las cuales me pesa la Palabra de Dios: "¡Si hubieras atendido a mis mandatos!" Isaías 48,18.
Mi primer llamado fuerte hacia el sacerdocio sucedió cuando yo tenía quince años, pero bastó el éxito académico, a través sobre todo de la física, de las matemáticas, bastaron las vanidades, las lisonjas, los halagos de este mundo para que ese primer llamado de Dios, el único Señor, quedara por allá archivado.
Y si no fuera por una intervención providente, humilde y eficacísima de la Virgen María, pues yo hubiera desechado esa posibilidad; esa gracia singular se hubiera podido perder para siempre en mí, y de hecho estuvo olvidada y como marginada durante mucho tiempo.
Y entonces yo digo: "Y si yo hubiera atendido al manadato del Señor, cuando Él quería, porque a mí me parece que yo no le hice caso cuando Él quiso, sino yo le hice caso cuando a mí me pareció.
Y para tantas otras cosas he sido así, haciendo caso en último extremo, cuando ya prácticamente no queda otra opción, y por eso pienso que, bueno, todos dependemos de la misericordia divina, pero cuántas tardanzas, qué manera de servir tan incómoda, tan rebelde a Dios Nuestro Señor".
Por eso, el Adviento, no lo olvidemos, es tiempo de conversión también. Se le pide a Cristo que venga, pero no que venga como un huesped más, que venga como Rey y Señor; se le pide a Él que venga a tomar posesión entera de nuestro ser, y por eso, tomando las palabras que la Santa Iglesia dice en la fiesta de San Luis Gonzaga: "Los que no hemos podido imitar en la inocencia, pues imitemos en la penitencia".
Que sea el arrepentimiento humilde de nuestros pecados, que sean estas palabras de Isaías: "¡Si hubieras atendido....!" Isaías 48,18, las que nos muevan a arrepentimiento.
Yo ya no podré ser ese santo que Dios quería cuando le dije que no desde la infancia, la adolescencia, la juventud, ése no voy a poder ser; pero tal vez Dios tiene para mí otro plan, y ese otro plan supone que se integre dentro de mi historia el recuento de esos antiguos pecados.
Y a través de la confesión, el arrepentimiento, la penitencia y el anhelo de servir y de amar resultará otra figura, no la que Él había pensado en ese primer momento, pero resultará otra figura y esa otra figura también será obra de Él y también le agradará a Él, porque Él tiene entre los suyos no sólo a los inocentes, sino también a los convertidos, a los penitentes.
Nosotros, pues, escuchemos esta palabras, escuchémoslas con el corazón; recorramos nuestra historia; démonos cuenta de esos males; démonos cuenta de que en realidad cada pecado le niega un santo a Dios.
Démonos cuenta de cuántas veces Dios ha tenido que reescribir la historia nuestra y ha tenido que decir: "Bueno, si la biografía del santo no va a ser esta, entonces vamos a intentar escribir esta otra, y vamos a intentar escribir esta otra...." ¡cuántos intentos lleva Dios con nosotros!
Agradecidos en su piedad, en su misericordia, con un anhelo muy sincero de convertirnos, de dejar nuestras faltas y de creer en Él, solamente en Él, sigamos esta celebración.
Precisamente la gracia de este día, la gracia de esta Eucaristía es una señal preciosa de que Dios jamás se cansa; Él no se cansa de escribir nuevas e inéditas biografías; Él no se cansa de reemplazar en esos papeles, mil o un millón de veces la palabra inocencia por la palabra contrición, arrepentimiento, misericordia o gracia.
Si Él no se cansa, nosotros tampoco nos cansamos, seguimos el camino, le seguimos buscando y Él, al final, será el único que pueda firmar, que pueda rubricar esa obra y decir: "Es mía, la he hecho, la he construido con mi amor, con mis lágrimas, con mi sangre y con mi gracia.