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El Apóstol San Pablo, que predicó y escribió tanto del misterio de nuestra salvación, casi nunca se refiere a la Santísima Virgen María, a la Madre del Señor.
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Puede decirse que el texto que hemos escuchado hoy de la Carta a los Gálatas, es prácticamente el único texto que hace una alusión a María. Porque, el nombre de Ella como Madre de Jesús, no aparece nunca en los escritos de San Pablo.
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Este silencio notable no debe extrañarnos mucho, ya que de todas maneras el Apóstol casi nunca hace mención alguna a la vida terrena de Cristo, y desde luego que el nacimiento de Jesús es el comienzo de su vida terrena.
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Propiamente lo que hace San Pablo en la mayor parte de sus predicaciones y en la mayor parte de sus cartas, su propósito principal, es mostrar cómo con la Pascua de Jesucristo, ese mundo antiguo, el mundo de la Ley judía, el mundo de, "la conciencia que me reprocha, pero yo no sé cómo cambiar", el mundo del paganismo extraviado, ese mundo ha quedado atrás.
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Y con la Pascua del Señor, ahora hay otra lógica. Esa lógica nueva, esa verdad nueva, es lo que San Pablo llama "la vida en el Espíritu", en el Espíritu Santo.
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De modo que el Cristo que anuncia San Pablo es un Cristo en la plenitud de la donación del Espíritu, es un Cristo en el Espíritu, en el poder del Espíritu, mientras que la existencia terrena de Cristo cuando estuvo en Carne como la nuestra, no se dio en la plenitud del Espíritu.
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Bien es cierto que fue esta unción del Espíritu Santo la que obró las maravillas y los prodigios en Él: sus milagros, sobre todo, la expulsión de los demonios, y en fin, tantas otras obras bellas, sanas y santas.
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Pero, sólo pudo llegar la plenitud del Espíritu Santo, cuando Cristo, el Señor, resucitado de entre los muertos, lo comunicó a los Apóstoles.
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Por esta razón San Pablo no hace casi alusión a la vida terrena de Cristo, y cuando medita sobre el Señor, no se detiene en los ejemplos que Él nos dio.
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Hay unas dos excepciones. En algún lugar, por poner el caso, dice: "El Señor Jesús enseñó que era mejor dar que recibir" [[:Categoría:Hechos 020_035|Hechos de los Apóstoles 20,35]]. Y esto lo presenta como un dicho de Cristo. Curiosamente, este dicho no lo encontramos en los Evangelios.
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''Es una de las pocas alusiones que tiene que ver con la vida terrena de Nuestro Señor. Sin embargo, para Pablo esto no es tanto un ejemplo en cuanto a su vida terrena, sino es como un manantial de gracia, un torrente de Espíritu que llegando a nuestras vidas, transformando nuestras vidas, hace que nosotros reproduzcamos su propia imagen.''
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Era la vida terrena del Señor, desde el nacimiento hasta la Cruz, como una larga humillación para San Pablo, una humillación que él la resume con las palabras que hemos escuchado de la Carta a los Gálatas: "Nacido de una Mujer, nacido bajo la Ley" [[:Categoría:Gálatas 004_004|Carta a los Gálatas 4,4]].
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De hecho, estas dos palabras, "Mujer" y "Ley", representan la condición de Cristo en semejanza a todos sus hermanos judíos, y la condición de Cristo en semejanza a todos sus hermanos, los seres humanos.
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"Nacer bajo la Ley" [[:Categoría:Gálatas 004_004|Carta a los Gálatas 4,4]], significa pertenecer al pueblo de la Alianza. "Nacer de una Mujer" [[:Categoría:Gálatas 004_004|Carta a los Gálatas 4,4]], significa pertenecer a la estirpe humana. O sea, que el sentido, diríamos, antropológico de este texto, seguramente es ése.
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"Nacido de una Mujer y nacido bajo la Ley" [[:Categoría:Gálatas 004_004|Carta a los Gálatas 4,4]], quiere decir, Hombre como todos nosotros, y "nacido bajo la Ley" [[:Categoría:Gálatas 004_004|Carta a los Gálatas 4,4]], quiere decir, judío como todos los de la Alianza.
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''Lo que está diciendo San Pablo es, que el nacimiento de Cristo en nuestras condiciones, hace que nosotros nazcamos en sus condiciones. El hecho de que Él haya asumido lo nuestro, hace que nosotros podamos asumir lo suyo.''
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Él asumió lo nuestro para darnos lo suyo, y por eso dice: "Envió Dios a su Hijo", -¡su Hijo!-, "nacido de Mujer y nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción" [[:Categoría:Gálatas 004_004-005|Carta a los Gálatas 4,4-5]].
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De manera que Él nace bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, y Él nace como todos nosotros, para que nosotros pudiéramos nacer como Él. Y esa "jurifecía"? , esa adopción filial, hay que ver si es adopción. Porque, "jurifecía"? significa la filiación. El "por adopción" es más un agregado de los traductores.
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Propiamente lo que dice el Apóstol, es: "Envió Dios a su Hijo, nacido bajo la Ley y nacido de una Mujer, para que nosotros recibiéramos la filiación, para que nosotros recibiéramos el ser hijos" [[:Categoría:Gálatas 004_004-005|Carta a los Gálatas 4,4-5]].
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"Y como sois hijos, Dios envía a vuestros corazones el mismo Espíritu de su Hijo" [[:Categoría:Gálatas 004_006|Carta a los Gálatas 4,6]]. Ahí era donde quería llegar el Apóstol: que hay un mismo Espíritu entre el Hijo Eterno de Dios, y los hijos nacidos en el tiempo, nacidos bajo la Ley.
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Es que todo lo que nosotros, desde un punto de vista, llamémoslo así, filosófico, hagamos de la finitud humana, este teólogo, San Pablo, lo expresa con, "nacido de una Mujer" [[:Categoría:Gálatas 004_004|Carta a los Gálatas 4,4]].
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Cuando nosotros pensamos en las limitaciones de lo que significa ser humano, diríamos, por ejemplo: "Estamos confinados al espacio y al tiempo; estamos en un lugar, estamos en una hora".
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Éso, estar limitado al espacio y al tiempo, ser temporal y todo lo demás que esto conlleva: necesitar alimento, necesitar descanso, necesitar bebida, pasar indigencia, tener que aprender, todo esto lo dice San Pablo con una sóla expresión: "Nacido de una Mujer" [[:Categoría:Gálatas 004_004|Carta a los Gálatas 4,4]].
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Si el que estuviera aquí fuera un filósofo más que un teólogo, seguramente hubiera hecho un largo tratado sobre toda la finitud del ser humano. Pero, como es un teólogo y como su pensamiento es semita, todas las limitaciones las encierra en la palabra, "Mujer", "nacido de una Mujer" [[:Categoría:Gálatas 004_004|Carta a los Gálatas 4,4]].
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Si es nacido de una Mujer, está sometido a todas las limitaciones, a todas las consecuencias, a todos los dolores, a todas las pobrezas de nuestra misma humanidad. Por consiguiente, el propósito de San Pablo no es directamente mariológico.
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Él no está refiriéndose aquí, él no está estudiando aquí, o desarrollando aquí un tema propio de la Mariología. Pablo es como una especie de Cristo. Pablo vive, respira, muere, resucita por Jesucristo. Su atención está puesta en el Señor.
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''Y eso es bueno, porque le da el lugar propio, que no es pequeño ni es feo, sino bellísimo y alto, a la Santísima Virgen María. Efectivamente, una recta Cristología le da su lugar a una sana Mariología.''
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''Entonces, el propósito del Apóstol en este caso es cristológico. Él está mirando hacia Jesucristo y hacia el misterio de Cristo. Ve toda la finitud de Jesús al asumir nuestra existencia, para que nosotros recibiéramos su Espíritu. Mira toda la finitud de Jesús concentrada en este, "nacer de una Mujer y nacer bajo la Ley"'' [[:Categoría:Gálatas 004_004|Carta a los Gálatas 4,4]].
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Mujer y Ley, que tienen su parecido. Porque, el nacer de una mujer trae consigo una cantidad de leyes, las mismas que expresaría el filósofo: estamos sometidos a la ley de los días y de las noches, a la ley del hambre, del alimento, del descanso.
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El nacer de una mujer trae una cantidad de leyes, pero al mismo tiempo, el nacer bajo la ley es como nacer de una madre que cuida, que corrige, que alienta, que anima.
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A mí me gusta la comparación entre la Mujer y la Ley, porque nos enseña qué se puede esperar de una y de otra. No le podemos pedir a las madres más de lo que le pedimos a la ley. La mamá no puede dar lo que tampoco da la ley.
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¿Y qué es lo que tampoco da la ley? El Espíritu. La mamá no puede dar el don del Espíritu Santo. Puede indicar un camino al hijo, puede corregirlo, puede tratar de estar ahí, pero es sólo vivir la vida del hijo.
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El hijo tiene un principio vital distinto. Algo parecido sucede con la ley. La ley puede indicar, puede tratar de animar, despertar, corregir, castigar, pero no puede transformar.
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''La Mujer y la Ley son una expresión de la necesidad infinita del Espíritu Santo. La Mujer y la Ley son una manera de hablar de cómo es el Espíritu, y sólo el Espíritu, el que nos puede hacer hijos de Dios.''
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¿Mas, qué dice esto para la fiesta que estamos celebrando? ¿Por qué esta lectura aquí? Un intérprete malicioso podría pensar: "Bueno, buscaron y buscaron hasta que encontraron el texto en que San Pablo habla de María y dijeron: 'Pues, pongamos como segunda lectura, -es una solemnidad-, algo sobre la Virgen como aparece en San Pablo'."
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Yo, si algo tengo de malicioso, no descarto del todo esta posibilidad. Pero, hay que tratar de encontrar otra cosa como más fecunda, más productiva para nuestra vida espiritual.
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¿Qué dice con respecto a la fiesta de hoy este texto? Pues, lo que hemos contado es, que la mujer muestra la condición finita, que la mujer se parece a la Ley, que la mujer no puede dar el Espíritu.
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No parece que estemos exaltando demasiado la figura, ni de la mujer, ni de la madre, ni de María. Pero, sí tiene un mensaje para nosotros. Porque, cuando se mira a la Virgen, -¡atención!-, reemplazando al Espíritu Santo, se pierde su verdadera grandeza y se pierde su verdadera belleza.
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A mí me decía un padre teólogo alguna vez, que una especie de devoción exagerada a la Virgen, le ha ido atribuyendo a María las obras que sólo puede realizar el Espíritu Santo. Y esto es delicado.
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Parece que el Espíritu Santo llegó a ser el gran Olvidado, como lo llamaba el padre. Llegó a olvidarse el Espíritu Santo, en parte por éso, porque la piedad católica le atribuía cada vez más y más a la Virgen María obras del Espíritu Santo.
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''Y resulta que precisamente este texto, capítulo cuarto de los Gálatas, nos muestra cómo hay una diferencia infinita, -como tiene que haberla-, entre la Criatura y el Creador, una diferencia infinita entre Ella, María, la Mujer, y Él, el Espíritu, que hace hijos de Dios allí donde habita, y que da ? a la Ley en aquellos que le reciben.''
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¿Pero, hay algo que se pueda decir en positivo, por así decirlo? ¡Sí! Sí se puede decir. Porque, si la Santísima Virgen María no puede dar el Espíritu, si no es Ella la que puede engendrar los hijos que sólo engendra la gracia del Espíritu Santo en los corazones, su pasividad, -palabra fastidiosa para nuestro tiempo-, es su grandeza.
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Bueno, decirle a alguien que es pasivo es poco menos que un insulto. Pasivo es como vecino de muerto, lerdo, como insensible, como inútil.
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El sentido de pasivo aquí, no es ése. Pasivo viene de una palabra que significa, "recibir una acción", "patior", de donde se origina también paciencia, Pasión de Cristo, pasiones en el corazón humano, etc. .
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"Patior" es el verbo que significa, "padecer", es decir, recibir. Hay que mirar al verbo "patior" en contraste con el verbo "ago", de donde viene, "actum", activo.
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"Ago", el verbo "ago", en latín, es el verbo en el que la acción sale de mí. "Patior" es el verbo en el que la acción llega a mí.
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''La grandeza de María no está en el "ago" sino en el "patior". La grandeza de María no es tanto lo que Ella hace, sino lo que sucede en Ella.''
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''Prácticamente lo que hemos dicho en esta meditación, es comentar todo lo que Ella no es y todo lo que Ella no hace. ¡Sí! Pero, que suceda en Ella, que por decirlo así, Ella permita que suceda en Ella, éso es lo grande.''
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¡Éso es lo grande! Hay una manera un poco más bella de hablar de esto con la palabra disponible, disponibilidad. Es la disponibilidad a Dios, es la acción de Dios y la pasión en María, es decir, el padecer, el dejar obrar, es ésa la grandeza y la belleza de María.
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Porque, precisamente, el pecado de nuestros primeros padres fue no dejarse hacer. ¡No dejarse hacer! Ellos quisieron escoger su camino. La grandeza de la Virgen está en dejarse hacer.
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Ahora no nos queda sino por resolver un último problema. De todas maneras, "dejarse hacer", a uno le suena a pasivo en el sentido pobre de la palabra.
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El "dejarme hacer", ¿qué quiere decir? ¿Que ya me desintereso de las cosas? "Dejarme hacer", quiere decir, ¿que yo no pongo de mi parte?
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A mí me parece que "dejarse hacer" tal vez sólo lo comprenden plenamente los santos. Pero, como ése es el propósito, que avancemos hasta allá, digamos por lo menos esto: hay un acto positivo en mí. "Dejarme hacer" no es suprimir mis actos.
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Esta es como la postura del budismo, entre otras cosas. "Dejarme hacer" en el budismo, es suprimir, quitar, que yo no sienta, que yo no piense, que yo no hable, que yo me disuelva en el destino, en el fatum, en el nirvana, lo que sea. Ése no es el "dejarse hacer" cristiano.
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''Hay un acto positivo, hay un sí de mi voluntad. Si yo no tuviera voluntad, "dejarme hacer" sería dejar de actuar. Pero, como tengo voluntad, "dejarme hacer" es decir sí a la voluntad de Dios.''
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''En otras palabras, es decirle sí al pensamiento de Dios, sí al amor de Dios, sí a las obras de Dios, sí a la Palabra de Dios, volver mi mirada en la fe hacia Dios y decirle sí.''
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De este modo, la existencia humana se convierte en una sucesión de sí'es: decir sí, y otra vez sí, y otra vez sí. Porque no estoy completamente hecho, nunca doy el último sí.
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El que dice que "dejarse hacer" es dejar de actuar, cree que basta decirlo una vez. "Pero, yo me voy a dejar hacer; entonces me desintereso": ése no ha entendido de qué se trata, porque ése cree que basta un sí.
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Mas, como nosotros somos nacidos de mujer y estamos condicionados al tiempo, el "dejarse hacer" supone decir sí, y otra vez sí y otra vez sí. Que cada acto, que cada momento de mi vida, que cada día de mi vida sea otro sí, y otro sí.
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Y eso es lo que nos encontramos precisamente en María. Fíjate cómo es pasivo en el sentido de que deja obrar a Dios, pero no es pasivo en el sentido de que Ella se desinterese o no se implique.
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Al contrario, esta pasividad se pone en la más completa implicación. Supone que todo mi día, que todo lo que yo soy se implica, todo se entrega, todo se ofrece.
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Este sí continuo en María tiene una dimensión de grandeza que sólo puede venir de la acción del Espíritu Santo. Decir sí continuamente, es como pensar antes de pensar, como hablar antes de hablar.
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''Imagínate una persona que quiere ser así como María, y quiere decir continuamente ese sí. Esto significa que cada pensamiento, antes de que exista, yo quiero que sea para Dios; cada sentimiento, antes de que exista, yo quiero que le guste a Dios; cada obra, antes de empezarla, yo quiero que sea de Él.''
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Vivir en el continuo y perpetuo sí, es vivir como una anticipación. A mí me parece que esta perpetua anticipación del Corazón de la Virgen María, es lo que se ha llamado la prudencia. Ella es llamada en las Letanías Lauretanas, Virgen Prudentísima.
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La infinita, la excelsa prudencia de la Virgen, ese sí anticipado a todo, es la prudencia sobrenatural, que es probablemente de los dones más hermosos que le dio el Espíritu Santo a Ella.
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Ese es un don del Espíritu Santo, eso no lo puede solo nuestro corazón. Es un sí perpetuo, es como que todo antes de que exista en la realidad, ya en mi corazón existe para Dios.
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''Una persona que vive así, tiene la gracia de no pecar: es impecable. Porque, el pecado llega cuando decidiendo obrar bien, obro mal. Si cada acto antes de suceder en la realidad, ya está en mi corazón anticipadamente para Dios, es imposible que suceda el pecado.''
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Por esto, la absoluta donación de la Virgen, hace que Ella desaparezca de los escritos de San Pablo, hace que Ella sea llamada así, simplemente Mujer, ni siquiera por su nombre.
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''La absoluta donación de la Virgen, que hace que Ella aparezca casi como una serie de negaciones, imagen de la finitud, la que no puede, la que no hace, esa humillación absoluta de la Virgen, es al mismo tiempo el testimonio de su perpetuo sí, y a su vez nos enseña la anticipación continua de la gracia en Ella.''
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Esta anticipación continua de la gracia, es lo que nosotros afirmamos cuando decimos que Ella es Inmaculada y que Ella es impecable, que es imposible el pecado en Ella.
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De manera que en este texto tan elemental, -bueno, elemental no es-, tan breve, apenas sugerido, apenas mencionado, en este texto está el misterio de una Mujer que por decirlo así, desaparece Ella y aparece todo Dios.
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''Pero, si aparece todo Dios en mi vida, ¡qué grande mi vida! Si aparece todo Dios y sólo Dios en Ella, ¡qué hermosa Ella, qué santa Ella!''
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Vamos a unirnos a la sucesión de sí'es de la Virgen María. Vamos a unirnos a su Corazón que no tiene más amor que el amor de Dios.
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Vamos a unirnos a su fe, a su esperanza y a su amor, para que Dios obre plenamente en nosotros, para que Cristo nazca en nuestras vidas, para que el don del Espíritu Santo complete su obra de salvación y glorificación en nuestro universo.
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Amén.
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[[Categoría:Hechos 020_035|Hechos de los Apóstoles 20,35]]
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[[Categoría:Gálatas 004_004|Carta a los Gálatas 4,4]]
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[[Categoría:Gálatas 004_004-005|Carta a los Gálatas 4,4-5]]
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[[Categoría:Gálatas 004_006|Carta a los Gálatas 4,6]]

Revisión actual del 16:27 6 dic 2011

Fecha: 19980101

Título: "Nacido de una Mujer y nacido bajo la Ley"

Original en audio: 28 min. 9 seg.


El Apóstol San Pablo, que predicó y escribió tanto del misterio de nuestra salvación, casi nunca se refiere a la Santísima Virgen María, a la Madre del Señor.

Puede decirse que el texto que hemos escuchado hoy de la Carta a los Gálatas, es prácticamente el único texto que hace una alusión a María. Porque, el nombre de Ella como Madre de Jesús, no aparece nunca en los escritos de San Pablo.

Este silencio notable no debe extrañarnos mucho, ya que de todas maneras el Apóstol casi nunca hace mención alguna a la vida terrena de Cristo, y desde luego que el nacimiento de Jesús es el comienzo de su vida terrena.

Propiamente lo que hace San Pablo en la mayor parte de sus predicaciones y en la mayor parte de sus cartas, su propósito principal, es mostrar cómo con la Pascua de Jesucristo, ese mundo antiguo, el mundo de la Ley judía, el mundo de, "la conciencia que me reprocha, pero yo no sé cómo cambiar", el mundo del paganismo extraviado, ese mundo ha quedado atrás.

Y con la Pascua del Señor, ahora hay otra lógica. Esa lógica nueva, esa verdad nueva, es lo que San Pablo llama "la vida en el Espíritu", en el Espíritu Santo.

De modo que el Cristo que anuncia San Pablo es un Cristo en la plenitud de la donación del Espíritu, es un Cristo en el Espíritu, en el poder del Espíritu, mientras que la existencia terrena de Cristo cuando estuvo en Carne como la nuestra, no se dio en la plenitud del Espíritu.

Bien es cierto que fue esta unción del Espíritu Santo la que obró las maravillas y los prodigios en Él: sus milagros, sobre todo, la expulsión de los demonios, y en fin, tantas otras obras bellas, sanas y santas.

Pero, sólo pudo llegar la plenitud del Espíritu Santo, cuando Cristo, el Señor, resucitado de entre los muertos, lo comunicó a los Apóstoles.

Por esta razón San Pablo no hace casi alusión a la vida terrena de Cristo, y cuando medita sobre el Señor, no se detiene en los ejemplos que Él nos dio.

Hay unas dos excepciones. En algún lugar, por poner el caso, dice: "El Señor Jesús enseñó que era mejor dar que recibir" Hechos de los Apóstoles 20,35. Y esto lo presenta como un dicho de Cristo. Curiosamente, este dicho no lo encontramos en los Evangelios.

Es una de las pocas alusiones que tiene que ver con la vida terrena de Nuestro Señor. Sin embargo, para Pablo esto no es tanto un ejemplo en cuanto a su vida terrena, sino es como un manantial de gracia, un torrente de Espíritu que llegando a nuestras vidas, transformando nuestras vidas, hace que nosotros reproduzcamos su propia imagen.

Era la vida terrena del Señor, desde el nacimiento hasta la Cruz, como una larga humillación para San Pablo, una humillación que él la resume con las palabras que hemos escuchado de la Carta a los Gálatas: "Nacido de una Mujer, nacido bajo la Ley" Carta a los Gálatas 4,4.

De hecho, estas dos palabras, "Mujer" y "Ley", representan la condición de Cristo en semejanza a todos sus hermanos judíos, y la condición de Cristo en semejanza a todos sus hermanos, los seres humanos.

"Nacer bajo la Ley" Carta a los Gálatas 4,4, significa pertenecer al pueblo de la Alianza. "Nacer de una Mujer" Carta a los Gálatas 4,4, significa pertenecer a la estirpe humana. O sea, que el sentido, diríamos, antropológico de este texto, seguramente es ése.

"Nacido de una Mujer y nacido bajo la Ley" Carta a los Gálatas 4,4, quiere decir, Hombre como todos nosotros, y "nacido bajo la Ley" Carta a los Gálatas 4,4, quiere decir, judío como todos los de la Alianza.

Lo que está diciendo San Pablo es, que el nacimiento de Cristo en nuestras condiciones, hace que nosotros nazcamos en sus condiciones. El hecho de que Él haya asumido lo nuestro, hace que nosotros podamos asumir lo suyo.

Él asumió lo nuestro para darnos lo suyo, y por eso dice: "Envió Dios a su Hijo", -¡su Hijo!-, "nacido de Mujer y nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción" Carta a los Gálatas 4,4-5.

De manera que Él nace bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, y Él nace como todos nosotros, para que nosotros pudiéramos nacer como Él. Y esa "jurifecía"? , esa adopción filial, hay que ver si es adopción. Porque, "jurifecía"? significa la filiación. El "por adopción" es más un agregado de los traductores.

Propiamente lo que dice el Apóstol, es: "Envió Dios a su Hijo, nacido bajo la Ley y nacido de una Mujer, para que nosotros recibiéramos la filiación, para que nosotros recibiéramos el ser hijos" Carta a los Gálatas 4,4-5.

"Y como sois hijos, Dios envía a vuestros corazones el mismo Espíritu de su Hijo" Carta a los Gálatas 4,6. Ahí era donde quería llegar el Apóstol: que hay un mismo Espíritu entre el Hijo Eterno de Dios, y los hijos nacidos en el tiempo, nacidos bajo la Ley.

Es que todo lo que nosotros, desde un punto de vista, llamémoslo así, filosófico, hagamos de la finitud humana, este teólogo, San Pablo, lo expresa con, "nacido de una Mujer" Carta a los Gálatas 4,4.

Cuando nosotros pensamos en las limitaciones de lo que significa ser humano, diríamos, por ejemplo: "Estamos confinados al espacio y al tiempo; estamos en un lugar, estamos en una hora".

Éso, estar limitado al espacio y al tiempo, ser temporal y todo lo demás que esto conlleva: necesitar alimento, necesitar descanso, necesitar bebida, pasar indigencia, tener que aprender, todo esto lo dice San Pablo con una sóla expresión: "Nacido de una Mujer" Carta a los Gálatas 4,4.

Si el que estuviera aquí fuera un filósofo más que un teólogo, seguramente hubiera hecho un largo tratado sobre toda la finitud del ser humano. Pero, como es un teólogo y como su pensamiento es semita, todas las limitaciones las encierra en la palabra, "Mujer", "nacido de una Mujer" Carta a los Gálatas 4,4.

Si es nacido de una Mujer, está sometido a todas las limitaciones, a todas las consecuencias, a todos los dolores, a todas las pobrezas de nuestra misma humanidad. Por consiguiente, el propósito de San Pablo no es directamente mariológico.

Él no está refiriéndose aquí, él no está estudiando aquí, o desarrollando aquí un tema propio de la Mariología. Pablo es como una especie de Cristo. Pablo vive, respira, muere, resucita por Jesucristo. Su atención está puesta en el Señor.

Y eso es bueno, porque le da el lugar propio, que no es pequeño ni es feo, sino bellísimo y alto, a la Santísima Virgen María. Efectivamente, una recta Cristología le da su lugar a una sana Mariología.

Entonces, el propósito del Apóstol en este caso es cristológico. Él está mirando hacia Jesucristo y hacia el misterio de Cristo. Ve toda la finitud de Jesús al asumir nuestra existencia, para que nosotros recibiéramos su Espíritu. Mira toda la finitud de Jesús concentrada en este, "nacer de una Mujer y nacer bajo la Ley" Carta a los Gálatas 4,4.

Mujer y Ley, que tienen su parecido. Porque, el nacer de una mujer trae consigo una cantidad de leyes, las mismas que expresaría el filósofo: estamos sometidos a la ley de los días y de las noches, a la ley del hambre, del alimento, del descanso.

El nacer de una mujer trae una cantidad de leyes, pero al mismo tiempo, el nacer bajo la ley es como nacer de una madre que cuida, que corrige, que alienta, que anima.

A mí me gusta la comparación entre la Mujer y la Ley, porque nos enseña qué se puede esperar de una y de otra. No le podemos pedir a las madres más de lo que le pedimos a la ley. La mamá no puede dar lo que tampoco da la ley.

¿Y qué es lo que tampoco da la ley? El Espíritu. La mamá no puede dar el don del Espíritu Santo. Puede indicar un camino al hijo, puede corregirlo, puede tratar de estar ahí, pero es sólo vivir la vida del hijo.

El hijo tiene un principio vital distinto. Algo parecido sucede con la ley. La ley puede indicar, puede tratar de animar, despertar, corregir, castigar, pero no puede transformar.

La Mujer y la Ley son una expresión de la necesidad infinita del Espíritu Santo. La Mujer y la Ley son una manera de hablar de cómo es el Espíritu, y sólo el Espíritu, el que nos puede hacer hijos de Dios.

¿Mas, qué dice esto para la fiesta que estamos celebrando? ¿Por qué esta lectura aquí? Un intérprete malicioso podría pensar: "Bueno, buscaron y buscaron hasta que encontraron el texto en que San Pablo habla de María y dijeron: 'Pues, pongamos como segunda lectura, -es una solemnidad-, algo sobre la Virgen como aparece en San Pablo'."

Yo, si algo tengo de malicioso, no descarto del todo esta posibilidad. Pero, hay que tratar de encontrar otra cosa como más fecunda, más productiva para nuestra vida espiritual.

¿Qué dice con respecto a la fiesta de hoy este texto? Pues, lo que hemos contado es, que la mujer muestra la condición finita, que la mujer se parece a la Ley, que la mujer no puede dar el Espíritu.

No parece que estemos exaltando demasiado la figura, ni de la mujer, ni de la madre, ni de María. Pero, sí tiene un mensaje para nosotros. Porque, cuando se mira a la Virgen, -¡atención!-, reemplazando al Espíritu Santo, se pierde su verdadera grandeza y se pierde su verdadera belleza.

A mí me decía un padre teólogo alguna vez, que una especie de devoción exagerada a la Virgen, le ha ido atribuyendo a María las obras que sólo puede realizar el Espíritu Santo. Y esto es delicado.

Parece que el Espíritu Santo llegó a ser el gran Olvidado, como lo llamaba el padre. Llegó a olvidarse el Espíritu Santo, en parte por éso, porque la piedad católica le atribuía cada vez más y más a la Virgen María obras del Espíritu Santo.

Y resulta que precisamente este texto, capítulo cuarto de los Gálatas, nos muestra cómo hay una diferencia infinita, -como tiene que haberla-, entre la Criatura y el Creador, una diferencia infinita entre Ella, María, la Mujer, y Él, el Espíritu, que hace hijos de Dios allí donde habita, y que da ? a la Ley en aquellos que le reciben.

¿Pero, hay algo que se pueda decir en positivo, por así decirlo? ¡Sí! Sí se puede decir. Porque, si la Santísima Virgen María no puede dar el Espíritu, si no es Ella la que puede engendrar los hijos que sólo engendra la gracia del Espíritu Santo en los corazones, su pasividad, -palabra fastidiosa para nuestro tiempo-, es su grandeza.

Bueno, decirle a alguien que es pasivo es poco menos que un insulto. Pasivo es como vecino de muerto, lerdo, como insensible, como inútil.

El sentido de pasivo aquí, no es ése. Pasivo viene de una palabra que significa, "recibir una acción", "patior", de donde se origina también paciencia, Pasión de Cristo, pasiones en el corazón humano, etc. .

"Patior" es el verbo que significa, "padecer", es decir, recibir. Hay que mirar al verbo "patior" en contraste con el verbo "ago", de donde viene, "actum", activo.

"Ago", el verbo "ago", en latín, es el verbo en el que la acción sale de mí. "Patior" es el verbo en el que la acción llega a mí.

La grandeza de María no está en el "ago" sino en el "patior". La grandeza de María no es tanto lo que Ella hace, sino lo que sucede en Ella.

Prácticamente lo que hemos dicho en esta meditación, es comentar todo lo que Ella no es y todo lo que Ella no hace. ¡Sí! Pero, que suceda en Ella, que por decirlo así, Ella permita que suceda en Ella, éso es lo grande.

¡Éso es lo grande! Hay una manera un poco más bella de hablar de esto con la palabra disponible, disponibilidad. Es la disponibilidad a Dios, es la acción de Dios y la pasión en María, es decir, el padecer, el dejar obrar, es ésa la grandeza y la belleza de María.

Porque, precisamente, el pecado de nuestros primeros padres fue no dejarse hacer. ¡No dejarse hacer! Ellos quisieron escoger su camino. La grandeza de la Virgen está en dejarse hacer.

Ahora no nos queda sino por resolver un último problema. De todas maneras, "dejarse hacer", a uno le suena a pasivo en el sentido pobre de la palabra.

El "dejarme hacer", ¿qué quiere decir? ¿Que ya me desintereso de las cosas? "Dejarme hacer", quiere decir, ¿que yo no pongo de mi parte?

A mí me parece que "dejarse hacer" tal vez sólo lo comprenden plenamente los santos. Pero, como ése es el propósito, que avancemos hasta allá, digamos por lo menos esto: hay un acto positivo en mí. "Dejarme hacer" no es suprimir mis actos.

Esta es como la postura del budismo, entre otras cosas. "Dejarme hacer" en el budismo, es suprimir, quitar, que yo no sienta, que yo no piense, que yo no hable, que yo me disuelva en el destino, en el fatum, en el nirvana, lo que sea. Ése no es el "dejarse hacer" cristiano.

Hay un acto positivo, hay un sí de mi voluntad. Si yo no tuviera voluntad, "dejarme hacer" sería dejar de actuar. Pero, como tengo voluntad, "dejarme hacer" es decir sí a la voluntad de Dios.

En otras palabras, es decirle sí al pensamiento de Dios, sí al amor de Dios, sí a las obras de Dios, sí a la Palabra de Dios, volver mi mirada en la fe hacia Dios y decirle sí.

De este modo, la existencia humana se convierte en una sucesión de sí'es: decir sí, y otra vez sí, y otra vez sí. Porque no estoy completamente hecho, nunca doy el último sí.

El que dice que "dejarse hacer" es dejar de actuar, cree que basta decirlo una vez. "Pero, yo me voy a dejar hacer; entonces me desintereso": ése no ha entendido de qué se trata, porque ése cree que basta un sí.

Mas, como nosotros somos nacidos de mujer y estamos condicionados al tiempo, el "dejarse hacer" supone decir sí, y otra vez sí y otra vez sí. Que cada acto, que cada momento de mi vida, que cada día de mi vida sea otro sí, y otro sí.

Y eso es lo que nos encontramos precisamente en María. Fíjate cómo es pasivo en el sentido de que deja obrar a Dios, pero no es pasivo en el sentido de que Ella se desinterese o no se implique.

Al contrario, esta pasividad se pone en la más completa implicación. Supone que todo mi día, que todo lo que yo soy se implica, todo se entrega, todo se ofrece.

Este sí continuo en María tiene una dimensión de grandeza que sólo puede venir de la acción del Espíritu Santo. Decir sí continuamente, es como pensar antes de pensar, como hablar antes de hablar.

Imagínate una persona que quiere ser así como María, y quiere decir continuamente ese sí. Esto significa que cada pensamiento, antes de que exista, yo quiero que sea para Dios; cada sentimiento, antes de que exista, yo quiero que le guste a Dios; cada obra, antes de empezarla, yo quiero que sea de Él.

Vivir en el continuo y perpetuo sí, es vivir como una anticipación. A mí me parece que esta perpetua anticipación del Corazón de la Virgen María, es lo que se ha llamado la prudencia. Ella es llamada en las Letanías Lauretanas, Virgen Prudentísima.

La infinita, la excelsa prudencia de la Virgen, ese sí anticipado a todo, es la prudencia sobrenatural, que es probablemente de los dones más hermosos que le dio el Espíritu Santo a Ella.

Ese es un don del Espíritu Santo, eso no lo puede solo nuestro corazón. Es un sí perpetuo, es como que todo antes de que exista en la realidad, ya en mi corazón existe para Dios.

Una persona que vive así, tiene la gracia de no pecar: es impecable. Porque, el pecado llega cuando decidiendo obrar bien, obro mal. Si cada acto antes de suceder en la realidad, ya está en mi corazón anticipadamente para Dios, es imposible que suceda el pecado.

Por esto, la absoluta donación de la Virgen, hace que Ella desaparezca de los escritos de San Pablo, hace que Ella sea llamada así, simplemente Mujer, ni siquiera por su nombre.

La absoluta donación de la Virgen, que hace que Ella aparezca casi como una serie de negaciones, imagen de la finitud, la que no puede, la que no hace, esa humillación absoluta de la Virgen, es al mismo tiempo el testimonio de su perpetuo sí, y a su vez nos enseña la anticipación continua de la gracia en Ella.

Esta anticipación continua de la gracia, es lo que nosotros afirmamos cuando decimos que Ella es Inmaculada y que Ella es impecable, que es imposible el pecado en Ella.

De manera que en este texto tan elemental, -bueno, elemental no es-, tan breve, apenas sugerido, apenas mencionado, en este texto está el misterio de una Mujer que por decirlo así, desaparece Ella y aparece todo Dios.

Pero, si aparece todo Dios en mi vida, ¡qué grande mi vida! Si aparece todo Dios y sólo Dios en Ella, ¡qué hermosa Ella, qué santa Ella!

Vamos a unirnos a la sucesión de sí'es de la Virgen María. Vamos a unirnos a su Corazón que no tiene más amor que el amor de Dios.

Vamos a unirnos a su fe, a su esperanza y a su amor, para que Dios obre plenamente en nosotros, para que Cristo nazca en nuestras vidas, para que el don del Espíritu Santo complete su obra de salvación y glorificación en nuestro universo.

Amén.