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Es decir que el tiempo pascual está marcado por un ascenso y un descenso: el ascenso de cristo, verdadero Dios y Hombre, que penetra en los cielos; y el descenso del Espíritu, tercera Persona de la Santísima Trinidad, por supuesto, Dios verdadero como el Padre y como el Hijo, que llega  a nosotros. Podemos decir que el Resucitado rompe la barrera y entra en los cielos. Podemos decir que el Espíritu Santo rompe esta otra barrera, la barrera de nuestros corazones, y entra en lo que era nuestro sepulcro.
 
Es decir que el tiempo pascual está marcado por un ascenso y un descenso: el ascenso de cristo, verdadero Dios y Hombre, que penetra en los cielos; y el descenso del Espíritu, tercera Persona de la Santísima Trinidad, por supuesto, Dios verdadero como el Padre y como el Hijo, que llega  a nosotros. Podemos decir que el Resucitado rompe la barrera y entra en los cielos. Podemos decir que el Espíritu Santo rompe esta otra barrera, la barrera de nuestros corazones, y entra en lo que era nuestro sepulcro.
  
Recordamos, seguramente, aquellas palabras del profeta Ezequiel cuando dijo: "Yo mismo abriré vuestros sepulcros y os voy a sacar de vuestros sepulcros" [[:Category:Ezequiel 037_012|Ezequiel 37,12]], indicando así que el pueblo elegido, y en realidad toda la humanidad, se encontraba en estado de muerte. Muerte es lo que tenemos cuando estamos lejos de Dios.
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Recordamos, seguramente, aquellas palabras del profeta Ezequiel cuando dijo: "Yo mismo abriré vuestros sepulcros y os voy a sacar de vuestros sepulcros" [[:Categoría:Ezequiel 037_012|Ezequiel 37,12]], indicando así que el pueblo elegido, y en realidad toda la humanidad, se encontraba en estado de muerte. Muerte es lo que tenemos cuando estamos lejos de Dios.
  
Eso también explica el tono de las palabras de Pedro, cuando en el día de Pentecostés dice a la gente que le escucha: "Escapad de esta generación perversa" [[:Category:Hechos 002_040|Hechos de los Apóstoles 2,40]].  
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Eso también explica el tono de las palabras de Pedro, cuando en el día de Pentecostés dice a la gente que le escucha: "Escapad de esta generación perversa" [[:Categoría:Hechos 002_040|Hechos de los Apóstoles 2,40]].  
  
De tal modo les habló Pedro, de tal modo les contó la gravedad del pecado que finalmente tuvo como consecuencia la muerte de Cristo, que la misma gente le preguntó a Pedro: "Entonces ¿qué tenemos que hacer?" [[:Category:Hechos 002_037|Hechos de los Apóstoles 2,37]], y Pedro respondió: "Que cada uno se convierta y que cada uno se bautice  en el nombre del Señor Jesús" [[:Category:Hechos 002_038|Hechos de los Apóstoles 2,38]]. Y eso fue lo que hicieron por lo menos tres mil personas en aquel día.
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De tal modo les habló Pedro, de tal modo les contó la gravedad del pecado que finalmente tuvo como consecuencia la muerte de Cristo, que la misma gente le preguntó a Pedro: "Entonces ¿qué tenemos que hacer?" [[:Categoría:Hechos 002_037|Hechos de los Apóstoles 2,37]], y Pedro respondió: "Que cada uno se convierta y que cada uno se bautice  en el nombre del Señor Jesús" [[:Categoría:Hechos 002_038|Hechos de los Apóstoles 2,38]]. Y eso fue lo que hicieron por lo menos tres mil personas en aquel día.
  
 
Y nosotros que ya hemos sido bautizados, la gran mayoría de nosotros,¿ qué tenemos que hacer? Pues la primera parte de la respuesta de Pedro sigue siendo válida para nosotros: tenemos que volver al comienzo del Evangelio, tenemos que volver al comienzo de la Cuaresma, tenemos que volver al comienzo de nuestra fe, tenemos que aplicarnos esa palabra grande que es: conversión, es decir: "Voy a recibir en serio el mensaje de Dios, voy a recibir en serio su amor, voy a recibir en serio su palabra.
 
Y nosotros que ya hemos sido bautizados, la gran mayoría de nosotros,¿ qué tenemos que hacer? Pues la primera parte de la respuesta de Pedro sigue siendo válida para nosotros: tenemos que volver al comienzo del Evangelio, tenemos que volver al comienzo de la Cuaresma, tenemos que volver al comienzo de nuestra fe, tenemos que aplicarnos esa palabra grande que es: conversión, es decir: "Voy a recibir en serio el mensaje de Dios, voy a recibir en serio su amor, voy a recibir en serio su palabra.
  
Esto es necesario que suceda en cada uno de nosotros, por eso Pedro dice: "Que cada uno se convierta y que cada uno se bautice en el nombre de Jesucristo" [[:Category:Hechos 002_038|Hechos de los Apóstoles 2,38]].  
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Esto es necesario que suceda en cada uno de nosotros, por eso Pedro dice: "Que cada uno se convierta y que cada uno se bautice en el nombre de Jesucristo" [[:Categoría:Hechos 002_038|Hechos de los Apóstoles 2,38]].  
  
 
Es decir, el amor de Dios no es un dato que queda así, en general y abstracto; el amor de Dios es algo que tiene que tocar tu vida, cada uno delos rincones de tu existencia.
 
Es decir, el amor de Dios no es un dato que queda así, en general y abstracto; el amor de Dios es algo que tiene que tocar tu vida, cada uno delos rincones de tu existencia.
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Revisión actual del 16:20 6 dic 2011

Fecha: 20110423

Título: El fruto que podemos sacar de la Pascua es el encuentro personal con el Resucitado

Original en audio: 4 min. 23 seg.


Durante la Octava de Pascua, la primera lectura de la Misa está siempre tomada del capítulo segundo de los Hechos de los Apóstoles. Y este capítulo segundo, en su mayor parte, contiene el discurso de Pedro el día de Pentecostés.

De hecho, con la solemnidad de la Pascua, que fue anteayer, iniciamos lo que se llama el "tiempo pascual". Ese tiempo va desde la solemnidad de la Pascua hasta la solemnidad de Pentecostés. Y hay algo muy interesante que debe quedarnos claro: la Pascua nos está contando cómo Cristo asciende victorioso del sepulcro, y Pentecostés nos cuenta cómo el Espíritu desciende compasivo a nuestros corazones.

Es decir que el tiempo pascual está marcado por un ascenso y un descenso: el ascenso de cristo, verdadero Dios y Hombre, que penetra en los cielos; y el descenso del Espíritu, tercera Persona de la Santísima Trinidad, por supuesto, Dios verdadero como el Padre y como el Hijo, que llega a nosotros. Podemos decir que el Resucitado rompe la barrera y entra en los cielos. Podemos decir que el Espíritu Santo rompe esta otra barrera, la barrera de nuestros corazones, y entra en lo que era nuestro sepulcro.

Recordamos, seguramente, aquellas palabras del profeta Ezequiel cuando dijo: "Yo mismo abriré vuestros sepulcros y os voy a sacar de vuestros sepulcros" Ezequiel 37,12, indicando así que el pueblo elegido, y en realidad toda la humanidad, se encontraba en estado de muerte. Muerte es lo que tenemos cuando estamos lejos de Dios.

Eso también explica el tono de las palabras de Pedro, cuando en el día de Pentecostés dice a la gente que le escucha: "Escapad de esta generación perversa" Hechos de los Apóstoles 2,40.

De tal modo les habló Pedro, de tal modo les contó la gravedad del pecado que finalmente tuvo como consecuencia la muerte de Cristo, que la misma gente le preguntó a Pedro: "Entonces ¿qué tenemos que hacer?" Hechos de los Apóstoles 2,37, y Pedro respondió: "Que cada uno se convierta y que cada uno se bautice en el nombre del Señor Jesús" Hechos de los Apóstoles 2,38. Y eso fue lo que hicieron por lo menos tres mil personas en aquel día.

Y nosotros que ya hemos sido bautizados, la gran mayoría de nosotros,¿ qué tenemos que hacer? Pues la primera parte de la respuesta de Pedro sigue siendo válida para nosotros: tenemos que volver al comienzo del Evangelio, tenemos que volver al comienzo de la Cuaresma, tenemos que volver al comienzo de nuestra fe, tenemos que aplicarnos esa palabra grande que es: conversión, es decir: "Voy a recibir en serio el mensaje de Dios, voy a recibir en serio su amor, voy a recibir en serio su palabra.

Esto es necesario que suceda en cada uno de nosotros, por eso Pedro dice: "Que cada uno se convierta y que cada uno se bautice en el nombre de Jesucristo" Hechos de los Apóstoles 2,38.

Es decir, el amor de Dios no es un dato que queda así, en general y abstracto; el amor de Dios es algo que tiene que tocar tu vida, cada uno delos rincones de tu existencia.

Así como la persona de Cristo transformó la vida de aquella mujer que había estado poseída por siete demonios, María Magdalena, ella es la que aparece en el evangelio de hoy, y Jesús la llama por su propio nombre en el evangelio de hoy, y ella reconoce al Resucitado y reconoce en ese Cristo la razón de ser de su esperanza.

Es un encuentro personal con el Resucitado, eso también necesitamos. Cada uno tiene que tener un encuentro personal con la fuerza vivificante del Evangelio, con el amor transformante de Cristo, con el don poderoso del Espíritu Santo.