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Pensemos qué es lo que nos quiere enseñar Dios con esa acción. Es un hombre misterioso, un hombre del cielo que llega a medir Jerusalén.
 
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Va a tomar entonces posesión de la ciudad, porque ya hemos dicho que medir es sinónimo de tomar posesión, ¿pero qué sucede detrás de ese hombre que va a tomar posesión? Hay una voz, que es la voz de un ángel, que dice: "Corre y di a aquél joven: "Jerusalén va a ser ciudad abierta por la multitud de hombres y ganados que hay dentro de ella" [[:Category:Zacarías 002_008|Zacarías 2,8]].  
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Va a tomar entonces posesión de la ciudad, porque ya hemos dicho que medir es sinónimo de tomar posesión, ¿pero qué sucede detrás de ese hombre que va a tomar posesión? Hay una voz, que es la voz de un ángel, que dice: "Corre y di a aquél joven: "Jerusalén va a ser ciudad abierta por la multitud de hombres y ganados que hay dentro de ella" [[:Categoría:Zacarías 002_008|Zacarías 2,8]].  
  
 
Esta Jerusalén abierta nos está diciendo dos cosas: primera, que Dios no va a tomar posesión de un pedacito de la tierra, sino de toda la tierra, Dios va a ser Señor de todos los pueblos. La multitud de hombres y ganados que van a llegar a Jerusalén, está indicando que ese plan original que Dios quiso para la tierra cuando la hizo sin fronteras, ese plan original lo va a cumplir Dios y lo va a cumplir precisamente a través de Jerusalén.  
 
Esta Jerusalén abierta nos está diciendo dos cosas: primera, que Dios no va a tomar posesión de un pedacito de la tierra, sino de toda la tierra, Dios va a ser Señor de todos los pueblos. La multitud de hombres y ganados que van a llegar a Jerusalén, está indicando que ese plan original que Dios quiso para la tierra cuando la hizo sin fronteras, ese plan original lo va a cumplir Dios y lo va a cumplir precisamente a través de Jerusalén.  
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Eso parece que no se realiza ni aquí en Cali, ni en Bogotá ni en Barranquilla, ni en Nueva York York ni en Madrid ni en ninguna parte. Eso no se termina de realizar en ninguna ciudad de esta tierra, pero están los indicativos, están los luceros que son los santos y está sobre todo la santa, la maravillosa, la bellísima Virgen María que es como la Jerusalén del cielo.  
 
Eso parece que no se realiza ni aquí en Cali, ni en Bogotá ni en Barranquilla, ni en Nueva York York ni en Madrid ni en ninguna parte. Eso no se termina de realizar en ninguna ciudad de esta tierra, pero están los indicativos, están los luceros que son los santos y está sobre todo la santa, la maravillosa, la bellísima Virgen María que es como la Jerusalén del cielo.  
  
Cuando los peregrinos judíos iban hacia Jerusalén, por ejemplo para la fiesta de la pascua, ellos iban haciendo sus jornadas largas, a pie desde luego, cuando ya llegaban a un cierto alto en el camino, donde se veía a lo lejos Jerusalén, empezaban a cantar los salmos, algunos de esos salmos han quedado en la Biblia, por ejemplo ese que todos conocemos, "que alegría cuando me dijeron, vamos a la casa del Señor" [[:Category:Salmo 121_001|Salmo 121,1]].
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Cuando los peregrinos judíos iban hacia Jerusalén, por ejemplo para la fiesta de la pascua, ellos iban haciendo sus jornadas largas, a pie desde luego, cuando ya llegaban a un cierto alto en el camino, donde se veía a lo lejos Jerusalén, empezaban a cantar los salmos, algunos de esos salmos han quedado en la Biblia, por ejemplo ese que todos conocemos, "que alegría cuando me dijeron, vamos a la casa del Señor" [[:Categoría:Salmo 121_001|Salmo 121,1]].
 
   
 
   
 
Entonces los peregrinos cansados del camino, mirando ya a Jerusalén se animaban, así también nosotros los cristianos, que a veces nos cuesta tanto trabajo, que a veces nos deprimimos, que a veces nos frustramos, que a veces nos desengañamos del ser humano, que a veces nos desengañamos de nosotros mismos.  
 
Entonces los peregrinos cansados del camino, mirando ya a Jerusalén se animaban, así también nosotros los cristianos, que a veces nos cuesta tanto trabajo, que a veces nos deprimimos, que a veces nos frustramos, que a veces nos desengañamos del ser humano, que a veces nos desengañamos de nosotros mismos.  
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Revisión actual del 16:03 6 dic 2011

Fecha: 19981121

Título: Alegremonos en la festividad de la Virgen, y que la gracia de Dios nos ayude a decir si, siempre si, a su amor, a su poder, a su sabiduria

Original en audio: 19 min. 6 seg.


En la Biblia la acción de medir, medir con el cordel, es la acción para tomar posesión de una determinada tierra.

La tierra como Dios la hizo no tiene fronteras, las fronteras las hemos hecho nosotros los seres humanos.

Esta mañana estaba viendo en la televisión unas imágenes de la tierra como se ve desde el espacio y una de las cosas que le llama a uno la atención es que los nombres no están, el mapa no tiene diferencia de colores ni aparecen fronteras algunas.

Dios hizo la tierra así abierta, pero nosotros, para tomar posesión de esa tierra, delimitamos los linderos y para eso se utiliza el cordel, de manera pues que esa acción de medir con el cordel es la acción de tomar posesión.

La primera lectura nos presenta, en el profeta Zacarías, a un ser misterioso, un ser extraño, un hombre que en una determinada visión va a medir con el cordel a Jerusalén, es decir, va a tomar posesión de Jerusalén. El libro del profeta Zacarías en la Biblia, es uno de los libros que tiene mayor número de visiones, son como gracias especiales que Dios le concedió a este profeta, con las cuales quería darle enseñanzas muy profundas a él y después a quienes les leemos sus escritos.

Pensemos qué es lo que nos quiere enseñar Dios con esa acción. Es un hombre misterioso, un hombre del cielo que llega a medir Jerusalén.

Va a tomar entonces posesión de la ciudad, porque ya hemos dicho que medir es sinónimo de tomar posesión, ¿pero qué sucede detrás de ese hombre que va a tomar posesión? Hay una voz, que es la voz de un ángel, que dice: "Corre y di a aquél joven: "Jerusalén va a ser ciudad abierta por la multitud de hombres y ganados que hay dentro de ella" Zacarías 2,8.

Esta Jerusalén abierta nos está diciendo dos cosas: primera, que Dios no va a tomar posesión de un pedacito de la tierra, sino de toda la tierra, Dios va a ser Señor de todos los pueblos. La multitud de hombres y ganados que van a llegar a Jerusalén, está indicando que ese plan original que Dios quiso para la tierra cuando la hizo sin fronteras, ese plan original lo va a cumplir Dios y lo va a cumplir precisamente a través de Jerusalén.

Jerusalén va a ser como una ciudad en la que se van a congregar todos los pueblos, porque efectivamente, el mensaje de salvación que Dios nos trae no es solamente para el pueblo judío, sino es para todas las razas de la tierra.

Y mire usted cómo las distintas razas, culturas y pueblos, a través de los siglos, vamos llegando a esa especie de Jerusalén del cielo, vamos llegando a Jerusalén cuando aceptamos la palabra de salvación que El nos ofrece, cuando acogemos la ciudadanía celestial.

Precisamente el bautismo que nosotros tenemos está indicando nuestra pertenencia a esa Jerusalén celestial y por eso, la primera enseñanza que tiene esta ciudad, que se vuelve inmensa, es que el mensaje de salvación que Dios nos trae es para todos los pueblos.

Jerusalén será ciudad abierta, pero por otra parte esta acción de medir sigue indicando que Dios toma posesión, que Dios realmente va a poseer ese pueblo nuevo, a esa ciudad nueva. Todas esas razas y naciones que van a llegar ahí y esa parte sí no la vemos, porque no es fácil ver a Dios reinando, ¿a dónde vemos que se realice real y completamente la voluntad de Dios?

Si nosotros recorremos nuestras ciudades, nuestras familias, nuestros pueblos, nos encontramos muchas cosas que no le gustan a Dios, entonces nos preguntamos ¿en dónde Dios ha tomado posesión, en dónde Dios realmente se ha apropiado de ese pueblo, de esa ciudad, de esa raza? Así como cuando una persona dice: "Esta es mi casa y yo dejo entrar a mi casa sólo los que yo quiera", ¿en dónde nos encontramos a Dios así reinando?

Gracias a Dios hay una respuesta para esta pregunta. Los santos son esa tierra donde Dios reina, los santos, los bienaventurados, aquellos que han realizado la voluntad de Dios en su vida, son como señales de esa Jerusalén, son señales de esa voluntad de Dios que un día se va a cumplir universalmente, se va a cumplir en todas partes.

Así como cuando esos barcos de la antigüedad iban en medio del mar y de la noche, con sólo mirar unas pocas estrellas se podían orientar, así también nosotros en esta vida, mirando unas cuantas estrellas, mirando unas cuantas luces, nos podemos orientar.

Fíjate que cuando ese barco va de noche, casi todo es obscuro, pero bastan unas lucecitas, unas pocas lucecitas, unos luceros parpadeantes para poder reconocer el camino y Dios nos ha dado esos luceros en medio de la noche. Que sí, que casi todo el mundo roba, que muchas personas fornican, que muchos insultan, que otros maldicen, que hay mucha noche, pero no podemos, por maldecir la noche, dejar de mirar las estrellas, no podemos renegar tanto de lo oscuro de la noche, que dejemos de mirar esos luceros que Dios nos ha dado.

Entonces, esas lucecitas que Dios nos ha dejado, que son los santos, nos van mostrando el camino, así haya mucha noche en nuestro corazón.

Con razón la Iglesia aplica esas lecturas a la Santísima Virgen María, porque ese tomar posesión de la ciudad, y ese convertirse en una señal que orienta, que indica los que vamos en el mar de la vida, eso es precisamente lo que hace la Virgen en nuestra existencia, eso es lo que es la Virgen María en nosotros.

Por eso muchos autores espirituales y místicos han comparado a la Santísima Virgen con una Jerusalén en la que Dios ya reina. Este joven del que nos habla la profecía de Zacarías estaba midiendo Jerusalén para tomar posesión de ella en nombre de Dios, creemos nosotros. Pues bien, eso no se pudo realizar en la Jerusalén de esta tierra que resultó pecadora, que resultó traidora al mensaje de Dios.

Eso parece que no se realiza ni aquí en Cali, ni en Bogotá ni en Barranquilla, ni en Nueva York York ni en Madrid ni en ninguna parte. Eso no se termina de realizar en ninguna ciudad de esta tierra, pero están los indicativos, están los luceros que son los santos y está sobre todo la santa, la maravillosa, la bellísima Virgen María que es como la Jerusalén del cielo.

Cuando los peregrinos judíos iban hacia Jerusalén, por ejemplo para la fiesta de la pascua, ellos iban haciendo sus jornadas largas, a pie desde luego, cuando ya llegaban a un cierto alto en el camino, donde se veía a lo lejos Jerusalén, empezaban a cantar los salmos, algunos de esos salmos han quedado en la Biblia, por ejemplo ese que todos conocemos, "que alegría cuando me dijeron, vamos a la casa del Señor" Salmo 121,1.

Entonces los peregrinos cansados del camino, mirando ya a Jerusalén se animaban, así también nosotros los cristianos, que a veces nos cuesta tanto trabajo, que a veces nos deprimimos, que a veces nos frustramos, que a veces nos desengañamos del ser humano, que a veces nos desengañamos de nosotros mismos.

Nosotros como esos peregrinos necesitamos ver una Jerusalén luminosa y bella que nos anime en la esperanza, que nos mueva a caminar en este último trayecto que nos hace falta y eso es lo que hace la Virgen María en nuestra vida.

María Santísima es una Jerusalén hermosa, que cuando nosotros la miramos y la sabemos descubrir, si la podemos ver aunque sea de lejos, ya con nuestros cánticos y con nuestro gozo, nos vamos a animar porque vamos a descubrir, vamos a entender que el plan de Dios, sí se puede realizar en nuestra vida, que sí es posible, que hace muchísimo bien al corazón, le trae muchísimo bien al alma mirar a la Santísima Virgen María.

Yo les quiero contar, para terminar estas palabras, una anécdota de mi vida. Yo soy hermano del doctor aquí presente, pero no nací con hábito, yo no nací programado para sacerdote, ni de niño estaba interesado en ser sacerdote. A mí me atrajo hacia Dios y me atrajo hacia el sacerdocio la Virgen María.

De maneras muy concretas, les podría contar muchas historias a ustedes, para gloria de Dios y para honra de la Virgen, pero de todo lo que les quisiera contar, hay sobretodo una anécdota que para mí tiene mucho que ver con esta fiesta de la presentación de la Virgen.

Yo había sentido un fuerte llamado hacia el sacerdocio, hacia los quince años de edad, estaba en quinto de bachillerato, pero cuando terminé el bachillerato estaba muy joven para entrar a ningún seminario y por consiguiente, las opciones que parecían mas próximas era hacer algo de estudios universitarios, y por consiguiente entré a estudiar a la universidad y de acuerdo con mis inclinaciones, entré a estudiar Física a la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá.

Estando allá, esto sucedió a partir del primer semestre del año de 1982, empezó a suceder en mi corazón algo que terminó cambiándome la vida. A mí me iba muy bien en el estudio, gracias a Dios, el Señor ha sido muy generoso con todos nosotros en la casa, ha sido muy bueno y, pues, tengo que decirlo a nombre propio, ha sido infinito en su misericordia conmigo.

Entonces a mi me empezó a pasar que yo salía de clase, usualmente me iba muy bien en el estudio, gloria a Dios, y entraba a mi corazón como un viento, como una inspiración, como una luz, un deseo extraño, incomprensible para mí, el deseo de ver a la Virgen María.

Estaba tan apasionado por mi carrera, amaba tantísimo a mi carrera en la que me iba muy bien, estaba becado, había promesas, había proyectos de becas, de estudios en el exterior, especializaciones, que sé yo, en Alemania, lo que hubiera sido, estaba tan profundamente prendado, enamorado de mi carrera, que yo miraba como ejemplo de mi vida a aquellos científicos que se habían dedicado completamente a su ciencia.

En la historia de la humanidad hay muchos científicos que se dedicaron tanto a su ciencia, que por ejemplo no hicieron un hogar o algo así, porque estaban como se dice vulgarmente “clavados“ en sus estudios, en sus cosas.

Y como el Señor me había regalado inteligencia y me iba tan bien en el estudio, pues yo estaba prendado de esos estudios y eso ocupaba en cierto sentido el primer lugar en mi vida.

Entonces a los quince años un llamado al sacerdocio, y después de eso entro a estudiar Física en la universidad y después de eso esto que les cuento, un extraño deseo de ver a la Virgen María, yo no estaba pidiendo ni que se me apareciera ni que yo soñara con Ella, yo no sabía que era lo que estaba pidiendo, pero había algo en mi corazón que requería que yo me encontrara con la Virgen María.

Pues estaba yo tan profundamente convencido en mi carrera, que estaba pensando incluso que eso era lo yo que iba a ser en la vida, que me iba a dedicar a mi carrera, que iba a acabar eso y punto, esa era mi opción y se me permite una expresión coloquial esa era como mi novia, o como mi esposa, o como mi familia o como mi todo, en cierto sentido.

Pues bien, cuando empezó esto de la Virgen María, empezó a sucederme un fenómeno en mi corazón y es que empecé a sentir un atractivo inmenso por la fe, por la oración, por el amor a Dios, era un llamado tan grande, tan grande, que en últimas vino a resultar que yo dejé esa carrera y volví a la opción que había pensado al principio, es decir, volví a la idea del sacerdocio.

Ustedes se imaginarán las dificultades perfectamente comprensibles que hubo que vencer, evidentemente, a mi familia no le pareció, en ese momento lo más gracioso, que yo dejara unos estudios en los que me iba muy bien.

Cuando pasó el tiempo, yo me dejé guiar con el corazón, sabía que había gente que estaba sufriendo un poco o mucho en mi casa, mi mamá sufrió demasiado, para las mamás no es fácil, evidentemente no es fácil, pero me dejé guiar por el corazón y el corazón indudablemente tendía hacia el servicio de Dios, hacia la predicación, hacia el sacerdocio, y aquí estoy gracias a Dios.

Pasó el tiempo y me puse a pensar qué sentido tenía eso, es decir, por qué yo, si estaba muy bien estudiando Física y estaba aprendiendo la ciencia sobre el universo, por qué yo terminé saliéndome de ahí por unas ideas de ver a la Virgen, y desde luego pues ahí no hubo ninguna visión ni cosa parecida, y de hecho me salí de la carrera y de hecho sí estoy aquí.

Muchos años después vine a comprender lo que había sucedido, que tiene mucho que ver con la Jerusalén del cielo, con la presentación de la Virgen y con amar, amar, hay que amar mucho, mirar mucho a la Virgen.

Entendí esto, que cuando yo estaba estudiando Física yo no quería hacer dinero, tampoco me interesaba la tecnología, me movía una especie de amor filosófico, podríamos decir, algo así como comprender los mecanismos, los engranajes, cómo era el universo, cómo funcionaba el universo.

Y ahora caigo en cuenta que lo más maravilloso que me ha podido pasar, es que yo sintiera ese deseo de ver a la Virgen, que en el fondo era lógico, porque es que el mundo que nosotros vemos, al cual tampoco podemos negarnos, pero este mundo que nosotros vemos no es el mundo que Dios quiso hacer, este mundo donde hay para unos y no para otros, este mundo donde la crueldad, donde la mentira, tienen tanto espacio, este mundo que tiene que presenciar tantas cosas tan contrarias a Dios, eso no fue lo que Dios pensó.

Entonces yo estaba buscando cómo era el mundo y Dios quiso contarme cómo era el mundo cómo Él lo había pensado, yo estaba buscando cómo se explicaba el mundo y lo buscaba a través de la ciencia, de la matemática y de la Física, me sigue gustando la Física y me sigue gustando la Matemática, me sigue gustando la ciencia.

Pero ahora entiendo que si uno quiere comprender el secreto último del mundo, uno le tiene que preguntarle al que hizo el mundo, y ese que hizo el mundo dejó una imagen bellísima de cómo es su idea de mundo, lo dejó en una hermosa mujer, en una santa mujer, bondadosa mujer, piadosa mujer que se llama la Virgen María.

O sea que ahora entiendo por qué es lógico, que yo que estaba estudiando ciencia para comprender el mundo, recibí sin darme cuenta el regalo de Dios, de que Él me dijera a través de esas intuiciones en el alma, "mira, si quieres comprender el mundo, vuelve tus ojos hacia la Virgen, ese es el mundo como yo lo he pensado, ese es el mundo que me ha dicho sí.

Porque hay un mundo que me ha dicho no, pero hay un mundo que me ha dicho sí, y ese mundo que me ha dicho sí, esa que es la Ciudad que remplaza a todas las ciudades, Ella sola es un país que remplaza a todos los países, ella sola es como una tierra fecunda que remplaza toda la tierra, Ella es la Virgen Maria".

Alegrémonos en esta festividad de la Virgen, somos débiles, pero nuestra debilidad tiene remedio en la gracia de Dios; somos débiles, pero nuestros ojos todavía alcanzan a ver la belleza de la Virgen y si nosotros volvemos nuestra mirada hacia Ella y nos fiamos en el amor que la hizo santa a Ella, ese mismo amor puede hacernos santos a nosotros.

Que del ejemplo y la intercesión de Ella, recibamos el poder decir sí, porque esta de hoy, la de la Presentación, es la fiesta del sí de María, que es la humanidad volviéndose hacia Dios y aceptando el plan de Dios.

Que haya alegría en nuestro corazón en esta fiesta, en esta fiesta bella, y que la gracia de Dios nos ayude a decir sí, siempre sí, a su amor, a su poder, a su sabiduría.

Amén.